Las rocas permiten reconstruir erupciones, colapsos y deslizamientos ocurridos mucho antes de los episodios conservados por la memoria humana
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
El registro geológico de las islas Canarias, en España, conserva la historia de procesos volcánicos desarrollados durante cientos de miles o millones de años. Su lectura amplía una memoria colectiva dominada por acontecimientos recientes como la erupción del Tajogaite en La Palma, la actividad sísmica de Tenerife y la erupción submarina registrada en El Hierro en 2011.
La geóloga Olaya García Pérez, profesora ayudante doctora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, plantea que cada colada, depósito volcánico y deslizamiento funciona como una pieza de un archivo natural. El análisis de esas huellas permite establecer cuándo ocurrieron determinados episodios y conocer la magnitud de las transformaciones que construyeron el archipiélago.
Esta perspectiva distingue dos formas de conservar el pasado. La memoria humana retiene principalmente evacuaciones, pérdidas materiales, cambios económicos y procesos de reconstrucción. El terreno, en cambio, guarda evidencias físicas de la duración, extensión y dinámica de sucesos que ninguna generación pudo presenciar.
Las erupciones históricas que permanecen en la memoria
La erupción del Tajogaite comenzó el 19 de septiembre de 2021 y mantuvo su actividad durante 85 días. El episodio permanece cercano por sus evacuaciones, su impacto territorial y la amplia cobertura informativa. El estudio posterior de los minerales formados en las fumarolas del Tajogaite también ha aportado información sobre las temperaturas de los gases después de finalizar la actividad eruptiva.
La historia documentada incluye además la erupción del Teneguía de 1971, recordada como la primera del archipiélago seguida por televisión, y la del Chinyero de 1909, conservada mediante fotografías y testimonios. La erupción de Garachico de 1706 persiste en el relato insular por la destrucción del principal puerto comercial de Tenerife y sus consecuencias económicas.
En Lanzarote, el ciclo eruptivo de Timanfaya, desarrollado entre 1730 y 1736, fue el más prolongado de los registrados históricamente en Canarias. Las crónicas, los dibujos y los mapas disponibles ayudan a reconstruirlo, aunque la memoria social suele destacar especialmente la adaptación de la población a un territorio transformado por la lava.
Estos antecedentes muestran por qué la vigilancia científica resulta indispensable. La observación de terremotos, deformaciones del terreno y emisiones gaseosas ayuda a interpretar la actividad volcánica, mientras que el seguimiento de las señales previas a una erupción permite conocer mejor el movimiento del magma bajo la superficie.
Las Cañadas del Teide guardan episodios de gran escala
Algunos de los procesos que más modificaron las islas ocurrieron mucho antes de que existieran relatos escritos. Las Cañadas del Teide, en Tenerife, forman una de las mayores depresiones volcánicas del archipiélago. Su configuración se relaciona con colapsos del edificio volcánico, erupciones explosivas y grandes deslizamientos gravitacionales ocurridos hace entre 220.000 y 160.000 años.
Sobre esa depresión se desarrolló posteriormente el complejo Teide-Pico Viejo. La secuencia de depósitos y estructuras que permanece en el paisaje permite ordenar los diferentes episodios, identificar sus relaciones y comprender que la forma actual de Tenerife es el resultado de múltiples fases constructivas y destructivas.
Las calderas, los valles y las antiguas coladas no son únicamente elementos paisajísticos. También constituyen patrimonio geológico y fuentes directas de información científica. Su conservación facilita el estudio de procesos que pueden quedar ocultos cuando la interpretación del volcanismo se limita a las erupciones más recientes.
El gran deslizamiento que transformó El Hierro
El Golfo, en El Hierro, ofrece otro ejemplo de la escala alcanzada por los procesos geológicos del archipiélago. El gran deslizamiento que originó esta estructura ocurrió hace entre 87.000 y 39.000 años, desplazó entre 150 y 180 kilómetros cúbicos de material y dejó una cicatriz estimada en 150 kilómetros cuadrados.
La isla también conserva señales de otros deslizamientos responsables de la formación de Las Playas y El Julan. En Tenerife, fenómenos comparables intervinieron en el origen del valle de La Orotava, considerado uno de los grandes deslizamientos gravitacionales estudiados en islas oceánicas.
Estos acontecimientos revelan que la evolución volcánica no depende solamente de la salida de lava. Los edificios insulares crecen mediante sucesivas erupciones, pero también pueden perder enormes volúmenes de material por colapsos y movimientos de ladera. Reconstruir ambas fases es esencial para interpretar la configuración del territorio y evaluar sus procesos geológicos.
Los enjambres sísmicos no equivalen a una erupción inmediata
La actividad sísmica registrada en Tenerife durante 2026 ha renovado la atención sobre el sistema volcánico de la isla. El Instituto Volcanológico de Canarias informó el 16 de febrero de un enjambre de más de 300 eventos híbridos de amplitud muy baja, el octavo episodio de características similares detectado desde octubre de 2016.
INVOLCAN señaló como hipótesis más probable la inyección de fluidos magmáticos en el sistema hidrotermal. Sin embargo, la institución aclaró que ese episodio no modificaba la probabilidad de una erupción en Tenerife a corto o medio plazo. La presencia de un enjambre sísmico, por tanto, debe analizarse junto con datos geoquímicos, deformaciones del terreno y otros indicadores, sin interpretarlo aisladamente como anuncio de una erupción.
El registro geológico fortalece la gestión del riesgo volcánico
La experiencia reciente resulta valiosa para mejorar los sistemas de vigilancia y emergencia, pero representa una fracción mínima de la evolución de Canarias. Las rocas extienden esa perspectiva y permiten reconocer sucesos de una escala superior a la conservada por los testimonios históricos.
Combinar documentación, memoria social, cartografía, datación de materiales y vigilancia instrumental ayuda a construir una interpretación más completa del volcanismo. También permite comunicar el riesgo con mayor precisión, diferenciando la actividad normal de un sistema volcánico de las señales que podrían requerir medidas de protección específicas.
Canarias continúa siendo un territorio geológicamente activo. Conocer las transformaciones que dieron forma a sus islas no permite predecir con exactitud la próxima erupción, pero sí mejora la comprensión de los escenarios posibles y aporta bases científicas para la planificación territorial, la conservación del patrimonio geológico y la preparación ante emergencias.
Fuentes referenciales:
The Conversation
Instituto Volcanológico de Canarias




