Una investigación liderada desde Alemania muestra que mantener el nivel freático cerca de la superficie reduce la respuesta de estos ecosistemas al calentamiento.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo internacional encabezado por la Universidad de Münster, en Alemania, ha identificado cómo la profundidad del agua condiciona las emisiones de dióxido de carbono de las turberas frente al calor. Su estudio, publicado el 4 de septiembre de 2026 en Nature Communications, muestra que un nivel freático elevado puede amortiguar el aumento de emisiones asociado a temperaturas altas.
El hallazgo aporta una razón adicional para recuperar la humedad de las turberas drenadas: además de reducir la exposición de la turba al oxígeno, permite limitar su sensibilidad térmica. La investigación examina esta interacción mediante observaciones de ecosistemas templados y boreales.
Una comparación de 114 turberas
Los investigadores reunieron 276 años-sitio de mediciones en 114 turberas, con registros de Alemania, Estonia, Francia, Reino Unido y Norteamérica, entre otros lugares. Cada año-sitio representa las observaciones de un emplazamiento durante un año. La muestra incluyó ambientes naturales, terrenos agrícolas, pastizales y zonas utilizadas para extraer turba.
El equipo empleó aprendizaje automático interpretable para analizar relaciones que no siguen una línea simple. También contrastó los resultados anuales con un conjunto de 113 años-sitio de mediciones diarias, que permitió examinar la respuesta a variaciones de temperatura a plazos más cortos.
Este enfoque complementa otras investigaciones sobre los límites físicos del almacenamiento de carbono en las turberas: conservar el depósito acumulado requiere entender tanto su estabilidad como los procesos que regulan sus emisiones.
La profundidad del agua modifica la respuesta térmica
El análisis encontró una reducción de las emisiones de CO₂ cuando el agua ascendía desde niveles profundos hasta situarse a menos de unos 60 a 75 centímetros de la superficie. Para lograr la mayor mitigación de CO₂, identificó niveles freáticos a 20 centímetros de profundidad o más cerca de la superficie.
Las mediciones diarias reforzaron el resultado: con temperaturas cálidas, un nivel freático alto amortiguaba las emisiones inducidas por el calor, mientras que uno profundo intensificaba esa respuesta. Los valores describen patrones del conjunto estudiado y requieren interpretarse según las condiciones de cada turbera.
En estos suelos, la saturación limita el oxígeno disponible y ralentiza la descomposición de los restos vegetales. El drenaje facilita su entrada y acelera la actividad microbiana que libera CO₂. Recuperar el agua interviene sobre ese mecanismo.
El balance climático necesita medir otros gases
La investigación se concentró exclusivamente en el dióxido de carbono. Evaluar el efecto climático completo de la rehumectación exige incorporar también el metano y el óxido nitroso, cuyas emisiones pueden cambiar después de la intervención.
La importancia de esa distinción aparece en los antecedentes sobre emisiones de metano en turberas boreales alteradas en Canadá. También conviene diferenciar estos ecosistemas de los humedales ribereños, donde se han documentado beneficios de restauración para el carbono y la resistencia a la sequía. Los resultados de un ambiente no se trasladan automáticamente a otro.
Para el equipo de Münster, restaurar las condiciones húmedas puede adquirir mayor importancia conforme avance el calentamiento. El seguimiento debe comprobar cómo evolucionan simultáneamente el agua, la temperatura y los distintos gases de efecto invernadero.
Fuentes referenciales:
Nature Communications: estudio de Nicolas Behrens y colaboradores sobre la interacción entre nivel freático, temperatura y flujos de CO₂
Universidad de Münster: el nivel del agua determina la sensibilidad de las turberas al calentamiento




