Un análisis de 103 planes de neutralidad climática advierte que los municipios necesitarían retirar cerca de 61 millones de toneladas de emisiones de la atmósfera.
Redactora: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Las ciudades europeas están formulando planes climáticos muy ambiciosos para 2030, pero una parte considerable de sus objetivos depende de retirar dióxido de carbono de la atmósfera. Un análisis de los programas de neutralidad climática de 103 ciudades, entre ellas 22 capitales, encontró que los municipios prevén compensar mediante eliminaciones de carbono aproximadamente una quinta parte de sus emisiones.
Alcanzar esa meta requeriría retirar cerca de 61 millones de toneladas de emisiones de la atmósfera, una cantidad próxima a las emisiones anuales de Austria. El resultado muestra la escala que tendría que alcanzar la eliminación de dióxido de carbono para que los compromisos municipales puedan cumplirse.
El estudio fue dirigido por el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea y contó con científicos del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático. Los resultados se publicaron en la revista Nature Climate Change.
Energía y transporte concentran las emisiones residuales
La investigación examinó las emisiones residuales, es decir, aquellas que permanecerían después de aplicar las medidas de reducción previstas en los planes climáticos. La mayor parte se concentra en los sectores de energía y transporte, con medianas del 50 % y el 31 %, respectivamente.
Esta distribución llamó la atención de los investigadores porque ambos sectores se consideran relativamente fáciles de descarbonizar en comparación con actividades en las que eliminar completamente las emisiones resulta técnica o económicamente más difícil.
Los autores advierten que los plazos estrictos y las restricciones propias de los entornos urbanos podrían estar llevando a algunas ciudades a priorizar la rapidez y el costo inmediato de las medidas sobre transformaciones más profundas. De esta manera, emisiones que todavía podrían evitarse terminarían clasificadas como residuales y serían trasladadas a futuros mecanismos de compensación.
Quirina Rodriguez Mendez, científica del Instituto de Potsdam y coautora del estudio, reconoció que los objetivos municipales son extraordinariamente ambiciosos y pueden servir de inspiración. Sin embargo, señaló que las ciudades emplean criterios poco precisos para determinar de dónde procederán sus emisiones residuales y quizá no hayan considerado suficientemente las alternativas para eliminarlas desde el origen.
Un índice revela debilidades en los planes municipales
El equipo desarrolló el índice RESRI para medir la solidez de las estrategias relacionadas con emisiones residuales. La evaluación identificó deficiencias en el seguimiento y en la cuantificación de cuánto carbono podrá retirarse dentro de las ciudades y en qué momento estará disponible esa capacidad.
Las estimaciones actuales sobre capacidad de eliminación apenas cubren el 18 % del total de emisiones residuales calculadas. Esta brecha implica que gran parte de la compensación contemplada para 2030 todavía carece de una capacidad concreta y cuantificada que permita garantizar su ejecución.
La transparencia contable será decisiva para evitar que las eliminaciones prometidas existan únicamente sobre el papel. Los investigadores sostienen que cada tonelada compensada deberá retirarse realmente y quedar registrada mediante sistemas sólidos de medición y seguimiento.
Los árboles dominan las estrategias urbanas
Los 103 planes analizados dependen principalmente de métodos terrestres, en especial la plantación de árboles. Esta opción puede ser una herramienta rentable de eliminación de carbono, pero su aplicación en las ciudades enfrenta limitaciones relacionadas con el espacio disponible y la permanencia del almacenamiento.
Los terrenos urbanos deben responder simultáneamente a necesidades de vivienda, salud, energía, movilidad y áreas verdes. Pese a esa competencia por el suelo, los planes de neutralidad climática estudiados no incluyen evaluaciones detalladas de la superficie disponible para los proyectos terrestres de captura de carbono.
También existe una diferencia entre retirar carbono temporalmente y almacenarlo de forma permanente. Los árboles pueden conservar carbono durante periodos prolongados, pero ese almacenamiento queda expuesto a incendios, enfermedades, talas, cambios de uso del suelo y otros factores capaces de devolverlo a la atmósfera.
Las soluciones permanentes aparecen en pocos planes
Solo el 32 % de los programas municipales menciona algún método permanente de eliminación de carbono. La bioenergía con captura y almacenamiento está presente en el 27 % de los planes, el biocarbón en el 13 % y la captura directa de aire con almacenamiento en el 7 %.
Estas opciones forman parte de un campo tecnológico en expansión, aunque persisten diferencias importantes entre la captura de emisiones en instalaciones industriales y la extracción del CO₂ que ya se encuentra disperso en la atmósfera. La tecnología de captura de carbono requiere infraestructura, energía, almacenamiento seguro y normas claras para demostrar que la retirada sea duradera.
Los créditos de carbono aparecen en el 40 % de los planes. No obstante, con frecuencia están definidos de manera insuficiente, se presentan como una opción de último recurso y generan desconfianza incluso entre las propias ciudades que contemplan utilizarlos.
Reducir primero y compensar solo lo inevitable
El estudio propone adelantar las reducciones directas de emisiones y reservar la categoría de emisiones residuales exclusivamente para los sectores realmente difíciles de descarbonizar. Esto evitaría utilizar la eliminación de carbono como sustituto de medidas disponibles en energía, transporte u otras actividades urbanas.
Los autores también recomiendan aplicar medidas sobre la demanda, capaces de disminuir las emisiones entre un 40 % y un 80 %, dependiendo del contexto. Estos cambios pueden abarcar la manera en que las ciudades consumen energía, organizan la movilidad y planifican sus servicios e infraestructura.
Mantener la neutralidad climática a largo plazo probablemente exigirá complementar las soluciones temporales basadas en la tierra con métodos permanentes. El despliegue responsable de estas alternativas necesitará claridad regulatoria, infraestructura adecuada y apoyo previsible de gobiernos nacionales y organismos internacionales.
La evaluación muestra que fijar una meta de cero emisiones netas no garantiza por sí sola una estrategia sólida. Las ciudades deberán precisar qué emisiones no pueden evitar, qué métodos utilizarán para retirarlas, dónde se desarrollarán los proyectos y cómo comprobarán que el carbono permanezca almacenado durante el tiempo previsto.
Fuente(s) referenciales
Phys.org — Potsdam Institute for Climate Impact Research
