Un análisis de 25 grandes ciudades encontró que solo el 11,6 % de unas 2.500 medidas climáticas incorpora áreas verdes o espacios urbanos abiertos
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Javier Morales O.
Las áreas verdes continúan ocupando un lugar secundario en las estrategias climáticas de las grandes ciudades europeas, pese a su capacidad para reducir temperaturas y absorber agua de lluvia. Investigadores de la Universidad Martín Lutero de Halle-Wittenberg y la Universidad Justus Liebig de Giessen, en Alemania, llegaron a esta conclusión después de analizar los documentos de planificación de 25 capitales y grandes urbes de Europa.
El equipo examinó alrededor de 2.500 medidas y encontró que únicamente el 11,6 % incluía espacios verdes o áreas urbanas abiertas. Los resultados, publicados en la revista científica Progress in Disaster Science, muestran que la mayoría de los planes concede más atención a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que a preparar los territorios para impactos ya presentes, como olas de calor, tormentas y precipitaciones intensas.
Los planes priorizan la reducción de emisiones
Los investigadores clasificaron las medidas según su tipo, objetivo y relación con la infraestructura verde y los espacios abiertos. El análisis confirmó que la acción climática aparece como una prioridad estratégica en casi todos los documentos estudiados, pero también reveló una diferencia marcada entre mitigación y adaptación.
Las acciones de mitigación buscan limitar las causas del cambio climático mediante la reducción o prevención de emisiones. Las de adaptación, en cambio, intentan disminuir la vulnerabilidad ante consecuencias que ya se manifiestan. Aunque las áreas verdes aparecen con mayor frecuencia en las propuestas de adaptación, su presencia sigue siendo limitada en el conjunto de los planes.
Marcin Spyra, investigador del Instituto de Geociencias y Geografía de la Universidad Martín Lutero, señaló que los beneficios de la vegetación urbana están ampliamente estudiados, pero ese conocimiento todavía no se refleja de manera consistente en las estrategias de numerosas ciudades.
La preferencia por las medidas de mitigación estaría relacionada parcialmente con los objetivos climáticos de la Unión Europea, centrados principalmente en disminuir emisiones. Otro estudio sobre los planes de neutralidad climática de ciudades europeas también mostró el peso que reciben la descarbonización y la eliminación de dióxido de carbono en la agenda municipal.
Viena y Estocolmo reflejan enfoques opuestos
La importancia concedida a la infraestructura verde varió considerablemente entre las urbes evaluadas. Viena fue la ciudad que más integró los espacios verdes y abiertos, con 30 medidas identificadas en sus documentos. Estocolmo, por el contrario, fue la única ciudad donde el análisis no encontró ninguna medida de esa clase.
La estrategia de la capital sueca se concentra especialmente en reducir emisiones. Esta diferencia no implica que Estocolmo carezca de parques, vegetación o proyectos ambientales, porque la investigación evaluó los documentos estratégicos seleccionados y no realizó un inventario de las intervenciones ejecutadas en cada territorio.
El contraste entre ambas ciudades muestra que la infraestructura verde no tiene una posición uniforme dentro de la política climática europea. Su incorporación depende de las prioridades locales, la forma de redactar los planes y el equilibrio adoptado entre reducción de emisiones y preparación ante amenazas.
Vegetación urbana contra el calor y las lluvias intensas
Las ciudades concentran edificios, población y superficies impermeables que acumulan calor e impiden que el agua penetre naturalmente en el suelo. Estas condiciones aumentan la exposición durante las olas de calor y pueden sobrecargar los sistemas de drenaje cuando se producen precipitaciones abundantes.
Árboles, parques, jardines, corredores vegetales y suelos permeables pueden proporcionar sombra, favorecer la evapotranspiración y retener parte de la escorrentía. El efecto térmico depende, sin embargo, de la especie, el tamaño, la disponibilidad de agua, el mantenimiento y la ubicación. Investigaciones recientes indican que la cobertura arbórea compensa una parte del calentamiento urbano, aunque los beneficios no se distribuyen de manera equitativa.
Los espacios pequeños también pueden desempeñar una función relevante donde resulta difícil crear parques extensos. Patios, jardines, azoteas y parcelas sin pavimentar forman una red capaz de generar alivio térmico local, como muestran los estudios sobre el enfriamiento aportado por pequeñas áreas verdes durante las olas de calor.
La vegetación urbana puede ofrecer beneficios adicionales para la biodiversidad cuando conecta hábitats y permite el desplazamiento de especies. Para lograrlo, su diseño debe considerar la continuidad ecológica y no limitarse a intervenciones ornamentales aisladas. La planificación de espacios urbanos útiles para las personas y la fauna ilustra la necesidad de integrar estas funciones.
Los estacionamientos pavimentados ofrecen una oportunidad
Los autores destacan que algunas superficies ya selladas, entre ellas los estacionamientos, podrían contribuir a la adaptación si fueran rediseñadas. Sustituir pavimento por vegetación y suelo permeable permitiría recuperar capacidad de infiltración, añadir sombra y reducir la acumulación de calor.
La transformación plantea decisiones complejas sobre el uso del suelo. Las ciudades necesitan vivienda, escuelas, transporte y otros servicios, pero también requieren biodiversidad y ecosistemas funcionales. Sina Hammermeister, quien realizó el estudio como parte de su tesis de maestría en la Universidad Martín Lutero, subrayó que decidir cómo utilizar los espacios urbanos abiertos está lejos de ser una cuestión trivial.
Además de reservar terreno, las autoridades deben determinar dónde produciría mayores beneficios una intervención. La exposición al calor y el acceso a parques o arbolado no son iguales en todos los barrios. Una política de justicia térmica en las ciudades requiere priorizar las zonas más vulnerables y acompañar las mejoras ambientales con medidas que eviten el desplazamiento de sus habitantes.
El estudio evaluó planes, no obras ejecutadas
El análisis se concentró en los informes estratégicos de las 25 ciudades y no comprobó la aplicación material de cada medida. Por esa razón, sus resultados describen el lugar que ocupan las áreas verdes dentro de la planificación formal, pero no permiten afirmar cuánto ha construido, restaurado o protegido realmente cada municipio.
Esta limitación también significa que una ciudad podría desarrollar actuaciones no recogidas en los documentos examinados. Aun así, los investigadores sostienen que la planificación es decisiva porque fija prioridades, orienta presupuestos y proporciona el marco que permite pasar de una intención general a proyectos concretos.
El estudio propone integrar con mayor claridad la vegetación y los espacios abiertos en las políticas climáticas urbanas. Esa incorporación no sustituye la reducción de emisiones: amplía la respuesta municipal al conectar mitigación, adaptación, gestión del agua, biodiversidad y ordenamiento territorial.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad Martín Lutero de Halle-Wittenberg
Progress in Disaster Science




