El PNUMA considera inevitable superar temporalmente los 1,5 °C, pero sostiene que recortar las emisiones ahora puede limitar el pico y facilitar un descenso posterior
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La temperatura media del planeta probablemente superará durante los próximos años el umbral de 1,5 grados Celsius respecto de los niveles preindustriales, según un informe presentado el 2 de septiembre de 2026 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). El análisis advierte que el rebasamiento aumentará los riesgos para las personas, los ecosistemas y las economías, aunque todavía existen opciones para limitar su duración y reducir posteriormente el calentamiento.
El documento, titulado Limiting Overshoot, examina las consecuencias de entrar en una etapa por encima del objetivo de 1,5 grados establecido en el Acuerdo de París. La propuesta central consiste en seguir una trayectoria de superación, pico y descenso: contener la temperatura máxima, permanecer el menor tiempo posible sobre el límite y regresar por debajo mediante reducciones profundas de emisiones.
El escenario más favorable evaluado por el PNUMA contempla un máximo de 1,8 grados Celsius. La mayoría de las demás trayectorias analizadas proyecta niveles superiores, con riesgos mayores y una posibilidad más reducida de recuperar temperaturas compatibles con el objetivo internacional.
Superar los 1,5 grados no convierte el objetivo en irrelevante
El límite climático no funciona como una frontera después de la cual todos los efectos aparecen de manera inmediata. Cada fracción adicional de grado y cada año de permanencia por encima de 1,5 grados aumentan progresivamente la probabilidad y gravedad de los daños.
El PNUMA prevé una intensificación de fenómenos meteorológicos extremos, pérdidas de ecosistemas y una mayor exposición de pequeños Estados insulares y ciudades costeras de baja altitud. Los impactos también alcanzarían la salud humana, la seguridad alimentaria, el abastecimiento de agua, las infraestructuras y la actividad económica.
La evaluación coincide con los análisis sobre la ruta de Naciones Unidas para reducir el calor del planeta, que sitúan los recortes inmediatos de gases de efecto invernadero como la principal herramienta para contener la magnitud del calentamiento.
El informe diferencia además entre el rebasamiento temporal registrado en un año concreto y la superación sostenida del límite del Acuerdo de París. El objetivo internacional se refiere a la tendencia climática de largo plazo y no a una fluctuación anual aislada.
El escenario más favorable limita el máximo a 1,8 grados
La trayectoria menos dañina identificada por el PNUMA requiere que las emisiones comiencen a disminuir rápidamente. Si el calentamiento alcanza máximos más elevados o permanece durante más tiempo sobre 1,5 grados, aumentarán las pérdidas acumuladas y las dificultades para regresar a temperaturas inferiores.
António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, señaló que las olas de calor, los incendios forestales y las inundaciones mortales registrados durante 2026 muestran el tipo de consecuencias que pueden intensificarse. Su llamado se concentra en reducir al mínimo tanto la magnitud como la duración de la superación.
El nivel máximo alcanzado resulta decisivo porque algunos cambios continúan desarrollándose incluso después de estabilizar la temperatura. El aumento del nivel del mar, la pérdida de hielo y determinadas transformaciones ecológicas pueden prolongarse durante décadas o siglos.
La relación entre calentamiento e incendios aparece también en estudios sobre la necesidad de mitigar el cambio climático para contener el fuego en Europa. La gestión forestal reduce riesgos locales, pero no sustituye la disminución de las emisiones que elevan las temperaturas y favorecen condiciones más secas.
Los recortes deben incluir dióxido de carbono y metano
La respuesta propuesta comienza con reducciones inmediatas, profundas y sostenidas de los gases de efecto invernadero. El informe destaca la necesidad de abandonar progresivamente los combustibles fósiles, acelerar la incorporación de energías renovables y disminuir las emisiones de metano.
La rapidez de las medidas determinará cuánto aumentará la temperatura antes de llegar a su máximo. Un retraso adicional consumiría el margen disponible, obligaría a depender de reducciones posteriores más abruptas y elevaría el riesgo de que ciertos impactos superen la capacidad de adaptación.
La transición hacia fuentes de energía con bajas emisiones también puede mejorar la calidad del aire, reducir daños sanitarios y ampliar el acceso a la electricidad. El PNUMA considera que estos beneficios deben incorporarse a las decisiones económicas y no evaluarse únicamente mediante el costo inmediato de sustituir tecnologías.
Alcanzar las emisiones netas cero constituye un punto intermedio y no el final de la trayectoria. Para reducir la temperatura después del máximo sería necesario llegar posteriormente a emisiones netas negativas, es decir, retirar de la atmósfera más dióxido de carbono del que se libera.
Retirar carbono no reemplaza la descarbonización
La extracción de dióxido de carbono puede realizarse mediante opciones naturales, como la recuperación de bosques, y tecnologías diseñadas para capturar y almacenar el gas. El informe considera que estas soluciones serán necesarias para facilitar el descenso de la temperatura, pero advierte que deben complementar los recortes y no utilizarse para posponerlos.
La credibilidad de una trayectoria de retorno depende de mantener el pico claramente por debajo de 2 grados y reducir primero todas las emisiones residuales posibles. Una dependencia excesiva de futuras capturas de carbono aumentaría los riesgos si las tecnologías no alcanzan la escala, permanencia o seguridad esperadas.
Los sumideros naturales tampoco tienen una capacidad garantizada e ilimitada. El caso de un bosque templado que dejó de absorber carbono ilustra cómo el calor, la sequía y otras presiones ambientales pueden debilitar ecosistemas que forman parte de las estrategias climáticas.
Los proyectos de remoción deben considerar la superficie requerida, el consumo de energía, la permanencia del almacenamiento y sus efectos sobre el agua, la biodiversidad y la producción alimentaria. La forestación, por ejemplo, necesita realizarse con especies y diseños adecuados al territorio para evitar nuevos impactos ecológicos.
Los puntos de inflexión dependen del nivel y la duración
El informe advierte que la probabilidad de cruzar umbrales irreversibles aumenta cuanto mayor sea el calentamiento máximo y más prolongado resulte el periodo de superación. Entre los sistemas señalados figuran las grandes capas de hielo, la selva amazónica y la Circulación de Vuelco Meridional del Atlántico.
Esta circulación oceánica transporta aguas cálidas hacia el norte y aguas profundas frías hacia el sur, por lo que desempeña una función importante en la regulación del clima. Una alteración sustancial podría generar consecuencias extensas sobre temperaturas, lluvias y ecosistemas.
Algunos cambios pueden producirse de forma abrupta, mientras otros se acumulan lentamente hasta volverse difíciles de revertir. Reducir la duración del rebasamiento disminuye la exposición, pero no elimina las pérdidas permanentes provocadas durante los años de temperaturas elevadas.
Mitigación y adaptación deben avanzar juntas
El PNUMA sostiene que reducir emisiones ya no basta por sí solo para proteger a las poblaciones frente a los impactos en curso. Las políticas de mitigación deben acompañarse con sistemas de alerta, infraestructura resistente, protección de fuentes de agua, adaptación sanitaria y medidas para reducir la vulnerabilidad de las comunidades.
Inger Andersen, directora ejecutiva del organismo, pidió reforzar simultáneamente la reducción de emisiones, la resiliencia y la adaptación. También advirtió que existen límites físicos y económicos para ajustarse a determinados cambios, especialmente si el calentamiento máximo no se mantiene bajo.
Incluso si la temperatura vuelve a descender por debajo de 1,5 grados, algunas comunidades podrían verse obligadas a cambiar sus medios de vida o trasladarse. Los ecosistemas perdidos, el hielo derretido y ciertos daños costeros tampoco se recuperarían automáticamente con el descenso térmico.
La aplicación de esta trayectoria requiere cooperación internacional, financiación, políticas eficaces y una distribución equitativa de responsabilidades. El informe sostiene que los países con mayor contribución histórica al cambio climático deben actuar con más rapidez y ambición, mientras se apoya a las poblaciones con menor capacidad de adaptación.
Fuentes referenciales:
Agencia SINC
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente




