Imágenes satelitales muestran que una masa de hielo cayó desde unos 5.200 metros y generó una avalancha de rocas, agua y sedimentos cerca de la frontera con China
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Raúl Méndez C.
Una avalancha de hielo y rocas procedente de un glaciar aparece como la principal explicación de la crecida repentina que arrasó este miércoles 26 de agosto de 2026 varias comunidades próximas a la frontera de Nepal con el Tíbet, en China. Las autoridades habían recuperado 95 cuerpos en territorio nepalí cuando se difundió el informe inicial y buscaban a cientos de personas desaparecidas.
El desastre afectó especialmente al distrito montañoso de Rasuwa y envió una corriente cargada de agua, barro, hielo, rocas y sedimentos hacia los sistemas fluviales Bhote Koshi y Trishuli. El flujo destruyó viviendas, carreteras, puentes, vehículos, redes de comunicación e instalaciones hidroeléctricas.
China confirmó además víctimas y desaparecidos en el condado tibetano de Gyirong. Los balances continuaban cambiando durante las operaciones de búsqueda, por lo que las cifras procedentes de ambos lados de la frontera debían considerarse provisionales y podían presentar diferencias o superposiciones.
Las imágenes satelitales revelaron la caída del glaciar
El científico de la Tierra Dan Shugar, profesor asociado de la Universidad de Calgary, examinó imágenes de Planet Labs captadas antes y después del desastre. La comparación mostró que la parte inferior de un glaciar situado a unos 5.200 metros de altitud se había desprendido.
La masa cayó aproximadamente 1.200 metros hasta el fondo del valle. El impacto movilizó hielo, nieve y roca, y generó una avalancha capaz de incorporar agua y grandes cantidades de sedimentos a medida que descendía.
Prakash Pokharel, geólogo de la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres de Nepal, describió el fenómeno como una avalancha de hielo y roca. La institución informó que la crecida de origen glaciar comenzó en el río Lhende tras un deslizamiento localizado unos 20 kilómetros al noreste de un cruce fronterizo entre Nepal y China.
Las imágenes posteriores mostraron laderas y fondos de valle cubiertos por material marrón donde antes existían áreas verdes. La amplitud de los depósitos permitió descartar que se tratara únicamente de una inundación fluvial ordinaria, aunque la reconstrucción científica completa requerirá mediciones adicionales.
Un posible sismo figura entre las causas investigadas
Las autoridades nepalíes señalaron inicialmente que un movimiento sísmico registrado minutos antes podía haber desestabilizado el glaciar y desencadenado el desprendimiento. Los especialistas todavía no habían confirmado esa relación al difundirse los primeros análisis.
Para demostrar que el sismo actuó como detonante será necesario comparar su hora, ubicación, profundidad y ondas con el momento exacto del colapso. La coincidencia temporal constituye una pista, pero no prueba por sí sola una conexión causal.
También deben analizarse la temperatura, la fusión reciente de nieve, las fracturas internas del hielo, la pendiente y la estabilidad de la roca subyacente. Shugar observó en las imágenes que varios glaciares de la zona habían perdido una cantidad considerable de nieve durante las 24 horas anteriores, lo que sugiere condiciones posiblemente cálidas.
El investigador advirtió que todavía no disponía de datos de estaciones meteorológicas para confirmar esa hipótesis. Las obras e infraestructuras presentes en el valle también deberán incluirse en la investigación antes de establecer una secuencia definitiva del desastre.
La avalancha se transformó en una corriente de gran alcance
Una avalancha de hielo y roca puede aumentar rápidamente de volumen durante el descenso. El material inicial rompe y arrastra fragmentos del terreno, incorpora agua, erosiona las laderas y moviliza sedimentos acumulados en el cauce.
Cuando la mezcla llega a un río estrecho de montaña, la corriente adquiere una elevada densidad y capacidad destructiva. Los grandes bloques golpean puentes y edificios, mientras el barro cubre caminos, viviendas y terrenos agrícolas.
El Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas informó que la crecida envió una potente oleada por los ríos Bhote Koshi y Trishuli. En Galchhi, aguas abajo, el nivel habría aumentado hasta nueve metros en apenas 30 minutos.
La rapidez del ascenso dejó poco margen para evacuar. En los valles montañosos, las curvas del río, las gargantas y los puentes pueden concentrar temporalmente troncos y rocas; si esa obstrucción cede, libera una nueva oleada hacia las comunidades situadas río abajo.
Cientos de viajeros y residentes estaban desaparecidos
El Gobierno de Nepal informó inicialmente de más de 300 viajeros desaparecidos. En otros balances difundidos durante el mismo día aparecieron cifras superiores, debido a la dificultad para localizar residentes, trabajadores, peregrinos y turistas extranjeros que transitaban por ambos lados de la frontera.
Rasuwa, con unos 50.000 habitantes, alberga rutas comerciales, instalaciones hidroeléctricas y recorridos utilizados por visitantes. Numerosos viajeros se dirigían a destinos religiosos y de montaña cuando la crecida interrumpió carreteras y comunicaciones.
Las autoridades debían distinguir entre personas atrapadas, incomunicadas, desplazadas y realmente desaparecidas. Esa verificación exige cruzar registros fronterizos, listas de operadores turísticos, alojamientos, permisos y avisos presentados por familiares.
La destrucción de vías y puentes dificultó el acceso terrestre. Helicópteros, personal militar, policías y equipos de emergencia participaron en la evacuación de sobrevivientes y el traslado de heridos, mientras las corrientes altas y el terreno inestable mantenían cerradas algunas zonas.
La energía hidroeléctrica también quedó expuesta
Varias centrales y obras hidroeléctricas se encuentran en las áreas más afectadas de Rasuwa. Estas instalaciones dependen de carreteras, puentes, líneas eléctricas, tuberías y estructuras construidas junto a cauces estrechos, donde una corriente cargada de rocas puede producir daños severos.
Los sedimentos pueden bloquear tomas, dañar turbinas, erosionar canales y modificar el lecho del río. Incluso las centrales que no sufren destrucción directa pueden quedar fuera de servicio por la pérdida de acceso, comunicaciones o conexión con la red.
Un desastre ocurrido en 2023 en el Himalaya mostró cómo una cascada iniciada por el colapso de material sobre un lago glaciar destruyó centrales hidroeléctricas y transportó sedimentos a lo largo de cientos de kilómetros. El análisis de los desastres encadenados en las montañas del Himalaya destacó que las infraestructuras aguas abajo deben diseñarse considerando fenómenos que se originan a gran altura.
El calentamiento altera la estabilidad de la alta montaña
No se había determinado si el cambio climático provocó directamente el colapso del glaciar. Para establecer esa atribución se necesita estudiar la evolución de la masa de hielo, las temperaturas recientes y de largo plazo, la presencia de agua interna y los posibles detonantes inmediatos.
Existe, sin embargo, un contexto regional documentado de rápida pérdida de hielo. Las montañas de Nepal perdieron cerca de un tercio de su hielo en poco más de tres décadas, según datos de Naciones Unidas difundidos en 2023.
Los glaciares de la región se derritieron un 65 % más rápido durante la década más reciente que en la anterior. Este retroceso modifica las pendientes, deja roca sin apoyo, forma lagos y aumenta la circulación de agua dentro y debajo de las masas de hielo.
Noticias de la Tierra informó que los glaciares del Hindu Kush-Himalaya podrían perder hasta el 80 % de su volumen durante este siglo bajo los escenarios de calentamiento más elevados.
El fenómeno no fue confirmado como ruptura de un lago glaciar
Las primeras versiones incluyeron la posibilidad de una inundación por el vaciamiento de un lago glaciar. Este tipo de evento, conocido como GLOF por sus siglas en inglés, ocurre cuando falla la barrera de hielo, roca o sedimentos que contiene el agua.
El análisis posterior de las imágenes apuntó principalmente a una avalancha de hielo y roca. Ambas clases de desastre pueden producir crecidas súbitas, pero sus mecanismos no son idénticos y requieren medidas de vigilancia diferentes.
Una avalancha puede caer directamente sobre un río o golpear un lago y generar una ola que desborde su barrera. También puede bloquear temporalmente un cauce y crear una presa inestable cuya ruptura libera el agua acumulada.
La investigación tendrá que determinar si el colapso glaciar produjo directamente la oleada, si formó una obstrucción temporal o si interactuó con agua previamente almacenada. Los riesgos generales de las inundaciones repentinas originadas en glaciares de montaña afectan a millones de habitantes de valles situados aguas abajo.
Los satélites ayudan a reconstruir desastres inaccesibles
La elevada altitud, las nubes, la destrucción de caminos y el peligro de nuevos desprendimientos dificultan las inspecciones inmediatas. Las imágenes satelitales permiten comparar el paisaje, identificar zonas de ruptura y delimitar el recorrido de los escombros sin exponer equipos en tierra.
Los especialistas pueden combinar esas observaciones con señales sísmicas, registros hidrológicos, modelos digitales de elevación y fotografías aéreas. La información conjunta permite estimar cuándo ocurrió el desprendimiento, cuánto material se movilizó y cómo avanzó la corriente.
Un estudio de un antiguo colapso glaciar en el Himalaya mostró que la temperatura y las condiciones internas del hielo pueden reconstruirse para comprender por qué una masa aparentemente estable terminó fallando.
El análisis de Nepal deberá evaluar además si existían deformaciones o grietas visibles antes del desastre. Una señal detectable con anticipación podría ayudar a mejorar la vigilancia de otras laderas glaciares con características semejantes.
La alerta debe atravesar fronteras y cuencas completas
La emergencia se originó cerca de una frontera internacional, pero el flujo siguió el sistema fluvial sin detenerse en los límites administrativos. Los avisos deben transmitirse rápidamente entre China y Nepal y alcanzar también a las comunidades situadas río abajo.
Las estaciones de nivel, sensores sísmicos, cámaras, radares e imágenes satelitales pueden ayudar a detectar colapsos o ascensos súbitos del agua. Una alerta eficaz necesita además comunicaciones resistentes, rutas de evacuación conocidas y lugares seguros ubicados fuera del cauce.
Las zonas de riesgo requieren inventarios actualizados de glaciares, lagos y pendientes inestables. También deben evaluarse carreteras, puentes y centrales hidroeléctricas que podrían multiplicar los daños o quedar aislados durante una emergencia.
La reducción de emisiones puede limitar la velocidad futura de la pérdida glaciar, pero no elimina los riesgos ya presentes. Las comunidades del Himalaya necesitan vigilancia de alta montaña, cooperación internacional y planificación territorial adaptada a fenómenos capaces de recorrer decenas o cientos de kilómetros en poco tiempo.
Fuentes referenciales:
Infobae
Reuters
Associated Press




