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12 de agosto de 2026

Panorama Planetario

Estado general del clima, los océanos y los principales sistemas ambientales de la Tierra.

Resumen ejecutivo. El planeta llega a mediados de agosto bajo una combinación de calor persistente, océanos excepcionalmente cálidos y un episodio de El Niño en fortalecimiento. Julio de 2026 fue, junto con julio de 2024, el segundo julio más cálido registrado. En el hemisferio norte, la sequedad, los incendios y el estrés hídrico conviven con lluvias intensas e inundaciones en otras regiones. La interacción entre calor, escasez de humedad, humo y fenómenos extremos obliga a mantener activados los sistemas de alerta temprana.
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Temperatura global

+1,47 °C sobre el nivel preindustrial

La temperatura media mundial de julio fue de 16,90 °C, unos 0,67 °C por encima del promedio 1991–2020. El dato mantiene al sistema climático cerca del umbral de 1,5 °C en escalas mensuales, aunque ese límite se evalúa mediante promedios de largo plazo.

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Océanos

Calor marino excepcional

La temperatura superficial de los océanos extrapolares alcanzó un máximo para julio. El exceso de calor favorece olas de calor marinas, altera ecosistemas y puede aumentar la humedad disponible para lluvias intensas. El Pacífico tropical continúa calentándose conforme El Niño gana fuerza.

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CO₂ atmosférico

Concentraciones persistentemente elevadas

El dióxido de carbono continúa en niveles históricamente altos y mantiene un desequilibrio energético que acumula calor en la atmósfera y, sobre todo, en los océanos. Las variaciones estacionales no modifican la tendencia estructural causada por las emisiones de combustibles fósiles y los cambios de uso del suelo.

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Hielo polar

Ártico: sexto julio con menor extensión

La cobertura de hielo marino ártico permaneció especialmente reducida al norte del mar de Barents, alrededor de Svalbard y Tierra de Francisco José. El deshielo estacional continuará durante agosto y exige seguimiento por sus efectos en ecosistemas, navegación y balance energético regional.

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Incendios

Riesgo elevado en zonas secas

El calor extremo y la baja humedad han favorecido una actividad excepcional de incendios en sectores de Europa occidental. Las columnas de humo pueden desplazarse a grandes distancias, degradar la calidad del aire y ampliar los impactos sanitarios más allá de las áreas directamente quemadas.

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Sequías

Déficit crítico de humedad

Partes de la península ibérica, Francia, Alemania, Austria, Hungría, Reino Unido, Irlanda y Benelux registraron condiciones muy secas durante julio. En amplias zonas europeas, la humedad superficial del suelo cayó a mínimos observados desde al menos 1979.

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Tormentas y extremos

Contrastes intensificados

Mientras unas regiones afrontan calor y sequedad prolongada, otras permanecen expuestas a precipitaciones intensas, inundaciones repentinas y tormentas severas. El calentamiento atmosférico aumenta la capacidad del aire para transportar vapor de agua, elevando la posibilidad de lluvias concentradas cuando existen condiciones favorables.

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Pacífico tropical

El Niño se fortalece

Las aguas superficiales y subsuperficiales del Pacífico ecuatorial oriental se mantienen por encima del promedio. La señal de El Niño puede redistribuir lluvias y temperaturas en numerosos territorios y modificar los riesgos de sequía, inundación, incendios y ciclones durante los próximos meses.

📡 Señal planetaria destacada

El acoplamiento océano-atmósfera del Pacífico se convierte en el principal modulador climático global. La Organización Meteorológica Mundial prevé que El Niño se intensifique entre agosto y octubre. Su interacción con un posible dipolo positivo del océano Índico puede amplificar anomalías de lluvia y sequía alrededor de la cuenca índica y otras regiones conectadas por la circulación atmosférica.

🔭 Perspectiva para los próximos 7–14 días

Se recomienda vigilancia reforzada ante olas de calor prolongadas, incendios y deterioro de la calidad del aire en áreas secas del hemisferio norte. También deben observarse episodios de lluvia intensa en regiones monzónicas y tropicales. Los cambios del Pacífico podrían consolidarse con la actualización de diagnóstico ENSO prevista por NOAA para el 13 de agosto. Las autoridades locales deben priorizar alertas de calor, disponibilidad de agua, protección de personas vulnerables y seguimiento de cuencas con respuesta rápida.

Referencias de seguimiento: Organización Meteorológica Mundial, Copernicus Climate Change Service y NOAA Climate Prediction Center. Actualización editorial: 12 de agosto de 2026.
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Así cambia un bosque quemado a lo largo de 10 años

Los incendios forestales nos remueven. Tienen sabor a pérdida, a derrota. Pero la atención que despiertan termina poco después de que se extingan las llamas.


Pere Pons Ferran, Universitat de Girona


Sin embargo, estudiar a largo plazo los bosques quemados permite una cierta perspectiva del problema y demuestra su riqueza biológica.

Cigarras e incendios

El estudio de la ecología de las cigarras nos ha tenido, al investigador Josep M. Bas y a mí, ocupados durante los últimos veranos. Utilizamos a estos insectos como indicadores de los cambios que afectan a la fauna subterránea después de un incendio. Para ello, recogemos las mudas o pieles adheridas a la vegetación, dejadas por sus antiguas dueñas cuando emergen a la luz después de una larga vida subterránea. Lo hemos hecho cada mes de julio durante 10 años en pinares quemados y no quemados.

Nuestra principal área de estudio se sitúa en el entorno del incendio del Alt Empordà (Gerona) del año 2012. Este fuego de 13 000 ha nos enseñó con toda crudeza qué era eso de los incendios de sexta generación. Puso en jaque a los sistemas de extinción y de emergencias y tuvo en vilo a la población durante varios días.

El incendio, empujado por el viento, se expandió veloz dejando a su paso un paisaje heterogéneo, con grandes áreas quemadas a alta intensidad, pero también con multitud de parches no quemados o afectados sólo superficialmente.

Investigar un sistema natural a largo plazo requiere situar las estaciones de estudio de forma precisa. Para las cigarras, utilizamos los mismos caminos forestales, a lo largo de los cuales contamos las mudas año tras año.

Posicionar las estaciones por GPS ayuda mucho, pero tiene un margen de error que queríamos reducir. Por ello, cada año tomamos fotografías de las estaciones, que nos han permitido situarnos con un error de tan solo uno o dos metros. Así, sin pensarlo de antemano, estos centenares de fotografías se han convertido en una crónica del bosque donde viven las cigarras, bosques verdes (las zonas control) y bosques negros (las zonas quemadas).

Aclareos (tala selectiva que reduce la densidad de árboles) de pinares de pino carrasco en zonas no quemadas en Boadella d’Empordà (arriba) y Terrades (abajo). Pere Pons, Author provided

La vida es cambio

Series de esta duración no son muy habituales. Las fotografías atestiguan cuándo y cómo se tala el bosque, el verde y el negro, al tiempo que se siegan los márgenes y arreglan los caminos. Se puede apreciar cuándo se rompen las ramas y los troncos de los árboles muertos, cuánto crecen el sotobosque y los nuevos árboles.

Pinar de pino carrasco en Boscos de Salelles (Alt Empordà) antes (arriba) y después (abajo) de una ‘tala de salvamento’ para aprovechar la madera tras el incendio de 2012. Pere Pons, Author provided

En definitiva, el ecosistema se transforma mediante procesos lentos y graduales que generan volumen y estructura vegetal, pero también por acontecimientos repentinos que lo simplifican.

Dos procesos que explican los cambios graduales son la germinación y la rebrotada. El primero se debe a semillas que resisten al fuego y pueden germinar cuando las condiciones son adecuadas. El segundo se deriva de yemas protegidas que brotan gracias a energía almacenada en la planta. Algunas semillas llegarán también desde zonas no quemadas, mediante el viento, la gravedad o los animales.

En una década, la estructura del hábitat habrá cambiado radicalmente por el crecimiento de la vegetación, la competencia posterior entre hierbas, arbustos y árboles, y la caída de los árboles muertos. Incluso los pinos y encinas nacidos tras el fuego producen piñas y bellotas antes de 10 años. Una segunda generación de árboles aparece.

Evolución en fotografías desde un paisaje quemado a uno con vegetación.
Evolución del paisaje durante diez años en una zona quemada con alta intensidad por el incendio del Alt Empordà de 2012, en el municipio de Biure. El hábitat de las fotografías es un pinar de pino carrasco con sotobosque de romero, coscoja, aulaga, jaguarzo negro, bocha, junco florido y fenal. Pere Pons, Author provided

Los animales responden rápidamente a las oportunidades que les brinda el paso del fuego y la posterior sucesión ecológica. Aparecen especies pioneras entre las arañas, las mariposas, los escarabajos, las hormigas, las aves, los reptiles, los mamíferos… Incluso en un grupo tan poco dado a grandes viajes como los caracoles encontramos individuos poco después del fuego. Esto se debe a que la fauna no sólo coloniza las áreas quemadas desde el exterior.

Muchas especies sobreviven en refugios (en túneles y madrigueras, bajo piedras, dentro de la madera, en la vegetación poco quemada) desde los que recolonizan la zona. Con el paso del tiempo, unas especies reemplazan a otras a medida que la estructura del hábitat, el alimento y el resto de recursos del medio se modifican. Se suceden unos años de elevada y cambiante biodiversidad.

Aprendiendo a apreciar lo quemado

Lo que hace especial al fuego en paisajes eminentemente boscosos es que proporciona una ventana de oportunidad durante la cual la biodiversidad de ambientes no forestales podrá medrar. Estas especies se beneficiaban, hace unos milenios, del control de la vegetación que ejercían los grandes herbívoros extinguidos en el Pleistoceno. Durante los últimos siglos se adaptaron a los paisajes transformados por los humanos cazadores-recolectores, luego pastores y agricultores. El abandono generalizado de los espacios menos productivos les perjudica. Y parece que solamente una gestión intencionada del paisaje o una cierta frecuencia de incendios les puede ayudar.

Muchas especies de plantas están adaptadas al fuego en todos los continentes. Y no hay nada más sorprendente que observar la floración de un monte la primavera posterior a un incendio.

Entre los animales, son asombrosos los escarabajos cazadores de incendios, que detectan un fuego a más de cien kilómetros de distancia. Los sensores térmicos que poseen bajo sus patas los guían hacia el calor, para poner sus huevos en el bosque todavía humeante.

Investigadores como Dick Hutto en Norteamérica o Roger Prodon en Europa se han atrevido a divulgar la frágil y rica biodiversidad de los ambientes incendiados. Y lo han hecho en contra de una opinión pública que considera el fuego como una catástrofe ecológica. Como exponente de la biodiversidad más pirófila, Hutto ha estudiado el pico ártico, un ave de plumaje negro que vive casi exclusivamente en los bosques recientemente quemados.

Los incendios tienen obviamente aspectos negativos, ambiental y socialmente. Reconocer las bondades de un ecosistema que ha ardido no nos hará más tolerantes con los pirómanos. En cambio, nos permitirá entenderlo y gestionarlo mejor, proteger su biodiversidad y los servicios ambientales que proporciona.

Pere Pons Ferran, Profesor en el Departamento de Ciencias Ambientales, Universitat de Girona

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.