Un equipo de Estados Unidos e Italia utilizó minerales expulsados en el año 79 para mejorar la precisión de una técnica que fecha erupciones y otros acontecimientos del pasado terrestre.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
La erupción del Vesubio que sepultó Pompeya y otras localidades de Italia hace casi dos mil años ha servido para poner a prueba un método de datación geológica. Investigadores del Berkeley Geochronology Center, la Universidad de California en Berkeley y la Universidad de Padua analizaron minerales volcánicos cuya edad podía contrastarse con el registro histórico del desastre. El estudio se publicó el 25 de septiembre de 2026.
El equipo empleó la técnica argón-argón en ocho muestras de sanidina, un mineral rico en potasio presente en materiales expulsados por el volcán. El resultado situó la erupción en 1.938 años antes del análisis realizado en 2025, con un margen de incertidumbre de 13 años. La edad calculada a partir del registro histórico era de 1.946 años. Esa comparación permitió evaluar tanto la precisión de las mediciones como su cercanía a una fecha conocida.
Por qué Pompeya permite comprobar la datación
Para fechar una erupción antigua, los geólogos suelen depender de las huellas conservadas en las rocas. El Vesubio ofrece una oportunidad poco común: sus depósitos volcánicos pueden compararse con testimonios escritos sobre el acontecimiento del año 79. La investigación tomó como referencia el 24 de agosto, fecha atribuida a la erupción a partir de los escritos de Plinio el Joven, aunque sus autores examinaron la incertidumbre histórica sobre el día exacto.
Las muestras procedían de depósitos de piedra pómez de Oplontis, otra localidad afectada por la erupción. Según los investigadores, la combinación de materiales adecuados, mejoras instrumentales y nuevas técnicas de análisis hizo posible obtener una precisión de aproximadamente el 0,7 %. La utilidad de fechar depósitos se aprecia también al estudiar la historia volcánica conservada en las rocas de Canarias, que se extiende mucho más allá de los acontecimientos documentados por personas.
Un ajuste para reconstruir erupciones pasadas
La datación argón-argón se basa en la transformación radiactiva del potasio presente en ciertos minerales. Al medir los isótopos de argón de una muestra, los científicos estiman cuánto tiempo ha transcurrido desde su formación. El caso del Vesubio permitió ajustar con mayor precisión un parámetro fundamental de ese cálculo: la vida media del potasio-40.
Establecer cuándo ocurrieron las erupciones ayuda a ordenar la evolución de un volcán y a comparar episodios separados por siglos o milenios. Ese conocimiento complementa investigaciones sobre el origen y la actividad del Etna y sobre las estructuras internas del volcán Vulcano, también en Italia. Ninguna fecha antigua permite predecir por sí sola una próxima erupción, pero una cronología más fiable mejora la reconstrucción de los procesos geológicos.
Los autores señalan que el ajuste también puede ayudar a comparar la datación argón-argón con otros métodos utilizados para estudiar materiales de distintas edades. El resultado constituye una prueba especialmente exigente para la técnica: fechar una erupción históricamente conocida y geológicamente reciente, donde una diferencia de pocas décadas resulta visible.
Fuente referencial:
Universidad de California en Berkeley




