Un modelo de la Universidad de Nottingham estima un crecimiento máximo inferior al utilizado en algunas proyecciones climáticas
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Una investigación de la Universidad de Nottingham plantea que las turberas podrían perder estabilidad antes de alcanzar todo el potencial de almacenamiento de carbono que les atribuyen algunas proyecciones. El estudio, publicado en Scientific Reports, incorpora el peso de la turba acumulada como un límite físico capaz de provocar grietas, desplazamientos, deslizamientos y erosión.
Los investigadores emplearon modelos de simulación para examinar cómo cambia la estabilidad de estos ecosistemas a medida que aumenta su espesor. Sus resultados sugieren que el volumen de las turberas podría expandirse hasta aproximadamente 1,48 veces su tamaño actual, por debajo del factor de 1,71 considerado en las proyecciones comparadas por el equipo.
La diferencia es relevante para las estimaciones sobre el papel de estos humedales en la regulación del clima. Las turberas ocupan cerca del 3 % de la superficie terrestre mundial, pero conservan grandes cantidades de materia orgánica gracias a unas condiciones saturadas de agua que ralentizan su descomposición.
La acumulación de turba también incrementa la inestabilidad
Las turberas se forman durante miles de años mediante la acumulación parcial de musgos, raíces, tallos y otros restos vegetales. Ese proceso retira carbono de la circulación durante largos periodos, siempre que el suelo permanezca húmedo y la materia orgánica no sea erosionada ni expuesta a una descomposición acelerada.
El nuevo trabajo añade una restricción mecánica a ese proceso. Conforme aumenta la profundidad de la turba, también crecen su masa y la presión ejercida sobre las capas inferiores. Dependiendo de la pendiente, la estructura del terreno y las propiedades del material, el depósito puede alcanzar un punto en el que su propia estabilidad quede comprometida.
El modelo indica que numerosas turberas podrían encontrarse cerca de sus límites naturales de almacenamiento o incluso más allá de los umbrales calculados. Esto no significa que todas vayan a colapsar ni que el carbono acumulado se libere inmediatamente a la atmósfera. Se trata de una estimación física que identifica condiciones bajo las cuales aumentaría el riesgo de movimiento, erosión y pérdida de materia orgánica.
El balance de carbono de los humedales también depende de flujos que no siempre quedan reflejados al observar únicamente el material depositado. Investigaciones sobre cómo los arroyos de marea modifican el balance de carbono en las marismas muestran que el transporte lateral puede alterar considerablemente los cálculos de retención.
Profundidad y pendiente entran en los cálculos climáticos
Richard Large, integrante del equipo investigador, señaló que la profundidad de la turba, la pendiente y la estabilidad deben considerarse al evaluar si los beneficios climáticos de estos ecosistemas pueden mantenerse a largo plazo. La advertencia afecta tanto a las proyecciones globales como a los proyectos que cuantifican futuras capturas de carbono.
Hasta ahora, parte de las estimaciones se ha concentrado en variables como la disponibilidad de agua, el crecimiento vegetal, la temperatura y la velocidad de descomposición. El estudio sostiene que esos factores no bastan para determinar cuánto carbono adicional puede acumular una turbera si no se analiza también la capacidad del depósito para soportar su propio peso.
Esta perspectiva resulta especialmente importante en áreas inclinadas o sometidas a alteraciones hidrológicas. La transformación del territorio puede modificar el equilibrio entre el agua y el suelo, como demuestra el antecedente de la conversión de humedales en un extenso bosque de pinos en Francia. Aunque se trata de un contexto diferente, evidencia que los cambios de drenaje y uso del suelo pueden reconfigurar profundamente estos ecosistemas.
La protección de las turberas sigue siendo prioritaria
Los resultados no reducen la importancia de conservar y restaurar las turberas. Por el contrario, refuerzan la necesidad de evitar su drenaje, erosión y degradación, procesos que pueden exponer el carbono retenido durante siglos o milenios. La principal implicación es que las expectativas de almacenamiento adicional deben ajustarse a las condiciones físicas de cada lugar.
Las intervenciones de restauración necesitan considerar la hidrología, la topografía y la estabilidad del suelo, además de recuperar la vegetación característica. Experiencias como el uso de árboles reciclados para restaurar humedales costeros en Luisiana ilustran cómo las actuaciones adaptadas al terreno pueden ayudar a retener sedimentos y reconstruir hábitats degradados.
Otros ecosistemas húmedos también muestran que la recuperación es posible cuando disminuyen las presiones directas y se aplican medidas de conservación. La reciente recuperación de manglares en distintas regiones del mundo aporta un referente sobre el valor de proteger simultáneamente la biodiversidad, el suelo y los depósitos naturales de carbono.
La investigación de Nottingham propone incorporar los umbrales mecánicos en los modelos climáticos y en las evaluaciones de proyectos de restauración. El objetivo es evitar que la capacidad futura de las turberas sea sobreestimada y distinguir entre el carbono que podría acumularse biológicamente y aquel que el terreno puede conservar de manera físicamente estable.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Scientific Reports




