La reconstrucción de un glaciar que alcanzó casi 100 kilómetros en el noreste de India muestra que la temperatura, más que la cantidad de lluvia monzónica, determinó su expansión y posterior retroceso.
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Un enorme glaciar ocupó hace decenas de miles de años el valle de Dri, en la región de Dibang, dentro del estado indio de Arunachal Pradesh. En su máxima extensión alcanzó casi 100 kilómetros de longitud y descendió hasta elevaciones de entre 1.300 y 1.500 metros sobre el nivel del mar, por debajo de muchas de las conocidas estaciones de montaña de India.
Una investigación dirigida por la Universidad de Manchester reconstruyó la evolución de este antiguo cuerpo de hielo y fechó las distintas etapas de su retroceso. Los resultados, publicados en Quaternary Science Reviews, cuestionan la idea de que las abundantes precipitaciones del monzón pueden proteger por sí solas a los glaciares de las regiones húmedas del Himalaya.
El estudio concluyó que la temperatura fue el principal factor que controló el crecimiento y la reducción del glaciar. Cuando el clima era suficientemente frío, la humedad monzónica caía como nieve y alimentaba el hielo. Al aumentar las temperaturas, una proporción mayor de esa precipitación comenzó a caer como lluvia, reduciendo la acumulación de nieve y acelerando el deshielo.
Un glaciar de casi 100 kilómetros en el Himalaya oriental
El glaciar llenaba el valle de Dri, al este del monte Everest, en una zona montañosa del extremo oriental del Himalaya. Hace aproximadamente 58.500 años alcanzaba cerca de 100 kilómetros de longitud, una dimensión excepcional dentro del registro glaciar de la región Himalaya-Tíbet.
Su frente descendía hasta cotas inusualmente bajas para un glaciar de alta montaña. La lengua de hielo terminaba entre los 1.300 y 1.500 metros de altitud, una posición que demuestra la magnitud que alcanzó durante las fases más frías del Pleistoceno tardío.
En la actualidad, el mayor fragmento superviviente mide menos de cinco kilómetros. La comparación entre aquella extensión y los restos presentes permite dimensionar la transformación experimentada por el valle durante los últimos milenios.
El hallazgo amplía el conocimiento sobre una región donde el registro de las glaciaciones antiguas era limitado. Hasta ahora existía un vacío cronológico de aproximadamente 1.000 kilómetros a lo largo de las laderas meridionales del Himalaya situadas al este del Everest.
Meses de trabajo en un terreno difícil
El equipo fue dirigido por Shashank Nitundil, investigador de la Universidad de Manchester. Los científicos combinaron cartografía satelital, modelos digitales de elevación y varios meses de trabajo de campo en una zona de pendientes pronunciadas, vegetación densa y lluvias monzónicas intensas.
La comunidad Mishmi brindó apoyo logístico para acceder al valle y localizar las huellas dejadas por el antiguo glaciar. Entre las formas identificadas se encontraron valles en forma de U, circos glaciares, morrenas y superficies de roca erosionadas por el movimiento del hielo.
Las morrenas son acumulaciones de rocas y sedimentos transportados y depositados por los glaciares. Estas estructuras conservan información sobre las posiciones que ocupó el hielo y permiten reconstruir sus avances y retrocesos.
El análisis de estas formas del relieve se complementó con imágenes obtenidas desde el espacio. El empleo de imágenes satelitales para estudiar glaciares y lagos permite detectar cambios que resultan difíciles de observar únicamente mediante expediciones terrestres.
El berilio-10 permitió fechar el retroceso
Para determinar cuándo quedaron libres de hielo las distintas partes del valle, los investigadores utilizaron la datación mediante nucleidos cosmogénicos terrestres. Esta técnica aprovecha la interacción de los rayos cósmicos con las superficies rocosas expuestas.
Cuando un glaciar retrocede y deja una roca al descubierto, los rayos cósmicos comienzan a producir en el cuarzo pequeñas cantidades de isótopos como el berilio-10. Cuanto más tiempo permanece expuesta la superficie, mayor es la concentración del isótopo.
El equipo recogió 63 muestras: 53 procedentes de bloques rocosos y diez de superficies de lecho. Posteriormente fueron trasladadas a Australia para su procesamiento en el laboratorio de preparación de muestras cosmogénicas del Centro de Ciencia de Aceleradores de la Australian Nuclear Science and Technology Organisation, conocida como ANSTO.
Las rocas fueron trituradas, purificadas y procesadas químicamente hasta obtener óxido de berilio. El contenido de berilio-10 se midió mediante el espectrómetro de masas con acelerador SIRIUS, capaz de detectar concentraciones de apenas unas pocas partes por cada mil billones.
David Fink y Krista Simon, científicos de ANSTO y coautores de la investigación, participaron en el trabajo de campo y en los análisis de laboratorio. La capacidad australiana para realizar estas mediciones recibe apoyo de la National Collaborative Research Infrastructure Strategy.
El glaciar no desapareció de manera gradual
Las edades obtenidas revelaron que el glaciar no se redujo de forma lenta y continua. Su retirada ocurrió en varias etapas claramente diferenciadas, interrumpidas por periodos en los que todavía conservaba una enorme extensión.
Antes de hace aproximadamente 58.500 años, el hielo se extendía cerca de 100 kilómetros. Hacia hace 44.800 años había retrocedido parcialmente, aunque continuaba ocupando gran parte del valle.
Durante el Último Máximo Glacial, hace alrededor de 19.600 años, todavía alcanzaba unos 80 kilómetros. Este periodo fue la fase más fría de la última edad de hielo, pero también relativamente seca en la región.
El cambio más drástico llegó posteriormente. Hacia hace 12.600 años, la longitud del glaciar se había reducido a unos 25 kilómetros. Algunas cuencas altas con forma de anfiteatro ya se encontraban libres de hielo hace aproximadamente 13.000 años.
Este patrón escalonado muestra que los glaciares pueden atravesar cambios abruptos después de superar determinados umbrales climáticos. No siempre responden al calentamiento mediante una pérdida uniforme y predecible.
La temperatura tuvo más peso que la lluvia
El resultado central modifica una interpretación habitual sobre los glaciares dominados por el monzón. El Himalaya oriental se encuentra entre las regiones más húmedas de la alta montaña asiática y recibe grandes cantidades de precipitación durante el monzón de verano de India.
Podría suponerse que esa abundancia de agua protege al hielo porque proporciona nieve para su acumulación. Sin embargo, la cronología del valle de Dri muestra que la respuesta depende principalmente de la temperatura a la que ocurre la precipitación.
Durante los periodos fríos, la humedad procedente del monzón caía como nieve y permitía que el glaciar alcanzara dimensiones enormes. Cuando el aire se calentó, una proporción creciente cayó como lluvia en lugar de nieve.
La lluvia no reconstruye el glaciar y puede contribuir al derretimiento. Una vez superado cierto umbral térmico, incluso una región con precipitaciones intensas pierde la capacidad de conservar grandes masas de hielo.
El glaciar permaneció extenso durante el Último Máximo Glacial pese a que ese periodo fue relativamente seco. Para los autores, esta permanencia demuestra que su posterior retroceso estuvo impulsado por el calentamiento y no simplemente por una disminución de la lluvia.
Los glaciares húmedos también son muy vulnerables
La investigación muestra que los glaciares alimentados por el monzón pueden ser especialmente sensibles al aumento de las temperaturas. La disponibilidad de humedad no basta para sostenerlos cuando las condiciones atmosféricas dejan de favorecer las nevadas.
El hallazgo resulta relevante para comprender el futuro del hielo en el Himalaya. Estudios anteriores han advertido que los glaciares del Himalaya podrían perder gran parte de su volumen durante este siglo bajo escenarios de calentamiento elevado.
La pérdida de hielo modifica la disponibilidad estacional de agua, altera el transporte de sedimentos y cambia la estabilidad de las laderas y los cauces. Las montañas del Himalaya alimentan grandes sistemas fluviales de los que dependen numerosas comunidades aguas abajo.
La sensibilidad térmica observada en el valle de Dri también coincide con evaluaciones que describen a los glaciares del Hindu Kush-Himalaya como sistemas en peligro extremo ante el calentamiento global.
El retroceso forma nuevos lagos glaciares
Cuando el hielo abandona una depresión del terreno, el agua de deshielo puede acumularse y formar un lago. El Himalaya oriental alberga una cantidad creciente de estos cuerpos de agua a medida que los glaciares retroceden.
Algunos lagos quedan contenidos por morrenas, hielo o acumulaciones de sedimentos poco consolidadas. Si una de estas barreras se rompe o el agua supera su borde, puede desencadenarse una inundación repentina capaz de recorrer los valles a gran velocidad.
La expansión de los lagos glaciares constituye una amenaza para poblaciones, carreteras, puentes e instalaciones hidroeléctricas. El Himalaya concentra una importante infraestructura energética en valles expuestos a deslizamientos e inundaciones.
Los riesgos no son solamente teóricos. Un estudio sobre la cascada de desastres ocurrida en el Himalaya en 2023 reconstruyó cómo el colapso de material sobre un lago glaciar provocó una ola, el desbordamiento del agua y la destrucción de infraestructura aguas abajo.
Este tipo de amenaza también se observa en otras cordilleras. El crecimiento de lagos formados por el retroceso de glaciares de montaña aumenta la exposición de millones de personas a inundaciones repentinas.
Una referencia para mejorar los modelos climáticos
La cronología del valle de Dri ofrece a los científicos una referencia para comprobar la precisión de los modelos utilizados para simular el clima y la evolución de los glaciares.
Un modelo que logra reproducir correctamente la extensión conocida del hielo durante periodos pasados genera mayor confianza cuando se emplea para proyectar su respuesta futura ante diferentes niveles de calentamiento.
La reconstrucción también llena un importante vacío geográfico en la historia glaciar del Himalaya oriental. Hasta este trabajo, gran parte de las cronologías disponibles se concentraba en otras zonas de la cordillera y no representaba adecuadamente a las regiones dominadas por el monzón.
Los resultados permiten distinguir con mayor claridad el papel de la temperatura y de las precipitaciones. Esa separación es esencial para evaluar el futuro de los glaciares en un clima donde pueden aumentar simultáneamente el calor y la humedad.
Una advertencia conservada en las rocas
La antigua extensión del glaciar del valle de Dri demuestra que el Himalaya oriental fue capaz de sostener enormes masas de hielo cuando las temperaturas eran suficientemente bajas, incluso durante periodos con menos precipitaciones.
Su reducción desde casi 100 kilómetros hasta remanentes inferiores a cinco kilómetros muestra la magnitud de los cambios que pueden producirse cuando el clima cruza determinados umbrales.
La enseñanza principal es que una mayor cantidad de lluvia no compensa necesariamente el calentamiento. Cuando la precipitación deja de caer como nieve, el aporte del monzón ya no protege al glaciar y puede coincidir con una aceleración de la pérdida de hielo.
La cronología obtenida mediante berilio-10 permite observar ese proceso a lo largo de decenas de miles de años y aporta una base científica para anticipar cómo responderán los glaciares húmedos del Himalaya oriental a las temperaturas futuras.
Fuente(s) referenciales
