El déficit estacional de lluvia convive con episodios torrenciales y deslizamientos, mientras El Niño altera la distribución de las precipitaciones
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
India atraviesa en agosto de 2026 un monzón de verano marcado por un contraste peligroso: amplias zonas del país han recibido menos lluvia de la habitual, pero varios territorios sufren inundaciones y deslizamientos provocados por precipitaciones intensas y concentradas. Kerala, en el sur, figura entre los estados afectados pese a mantener un acumulado estacional inferior al promedio.
El escenario demuestra que un monzón deficitario no equivale necesariamente a una temporada libre de desastres. El balance nacional o regional puede situarse por debajo de lo normal mientras tormentas de corta duración descargan grandes cantidades de agua sobre cuencas, ciudades y laderas vulnerables.
La distribución de la lluvia importa tanto como el volumen total
Los promedios estacionales suman la precipitación registrada durante varios meses, pero no muestran por sí solos cuándo ni dónde cayó el agua. Un periodo prolongado de escasez puede ser interrumpido por aguaceros extremos que superan rápidamente la capacidad de absorción del suelo, los ríos y los sistemas urbanos de drenaje.
Esta irregularidad también ha sido advertida en el conjunto del Hindu Kush-Himalaya, donde un monzón más seco puede coexistir con inundaciones repentinas. La alternancia entre semanas con poca lluvia y episodios torrenciales complica la gestión de embalses, la agricultura y las evacuaciones preventivas.
En Kerala, además de la intensidad de las precipitaciones, las condiciones locales pueden modificar el alcance de las inundaciones. La pérdida de humedales, la sedimentación de cauces, la ocupación de zonas expuestas y la capacidad limitada del drenaje influyen en la velocidad con la que el agua se acumula o desborda. Estos factores no sustituyen al fenómeno meteorológico, pero pueden amplificar sus consecuencias.
El Niño modifica el monzón sin determinar cada tormenta
El calentamiento del Pacífico tropical asociado con El Niño suele debilitar la circulación que alimenta el monzón de India. Sin embargo, la respuesta no es uniforme: intervienen también las temperaturas del océano Índico, la circulación atmosférica, la humedad disponible y las condiciones de la superficie terrestre.
Investigaciones recientes indican que incluso una anomalía térmica en el Atlántico Norte puede redistribuir las lluvias del monzón indio. Esta conexión ayuda a explicar por qué algunas regiones reciben más humedad mientras otras afrontan déficits durante una misma temporada.
El Niño tampoco debe considerarse la causa automática de cada inundación. Su influencia modifica las probabilidades estacionales, pero los episodios concretos dependen de sistemas meteorológicos de menor escala, del relieve y del estado de cada cuenca. Las interacciones entre la superficie terrestre y el monzón asiático añaden otra capa de variabilidad que los pronósticos deben incorporar.
Suelos secos y lluvias concentradas elevan el peligro
Los intervalos secos prolongados reducen la humedad superficial y pueden deteriorar la estructura del suelo. Si después ocurre una tormenta intensa, parte del agua escurre antes de infiltrarse, alimentando crecidas rápidas. En terrenos montañosos, la lluvia concentrada también puede desestabilizar pendientes, especialmente cuando existen cortes de carreteras, deforestación o asentamientos en zonas de riesgo.
La posibilidad de que una atmósfera más cálida transporte más vapor de agua no significa que lloverá de manera constante. La humedad puede concentrarse en episodios menos frecuentes pero más intensos, una dinámica observada también en otros sistemas monzónicos, como muestra el estudio de una gran corriente atmosférica asociada con lluvias extremas en Filipinas.
La adaptación debe prepararse para sequías e inundaciones
El contraste registrado en India exige combinar la administración de la escasez hídrica con la prevención de inundaciones. Los acumulados mensuales y estacionales deben complementarse con pronósticos de corto plazo, mediciones de humedad del suelo, vigilancia de ríos y mapas actualizados de deslizamientos.
En las ciudades y comunidades expuestas, la limpieza de drenajes, la conservación de humedales, el control de construcciones en cauces y la difusión rápida de alertas pueden reducir daños. Para las zonas rurales, el seguimiento de reservas de agua y la adaptación de los calendarios agrícolas resultan esenciales ante precipitaciones cada vez más irregulares.
El monzón de 2026 deja así una advertencia operativa: la falta de lluvia acumulada y los aguaceros destructivos no son riesgos opuestos. Ambos pueden desarrollarse durante una misma temporada y afectar de manera diferente a cada territorio, por lo que las decisiones deben basarse en información local y no únicamente en el promedio nacional.
Fuentes referenciales:
Phys.org
The Indian Express
