La crecida dejó al menos 584 muertos y más de 2.400 desaparecidos, mientras científicos analizan la estabilidad del hielo, las laderas y el permafrost del Himalaya
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Nepal emitió el 28 de agosto una alerta por la acumulación de un gran volumen de agua en la región china del Tíbet, dos días después de que el colapso de una sección glaciar desencadenara una crecida devastadora en el Himalaya. El balance difundido hasta ese momento señalaba al menos 584 fallecidos y más de 2.400 personas desaparecidas.
El desastre abrió una discusión científica sobre la aparición de amenazas de gran magnitud en las montañas sometidas al calentamiento global. Los especialistas coinciden en que el cambio climático está transformando los glaciares, la nieve, el permafrost y las laderas, pero advierten que todavía no puede atribuirse este episodio concreto sin una investigación específica.
El colapso liberó una energía equivalente a un terremoto
Según la evaluación citada del Servicio Geológico de Estados Unidos, el derrumbe glaciar fue tan violento que generó una energía equivalente a la de un terremoto de magnitud 5,2. El movimiento provocó numerosos deslizamientos y movilizó hielo, rocas, agua y sedimentos hacia los valles situados aguas abajo.
La emergencia se originó cerca de la frontera entre China y Nepal, una zona de fuertes pendientes y elevada actividad tectónica. La combinación de estas características puede amplificar los desprendimientos y convertirlos en corrientes de escombros capaces de recorrer grandes distancias. Una primera reconstrucción del desastre puede consultarse en el análisis sobre el colapso glaciar y la crecida repentina en Nepal.
Simon Cox, científico principal del instituto neozelandés GNS Science, explicó que la pérdida de una parte de la montaña puede desestabilizar los bloques contiguos. Esto significa que todavía podría desprenderse material desde la zona de origen y repetirse una secuencia semejante, razón por la cual las autoridades mantienen la vigilancia.
Los científicos no descartan fenómenos similares
El glaciólogo Etienne Berthier, del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, indicó que no puede excluirse la aparición de colapsos comparables en otras regiones. El Himalaya presenta condiciones especialmente favorables para eventos extremos por su relieve y dinamismo tectónico, aunque Alaska y otras cordilleras también albergan glaciares inestables.
Tristram Hales, profesor de riesgos ambientales de la Universidad de Cardiff, señaló que durante aproximadamente la última década se ha observado un incremento de flujos extremadamente peligrosos en regiones como el Himalaya y Suiza. La amenaza aumenta cuando poblaciones, carreteras, centrales hidroeléctricas o instalaciones turísticas ocupan valles estrechos próximos a las zonas de desprendimiento.
El riesgo no procede únicamente del hielo. Los terremotos y la descongelación del permafrost pueden favorecer desprendimientos de rocas y deslizamientos. El suelo permanentemente congelado funciona como un elemento que mantiene unidos materiales de las montañas; al perder hielo, las pendientes pueden debilitarse y liberar grandes volúmenes de escombros.
Los lagos glaciares ofrecen señales más fáciles de vigilar
Los científicos consideran que un colapso repentino como el ocurrido en el Himalaya puede resultar muy difícil de anticipar. Para determinar si existieron señales previas deberán examinarse imágenes satelitales, desplazamientos de las rocas, grietas y deformaciones registradas durante las semanas o meses anteriores.
La vigilancia resulta más directa cuando el retroceso del hielo forma lagos glaciares. Estos cuerpos de agua pueden vaciarse de manera repentina si falla una barrera de hielo, roca o sedimentos, fenómeno conocido como inundación por desbordamiento de lago glaciar. El aumento de inundaciones repentinas asociadas a glaciares de montaña mantiene expuestas a millones de personas en distintas cordilleras.
Una avalancha también puede caer sobre un lago, generar una ola y superar la barrera que contiene el agua. Ese encadenamiento de procesos quedó documentado en el Himalaya durante el desastre de Sikkim de 2023, cuyo estudio destacó la necesidad de vigilar conjuntamente lagos, morrenas, pendientes e infraestructuras. Las lecciones sobre desastres naturales sucesivos en el Himalaya muestran que una perturbación localizada puede multiplicar sus efectos río abajo.
La relación con el cambio climático aún debe demostrarse
El Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas advirtió que es prematuro establecer qué papel desempeñó el calentamiento global en este caso. Aunque el clima está alterando los sistemas de hielo y las condiciones de estabilidad del Hindu Kush-Himalaya, una relación general no demuestra que haya causado un desastre específico.
Para responder esa pregunta será necesario efectuar un estudio de atribución que compare la probabilidad del fenómeno en el clima actual, calentado por las emisiones procedentes de combustibles fósiles, con su probabilidad bajo condiciones preindustriales. El análisis también deberá considerar la geología, la pendiente, la actividad sísmica, el agua presente dentro del glaciar y cualquier detonante inmediato.
La reconstrucción de antiguos colapsos glaciares del Himalaya ha mostrado que la temperatura y las condiciones internas del hielo pueden ayudar a explicar la pérdida de estabilidad. Aplicar esos métodos al episodio actual permitirá precisar si fue posible detectar señales y qué características deberían vigilarse en otras masas glaciares.
Alertas coordinadas para una amenaza transfronteriza
La emergencia evidencia que estos fenómenos deben gestionarse a escala de cuenca y no solamente dentro de límites nacionales. Sensores sísmicos, estaciones hidrológicas, radares, cámaras e imágenes satelitales pueden detectar desprendimientos o aumentos súbitos del caudal, pero las alertas necesitan transmitirse con rapidez entre China, Nepal y las comunidades situadas río abajo.
Los inventarios de glaciares, lagos y pendientes inestables también deben incluir carreteras, puentes, centrales hidroeléctricas y asentamientos expuestos. Los sistemas de observación no eliminan la posibilidad de un colapso inesperado, pero pueden reducir el tiempo necesario para emitir avisos, cerrar rutas y evacuar las zonas amenazadas.
Fuente referencial:
Phys.org




