Un estudio internacional explica por qué el volcán siciliano, de unos 500.000 años de antigüedad, mantiene una actividad frecuente y distinta a la de otros sistemas volcánicos.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
El Etna, en Sicilia, volvió a mostrar actividad eruptiva el pasado 26 de junio con expulsión de lava y emisión de ceniza, un episodio que llevó a las autoridades italianas a reforzar la vigilancia sobre uno de los volcanes más activos de Europa.
La columna de ceniza alcanzó cerca de 1,5 kilómetros de altura y afectó temporalmente la operación del aeropuerto de Catania, con más de 120 vuelos cancelados y más de 60 desviados hacia otros aeropuertos de la región.
Un volcán activo y difícil de clasificar
La frecuencia eruptiva del Etna no es excepcional dentro de su propio comportamiento. El volcán puede registrar actividad magmática varias veces al año, pero su origen geológico ha sido durante décadas un problema abierto para la comunidad científica.
Con más de 500.000 años de antigüedad y alrededor de 3.000 metros de altura sobre el nivel del mar, el monte siciliano no encaja bien en los modelos clásicos de formación volcánica. Su caso resulta especialmente relevante para comprender la relación entre tectónica de placas, ascenso de magma y riesgo geológico.
Investigadores de la Universidad de Lausana, en Suiza, y del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Italia plantean ahora una hipótesis que ayudaría a explicar tanto su origen como su actividad recurrente.
Tres modelos clásicos que no bastan
La mayoría de los volcanes se explica por tres grandes mecanismos: la separación entre placas tectónicas, la subducción de una placa bajo otra o la presencia de un punto caliente en el interior de una placa.
El Etna se encuentra cerca de una zona de subducción, pero su composición química se parece a la de volcanes asociados a puntos calientes. Al mismo tiempo, carece de las características físicas propias de esos sistemas, lo que lo convierte en un caso anómalo dentro del volcanismo europeo.
Esta singularidad obliga a mirar el volcán desde una perspectiva más amplia, en la que el movimiento de las placas africana y euroasiática desempeña un papel decisivo en la circulación del magma bajo Sicilia.
Una posible cuarta vía volcánica
El estudio propone que el Etna podría estar alimentado por pequeñas cantidades de magma ya presentes en el manto superior, a unos 80 kilómetros bajo la superficie. Ese material ascendería de manera esporádica a través de fracturas abiertas por la deformación tectónica.
El mecanismo se parecería al de los volcanes submarinos de tipo “petit-spot”, descritos por geólogos japoneses en 2006. Hasta ahora, este tipo de volcanismo se había asociado a estructuras mucho más pequeñas, normalmente submarinas y de escasa altura.
En el caso del Etna, la hipótesis resulta llamativa porque se aplicaría a un gran estratovolcán, situado en tierra firme y con una actividad muy visible para la población, la navegación aérea y la gestión del territorio.
El magma como una fuga desde el manto
Los investigadores recogieron muestras del Etna y reconstruyeron la historia química de las lavas emitidas hasta la actualidad. Los datos experimentales muestran que esa composición se ha mantenido estable a lo largo del tiempo.
Ese resultado sugiere que el magma que alimenta el volcán no se genera únicamente poco antes de cada erupción, sino que ya existe en el manto superior y queda disponible para ascender cuando las condiciones tectónicas lo permiten.
La investigación aporta una nueva pieza para entender cómo funcionan los sistemas volcánicos complejos y por qué algunos volcanes pueden permanecer activos durante largos periodos sin ajustarse por completo a los modelos convencionales.
Riesgo volcánico y vigilancia científica
Comprender el origen del Etna no es solo una cuestión académica. La actividad frecuente del volcán afecta a comunidades, infraestructuras, rutas aéreas y sistemas de vigilancia en una región densamente observada por la geología europea.
El caso también dialoga con investigaciones recientes sobre volcanes aparentemente inactivos, que pueden conservar procesos magmáticos profundos incluso cuando la superficie parece tranquila.
Para los científicos, el modelo propuesto abre la puerta a una evaluación más precisa del riesgo volcánico en el Etna y en otros sistemas donde la química del magma, la deformación tectónica y la actividad eruptiva no siguen patrones simples.
Fuente(s) referenciales
Agencia SINC — Así se formó el Etna, uno de los volcanes más raros de Europa
