Un análisis respaldado por la NASA calcula que las marismas situadas entre Texas y Maine transfieren al océano unas 660.000 toneladas de carbono cada año
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
Los humedales y las marismas costeras de Estados Unidos comprendidos entre Texas y Maine liberan al océano más de 660.000 toneladas métricas de carbono al año debido a la erosión, según una investigación respaldada por la NASA. El estudio reconstruyó la pérdida de estos ecosistemas a lo largo de las costas del golfo de México y del Atlántico entre 1985 y 2022.
Los investigadores combinaron imágenes de los satélites Landsat con mediciones de elevación obtenidas mediante tecnología lidar del Servicio Geológico de Estados Unidos. Esta integración permitió identificar dónde desaparecieron las marismas, estimar el carbono desplazado y distinguir parcialmente ese proceso de la formación de nuevos humedales.
La pérdida neta alcanza unas 380.000 toneladas anuales
Las plantas y los suelos saturados de las marismas acumulan materia orgánica durante periodos prolongados. Cuando la costa retrocede, parte de ese depósito es removido y transportado hacia estuarios y aguas oceánicas, modificando la distribución del carbono entre la tierra y el mar.
El flujo bruto calculado por el estudio supera los 1.450 millones de libras anuales, equivalentes a unas 660.000 toneladas métricas. El crecimiento de nuevas superficies de marisma compensa una parte de esa cantidad, pero el balance permanece en terreno negativo: la pérdida neta se aproxima a 800 millones de libras, alrededor de 380.000 toneladas de carbono cada año.
La diferencia entre flujo bruto y pérdida neta resulta esencial para interpretar los datos. El carbono erosionado no debe considerarse automáticamente una emisión directa de dióxido de carbono a la atmósfera. La mayor parte entra primero en el océano, donde su destino dependerá del transporte, el enterramiento en sedimentos y la actividad de los organismos que procesan la materia orgánica.
El delta del Misisipi concentra la mayor transferencia
La erosión no avanzó con la misma intensidad en todas las costas estudiadas. El delta del río Misisipi, que contiene la mayor extensión de marismas del país, desplazó más carbono costero que todo el litoral oriental estadounidense incluido en el análisis.
Los registros mostraron aumentos de la pérdida de terreno en el delta después del huracán Katrina, ocurrido en 2005, y del huracán Ida, registrado en 2021. Ambos sistemas arrancaron vegetación y sumergieron amplias superficies costeras, dejando una señal que pudo seguirse mediante observaciones sucesivas desde el espacio.
Este resultado complementa otros análisis sobre el efecto del aumento del nivel del mar sobre el almacenamiento costero de carbono. Una subida moderada puede favorecer la acumulación de sedimentos en ciertos lugares, pero una erosión demasiado rápida puede impedir que las marismas conserven su extensión y sus reservas orgánicas.
Landsat permite reconstruir casi cuatro décadas de cambios
La continuidad del programa Landsat permitió comparar la posición y la cobertura de las marismas durante 37 años. Los datos lidar añadieron información sobre la altura del terreno, una variable necesaria para diferenciar zonas emergidas, superficies inundadas y cambios producidos en ambientes costeros de relieve reducido.
El empleo de satélites también está ampliando el conocimiento sobre la actividad biológica de estos ecosistemas. Otro registro de dos décadas encontró que la productividad de los humedales mareales estadounidenses aumentó un 6 %, aunque una mayor fijación de carbono por la vegetación no elimina las pérdidas ocasionadas cuando el suelo completo es erosionado.
La precisión de estos balances continúa siendo objeto de revisión científica. Un análisis de más de 23.000 muestras mostró que los métodos utilizados para medir el carbono azul en sedimentos costeros pueden sobreestimar la fracción almacenada a largo plazo si no distinguen las diferentes formas de materia orgánica.
El carbono trasladado al océano sigue rutas diferentes
Una vez que el material abandona la marisma, puede permanecer suspendido, depositarse nuevamente, desplazarse hacia aguas abiertas o ser degradado por microorganismos. Cada ruta tiene consecuencias diferentes para la duración del almacenamiento y para el intercambio de carbono entre el océano y la atmósfera.
La temperatura del agua también influye en ese procesamiento. Investigaciones experimentales indican que el calentamiento puede reducir la fracción persistente del carbono producido por las praderas marinas, lo que refuerza la necesidad de representar tanto el carbono depositado en los suelos como el que circula disuelto o en partículas.
Los ambientes donde confluyen tierra, aire y océano cambian continuamente por la acción de mareas, oleaje, tormentas, ascenso del nivel marino y organismos. Esa complejidad ha dificultado su incorporación detallada a los modelos globales, por lo que el Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA desarrolla nuevas herramientas para simular estos intercambios.
La conservación debe incluir las reservas bajo el suelo
La pérdida de una marisma afecta más que su vegetación visible. También moviliza carbono acumulado bajo la superficie y reduce hábitats que amortiguan inundaciones, estabilizan sedimentos y sostienen peces, aves e invertebrados.
Los resultados aportan una base para identificar sectores donde la restauración, la recuperación de sedimentos o la limitación del desarrollo costero podrían conservar mayores reservas. El seguimiento periódico permitirá comprobar si una intervención genera nuevas marismas estables o si el terreno continúa retrocediendo bajo la presión de tormentas y mares crecientes.
Incorporar estos movimientos al balance planetario ayudará a describir con mayor precisión el ciclo del carbono. También evitará considerar los humedales como depósitos estáticos, pues su contribución climática depende de la permanencia del suelo, de la evolución de la costa y del destino final del material transportado hacia el océano.
Fuentes referenciales:
Phys.org
NASA Science
Communications Earth & Environment
