Lancet Countdown Europe detectó más mortalidad por calor, condiciones favorables para enfermedades infecciosas y temporadas de alergia más intensas
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
El aumento de las temperaturas está agravando los riesgos para la salud en las ciudades europeas, donde el calor extremo, la expansión de enfermedades transmitidas por mosquitos y la mayor presencia de polen afectan a una población cada vez más expuesta. El último informe de Lancet Countdown Europe analizó 845 ciudades y concluyó que las medidas locales de adaptación avanzan, pero todavía no alcanzan la escala necesaria.
La investigación señala que la mortalidad atribuible al calor aumentó en 834 de las 845 ciudades examinadas. El incremento medio fue de 82 muertes anuales por cada millón de habitantes al comparar el periodo 2015-2024 con la década de 1991-2000.
Las ciudades del sur de Europa registraron el deterioro más pronunciado: los fallecimientos relacionados con las altas temperaturas aumentaron un 160,6%, equivalente a una media de 132 muertes anuales adicionales por millón de habitantes respecto de los años noventa.
España afronta una elevada mortalidad por calor
En España, la mortalidad atribuible al calor creció en 95,4 casos por millón de habitantes entre 2015 y 2024 frente al periodo 1991-2000. El sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria, conocido como MoMo, contabilizó 5.433 fallecimientos atribuibles a las temperaturas durante el verano de 2026.
El balance supera los registros estivales de 2022, cuando se estimaron 4.789 muertes, y de 2023, con 3.035. Estas comparaciones muestran que el riesgo térmico ya no se limita a episodios excepcionales, sino que se incorpora de forma creciente a la planificación ambiental, urbana y sanitaria.
El calor no actúa de manera aislada. La edad, las enfermedades previas, la calidad de las viviendas, el acceso a espacios verdes y la posibilidad de refrigerar los hogares modifican la vulnerabilidad de cada población. Las noches cálidas también reducen la capacidad del organismo para recuperarse después de la exposición diurna.
La tendencia coincide con las advertencias sobre cómo cada fracción adicional de calentamiento intensifica los daños. El nivel máximo de temperatura alcanzado y el tiempo durante el cual se mantenga determinan la magnitud de la exposición humana y ambiental.
El clima amplía el espacio favorable para los mosquitos
El informe identifica un aumento del 110,5% en la idoneidad climática para la transmisión del dengue en las ciudades europeas. El incremento fue especialmente elevado en el este del continente, con un 369,3%, y en el sur, donde alcanzó el 112,2%.
Una mayor idoneidad climática no significa que los brotes vayan a producirse automáticamente. La transmisión también depende de la presencia de mosquitos vectores, la llegada del virus, la movilidad humana, las condiciones locales y la capacidad de vigilancia sanitaria. Sin embargo, temperaturas favorables pueden ampliar las temporadas de actividad y los territorios donde esos insectos consiguen establecerse.
El mosquito tigre, Aedes albopictus, lleva décadas expandiéndose por España y ya está presente en numerosas provincias. Durante 2025 se registraron en el país 1.456 casos de dengue, chikungunya o zika, según los datos recogidos en la información analizada.
La vigilancia climática y epidemiológica debe coordinarse para detectar rápidamente cambios en la distribución de los vectores. El control de criaderos, el seguimiento de las temperaturas y las alertas sanitarias permiten responder antes de que las condiciones ambientales favorables se traduzcan en transmisión sostenida.
El polen aumenta y las alergias comienzan antes
El calentamiento también está modificando la concentración y la duración del polen alergénico. En ciudades del sur y del este de Europa, sus niveles se han duplicado, mientras las temporadas comienzan antes y permanecen activas durante más tiempo.
Bruselas, Berlín y Budapest registraron incrementos de entre 66% y 175% en las concentraciones de polen de abedul. En Tarragona y Córdoba, el polen de olivo aumentó más de un 100% y la temporada alérgica llegó a comenzar hasta tres semanas antes.
Los cambios en la temperatura, las precipitaciones y la duración de las estaciones influyen en la floración y en la liberación de polen. El resultado puede ser una exposición más prolongada para las personas con alergias y enfermedades respiratorias, aunque la intensidad concreta varía según la especie vegetal y las condiciones de cada ciudad.
Las ciudades avanzan, pero la adaptación sanitaria es limitada
El informe reconoce que numerosos municipios europeos han puesto en marcha medidas para reducir el impacto del calor. El 88% de las ciudades analizadas disminuyó el efecto de isla térmica urbana mediante espacios verdes y materiales constructivos más claros o capaces de acumular menos calor.
Los investigadores identificaron 1.519 planes de adaptación previstos o ya aplicados en más de 850 ciudades. Sin embargo, apenas el 0,5% de esas iniciativas abordaba directamente los sistemas y servicios sanitarios, una proporción reducida frente a la magnitud de los riesgos detectados.
La adaptación urbana también tropieza con restricciones económicas. Todas las ciudades evaluadas comunicaron carencias de financiación para desarrollar proyectos, especialmente en transporte, mencionado por el 16,4%; edificios, con el 14,3%; y energías renovables, con el 13,6%.
Las respuestas territoriales deben incluir sistemas de alerta temprana, refugios climáticos, arbolado y sombra, viviendas preparadas para temperaturas extremas y protocolos destinados a personas mayores, trabajadores al aire libre y pacientes con enfermedades crónicas. La necesidad de combinar adaptación y reducción de emisiones también aparece en el análisis sobre la mitigación climática como respuesta frente a los extremos en Europa.
Reducir emisiones protege el clima y la salud
Los autores reclaman integrar la salud en la política climática de las ciudades. Las medidas destinadas a disminuir el uso de combustibles fósiles pueden reducir simultáneamente el calentamiento y la contaminación atmosférica, mientras que una planificación urbana adecuada limita la exposición al calor.
La estrategia internacional para reducir el calentamiento mediante recortes de emisiones resulta directamente relevante para la salud pública. La adaptación puede disminuir parte del riesgo actual, pero sus posibilidades se reducen a medida que las temperaturas continúan aumentando.
Los incendios forestales agregan otra vía de exposición al producir humo y partículas capaces de trasladarse entre regiones. Episodios como el humo peligroso que afectó a Sarawak muestran que la contaminación generada por el fuego puede superar las fronteras administrativas y exigir respuestas coordinadas de vigilancia ambiental y sanitaria.
El informe sitúa a las ciudades en una posición decisiva: concentran población, infraestructura y servicios médicos, pero también disponen de instrumentos para transformar edificios, transporte y espacios públicos. Incorporar indicadores sanitarios a los planes climáticos permitiría evaluar no solo cuántas medidas se anuncian, sino cuánta exposición y mortalidad consiguen evitar.
Fuentes referenciales:
Infobae
Lancet Countdown




