La ley de 1857 impulsó el drenaje y cultivo de las Landas de Gascuña, una intervención vinculada con el saneamiento, la lucha contra las fiebres y el desarrollo económico
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
Una intervención territorial promovida durante el gobierno de Napoleón III transformó profundamente las Landas de Gascuña, en el suroeste de Francia. El drenaje de extensas áreas anegadas y la plantación generalizada de pino marítimo convirtieron aquel paisaje de brezales, pastos y humedales estacionales en el mayor bosque plantado de Europa occidental.
La transformación se consolidó a partir de la ley francesa del 19 de junio de 1857, relativa al saneamiento y la puesta en cultivo de las Landas de Gascuña. La norma obligó a los municipios de los departamentos de Landas y Gironda a drenar determinados terrenos comunales y aprovecharlos mediante actividades agrícolas o forestales.
El componente sanitario ocupó un lugar importante en la justificación del proyecto. Las aguas estancadas favorecían la presencia de mosquitos y las fiebres palúdicas afectaban a la población regional. Sin embargo, la interpretación de la malaria como única causa de la reforestación continúa siendo discutida, pues también intervinieron objetivos económicos, agrarios y de ordenación territorial.
Una llanura anegada durante buena parte del año
Antes de la expansión forestal, la meseta interior de las Landas tenía suelos arenosos, pobres y con escasa pendiente. Una capa impermeable dificultaba la infiltración del agua, por lo que grandes extensiones permanecían inundadas durante el invierno y podían secarse intensamente durante el verano.
Las comunidades locales habían desarrollado un sistema agropastoral adaptado a esas condiciones. Los rebaños recorrían los terrenos comunales y los pastores utilizaban zancos para desplazarse por áreas húmedas, vigilar a los animales y atravesar la vegetación baja.
El paisaje tampoco era completamente desarbolado. En la franja litoral ya existían pinares y se habían realizado trabajos anteriores para estabilizar dunas. La gran intervención del siglo XIX se concentró sobre todo en la meseta interior y amplió de manera extraordinaria la superficie dominada por el pino marítimo.
La ley de 1857 unió drenaje y plantaciones
La política aplicada bajo Napoleón III estableció que los terrenos municipales debían sanearse y ponerse en producción. Para ello se construyó una red de zanjas y canales destinada a evacuar el agua acumulada, antes de extender las plantaciones forestales.
El ingeniero Jules Chambrelent es una de las figuras asociadas con el proyecto, aunque otros técnicos también participaron en el diseño y ejecución de las obras hidráulicas. Napoleón III adquirió además una extensa propiedad en la región para crear la finca imperial de Solférino, donde se ensayaron métodos agrícolas, drenajes, pozos y plantaciones de pinos.
El pino marítimo se adaptaba a los suelos arenosos, podía establecerse con relativa facilidad y ofrecía productos comercializables. Su implantación acompañó al drenaje, pero no debe interpretarse como si las raíces de los árboles hubieran sustituido por sí solas las obras hidráulicas: los canales fueron esenciales para modificar el régimen del agua.
La experiencia francesa recuerda que las intervenciones forestales pueden cambiar el balance hídrico de territorios completos. En otros contextos, se ha observado que la reforestación puede redistribuir el agua durante décadas, con efectos que dependen del clima, el suelo, las especies plantadas y la escala del proyecto.
La malaria formó parte de una transformación más amplia
Durante el siglo XIX, la relación entre aguas estancadas y determinadas fiebres era reconocida, aunque todavía no se había establecido científicamente el papel de los mosquitos del género Anopheles en la transmisión de la malaria. El parásito responsable de la enfermedad fue identificado posteriormente y la vía de contagio mediante mosquitos se confirmó hacia finales de esa centuria.
El drenaje reducía los espacios adecuados para la reproducción de los insectos, por lo que el saneamiento podía disminuir la exposición de la población. No obstante, atribuir la desaparición regional de la malaria exclusivamente a los pinares simplifica un proceso en el que también influyeron las obras hidráulicas, las mejoras habitacionales, los cambios sociales y los avances sanitarios.
Los historiadores tampoco coinciden plenamente sobre cuántos episodios febriles registrados en las Landas correspondían realmente al paludismo. En una época anterior a los diagnósticos modernos, otras enfermedades podían producir cuadros parecidos. Esa incertidumbre aconseja describir la intervención como un proyecto de saneamiento vinculado con la lucha contra las fiebres, además de una operación productiva y territorial.
El bosque alteró la economía y la sociedad rural
La expansión del pino marítimo modificó casi un millón de hectáreas y desplazó progresivamente el antiguo sistema de pastoreo comunal. El nuevo paisaje generó actividades relacionadas con la madera y la extracción de resina, utilizada para producir trementina y colofonia.
El proceso también cambió la propiedad y el aprovechamiento del territorio. Numerosos terrenos comunales fueron vendidos o incorporados a explotaciones privadas, mientras que las comunidades pastoriles perdieron espacios necesarios para mantener su forma tradicional de vida.
La historia muestra que una campaña de plantación no debe evaluarse únicamente por el número de árboles incorporados. La reforestación masiva puede transformar funciones ambientales y económicas, pero también producir consecuencias sociales que deben considerarse desde el comienzo.
Los conocimientos actuales subrayan además la importancia de seleccionar especies compatibles con cada ecosistema. Existen experiencias donde los pinos plantados escaparon de las áreas previstas y modificaron paisajes completos, una advertencia sobre los riesgos de utilizar una sola especie a gran escala fuera de su contexto ecológico.
Un pinar productivo expuesto a incendios y tormentas
El macizo de las Landas continúa siendo un territorio forestal de enorme relevancia económica, pero su predominio del pino marítimo también concentra vulnerabilidades. Los incendios, las tormentas, las plagas y las sequías pueden afectar simultáneamente grandes superficies cuando las masas forestales tienen edades y estructuras semejantes.
Esta realidad ha reforzado el interés por diversificar los paisajes, conservar áreas húmedas y favorecer una mayor variedad de hábitats. Las estrategias contemporáneas de recuperación forestal, como las iniciativas para restaurar bosques después de grandes incendios, buscan mejorar la capacidad de los ecosistemas para resistir perturbaciones futuras.
Los humedales también son reconocidos actualmente por su biodiversidad, su capacidad para almacenar carbono y su papel en la regulación del agua. La experiencia de las Landas pertenece a un periodo en el que estos ecosistemas eran vistos principalmente como terrenos insalubres o improductivos, una concepción muy distinta de la empleada hoy en conservación.
Una obra histórica con lecciones para la restauración actual
La transformación de las Landas resolvió problemas de drenaje, creó una potente economía forestal y contribuyó a modificar las condiciones sanitarias de la región. Al mismo tiempo, sustituyó gran parte de un mosaico tradicional de humedales, brezales y pastizales por una extensa superficie productiva dominada por una especie.
Su historia permite distinguir entre plantar árboles y restaurar ecosistemas. La forestación puede aumentar rápidamente la cobertura arbórea, pero sus beneficios dependen de la diversidad, la disponibilidad de agua, la relación con el territorio y la exposición a incendios u otros eventos extremos.
El mayor legado de aquella intervención no se limita a la dimensión del bosque resultante. También muestra cómo una política de saneamiento, salud pública y aprovechamiento económico puede transformar durante generaciones el agua, la biodiversidad, la propiedad y la vida de las comunidades rurales.
Fuente referencial:
La Razón




