Un estudio sobre los cambios de cobertura vegetal entre 2001 y 2020 concluye que el aumento de bosques y pastizales intensificó la evapotranspiración, redujo la disponibilidad hídrica en gran parte del país y trasladó humedad hacia la meseta tibetana.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
La expansión de bosques y pastizales impulsada por China para combatir la desertificación, la erosión y la degradación del suelo modificó la distribución territorial del agua entre 2001 y 2020. Una investigación publicada en la revista científica Earth’s Future determinó que el aumento de la vegetación intensificó la transferencia de humedad desde la superficie hacia la atmósfera, pero esa agua no regresó necesariamente en forma de lluvia a los mismos lugares donde se originó.
Los investigadores concluyeron que los cambios de cobertura terrestre redujeron la disponibilidad de agua en la región oriental influida por el monzón y en las zonas áridas del noroeste. En conjunto, estas dos regiones representan alrededor del 74 % del territorio chino. Al mismo tiempo, la meseta tibetana registró un incremento de la disponibilidad hídrica asociado al transporte atmosférico de humedad procedente de otras partes del país.
El resultado no significa que la restauración ecológica haya sido un fracaso ni que plantar árboles sea perjudicial por sí mismo. La investigación evidencia que una intervención ambiental ejecutada a escala continental puede producir beneficios en materia de cobertura vegetal, control de la erosión y captura de carbono, pero también generar redistribuciones del agua que deben considerarse en la planificación de cada territorio.
La vegetación intensificó la evapotranspiración
El mecanismo central identificado por el estudio es la evapotranspiración, que combina la evaporación del agua desde el suelo y otras superficies con la transpiración de las plantas. Los árboles absorben agua mediante sus raíces y posteriormente liberan parte de ella como vapor a través de sus hojas. Los bosques pueden mantener este proceso durante períodos secos porque sus sistemas radiculares suelen alcanzar capas profundas del suelo.
Para evaluar los efectos de la restauración vegetal, el equipo científico integró datos de alta resolución sobre cambios de uso del suelo, precipitaciones y evapotranspiración. También utilizó un modelo de seguimiento de la humedad atmosférica, destinado a estimar desde dónde se evapora el agua y en qué lugares vuelve a precipitar.
Entre 2001 y 2020, la expansión forestal en el este de China y la recuperación de pastizales en la meseta tibetana y el noroeste elevaron la evapotranspiración. Sin embargo, el aumento de las precipitaciones no se distribuyó de manera equivalente. En términos generales, se evaporó y transpiró más agua de la que retornó localmente mediante la lluvia en las regiones orientales y noroccidentales.
La humedad liberada por la vegetación puede recorrer grandes distancias impulsada por la circulación atmosférica. Por esta razón, una masa forestal puede influir en las precipitaciones de regiones alejadas y no únicamente en su entorno inmediato. En el caso analizado, parte de la humedad adicional fue transportada hacia la meseta tibetana, donde la disponibilidad de agua aumentó durante el período estudiado.
Una Gran Muralla Verde contra el avance de los desiertos
China desarrolla desde 1978 el Programa de la Franja Forestal de las Tres Regiones del Norte, conocido internacionalmente como la Gran Muralla Verde. La iniciativa fue concebida para contener la expansión de los desiertos de Gobi y Taklamakán, reducir las tormentas de polvo y proteger tierras agrícolas, poblaciones e infraestructura.
La intervención comprende una extensa barrera vegetal en regiones áridas y semiáridas del norte del país. El proyecto ha combinado plantaciones forestales, estabilización de dunas y recuperación de terrenos degradados. Noticias de la Tierra ha documentado tanto la creación de una barrera forestal contra el avance del Gobi como las recientes etapas destinadas a consolidar el control de la desertificación.
Otros programas iniciados a finales de la década de 1990 reforzaron la recuperación del paisaje. El plan Grain for Green incentivó la transformación de terrenos agrícolas vulnerables a la erosión en bosques y pastizales, mientras el Programa de Protección de Bosques Naturales restringió la tala y promovió nuevas superficies arboladas.
Estas políticas contribuyeron al aumento de la cobertura forestal y a la recuperación de suelos afectados por décadas de sobrepastoreo, deforestación y cultivo intensivo. También ayudaron a reducir la movilización de sedimentos en zonas críticas y a restaurar paisajes como la meseta de Loes, una de las regiones históricamente más erosionadas del planeta.
Menos agua disponible en regiones agrícolas y pobladas
La reducción de la disponibilidad hídrica adquiere especial importancia en el norte de China, donde existe un desequilibrio estructural entre la concentración de población, la superficie cultivable y los recursos de agua. La investigación señala que esa parte del país alberga aproximadamente el 46 % de la población y cerca del 60 % de las tierras agrícolas, pero dispone de alrededor del 20 % del agua nacional.
En ese contexto, un aumento de la evapotranspiración que no sea compensado localmente por las precipitaciones puede incrementar la presión sobre ríos, suelos, embalses y acuíferos. El efecto dependerá de factores como la especie plantada, la densidad forestal, la edad de las masas vegetales, la profundidad de sus raíces, el clima regional y la cantidad de agua disponible.
Las plantaciones demasiado densas pueden generar competencia entre los árboles y acelerar el agotamiento de la humedad del suelo. Investigaciones realizadas en tierras arenosas del norte de China han utilizado georradar para estimar densidades forestales compatibles con la disponibilidad de agua, una línea de trabajo destinada a evitar que los proyectos de restauración superen la capacidad hídrica del territorio.
La respuesta tampoco es uniforme para todas las especies. Los árboles de crecimiento rápido pueden consumir más agua durante sus fases de expansión, mientras las especies nativas adaptadas a zonas áridas suelen presentar estrategias distintas para sobrevivir con precipitaciones limitadas. La selección vegetal y el diseño de las plantaciones resultan, por tanto, tan importantes como la superficie total reforestada.
El agua puede desplazarse entre regiones
Uno de los aportes centrales del estudio es que la evaluación de los proyectos forestales no debe limitarse al balance hídrico de una parcela. La humedad liberada en un lugar puede convertirse en lluvia a cientos o incluso miles de kilómetros, dependiendo de los vientos y de la circulación atmosférica.
Los investigadores determinaron que la expansión de bosques en la región monzónica oriental y la restauración de pastizales en otras zonas contribuyeron a intensificar el ciclo hidrológico. Sin embargo, la meseta tibetana recibió una parte desproporcionada del aumento de las precipitaciones, mientras el este y el noroeste perdieron agua disponible.
Esta redistribución genera regiones beneficiadas y otras sometidas a mayor presión. Por ello, el balance nacional de precipitaciones no refleja necesariamente las condiciones locales. Una subida general de la lluvia puede coexistir con descensos de humedad del suelo, escorrentía o agua renovable en territorios donde se concentra la producción agrícola.
La restauración debe adaptarse al clima y al territorio
Los resultados respaldan una planificación que integre simultáneamente los objetivos forestales y la gestión del agua. En regiones húmedas, la expansión de bosques puede producir respuestas hidrológicas diferentes a las observadas en áreas secas, donde la demanda de agua de la vegetación puede superar con mayor facilidad la reposición mediante lluvia.
La reforestación tampoco debería sustituir automáticamente ecosistemas abiertos como estepas y pastizales naturales. Algunos de estos ambientes están adaptados a la aridez y sostienen biodiversidad propia, mientras la introducción de árboles puede cambiar la disponibilidad de agua, la composición del suelo y el funcionamiento ecológico.
La magnitud de los programas chinos ofrece una oportunidad excepcional para comprender estos efectos a gran escala. El país ha construido extensos bosques artificiales, incluido el proyecto que transforma sectores del desierto de Gobi mediante plantaciones e infraestructura ecológica, pero sus resultados muestran que la superficie recuperada no puede ser el único indicador de éxito.
La investigación propone incorporar la circulación atmosférica de la humedad, la disponibilidad local de agua y las necesidades de las poblaciones en las evaluaciones de restauración. El desafío consiste en mantener los beneficios asociados al control de la erosión y la desertificación sin aumentar la escasez hídrica en regiones agrícolas y urbanas que ya dependen de recursos limitados.
Fuentes referenciales:
OKDIARIO
Earth’s Future: Land Cover Changes Redistribute China’s Water Resources Through Atmospheric Moisture Recycling
Live Science
