Un estudio en 62 cimas europeas detectó que las especies de zonas bajas ascienden con el calentamiento, mientras retrocede la vegetación adaptada al frío
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Las cimas de las montañas europeas han ganado especies vegetales durante las últimas décadas, pero ese aumento aparente de biodiversidad está acompañado por una creciente pérdida de plantas alpinas. Un estudio publicado en la revista Science analizó comunidades de 62 cumbres pertenecientes a 16 regiones de Europa y relacionó las extinciones locales con la intensidad del calentamiento climático.
La investigación, desarrollada con datos recogidos entre 2001 y 2022, muestra que las especies procedentes de altitudes inferiores están colonizando zonas cada vez más elevadas. Este desplazamiento vuelve más verdes algunas cumbres, pero también incrementa la competencia sobre las plantas autóctonas especializadas en ambientes fríos.
Los resultados cuestionan la idea de que una mayor cantidad de especies en un lugar siempre representa una mejora ecológica. En las montañas estudiadas, la llegada de vegetación adaptada a temperaturas más altas coincidió con el retroceso y la desaparición local de especies propias de las cimas.
Un seguimiento de dos décadas en 16 regiones europeas
El equipo utilizó la red GLORIA, siglas de la Iniciativa Global de Investigación y Observación en Entornos Alpinos. Este sistema internacional permite repetir inventarios de vegetación en las mismas parcelas y comparar cómo cambian las comunidades de plantas a lo largo del tiempo.
Los investigadores examinaron qué especies desaparecieron entre un muestreo y otro. También evaluaron si esas pérdidas estaban relacionadas con el calentamiento registrado, con una reducción previa de la abundancia o con la ubicación de cada planta dentro de su rango altitudinal habitual.
Las extinciones locales aumentaron a medida que transcurrieron los años y fueron más frecuentes en las regiones montañosas sometidas a un calentamiento mayor. La vulnerabilidad resultó especialmente elevada cerca del límite inferior de distribución de las especies alpinas, donde las temperaturas son comparativamente más altas.
El fenómeno se integra en una transformación más amplia de los ecosistemas de montaña, sometidos simultáneamente al aumento térmico, el retroceso de la nieve y los glaciares, los cambios hidrológicos y el desplazamiento de organismos.
La termofilización modifica las comunidades de las cumbres
Los científicos emplean el término termofilización para describir el creciente predominio de especies adaptadas a condiciones cálidas dentro de una comunidad. En las cimas europeas, este proceso ocurre cuando plantas procedentes de niveles inferiores encuentran temperaturas suficientemente benignas para sobrevivir a mayor altitud.
El ascenso puede elevar temporalmente el número total de especies presentes. No obstante, las plantas alpinas no disponen de un territorio ilimitado hacia el cual desplazarse: cuanto más cerca se encuentran de la cima, menor es la superficie fría disponible para escapar del calentamiento y de la nueva competencia.
Esta diferencia explica por qué el reverdecimiento debe interpretarse con cautela. Un aumento de cobertura vegetal o de riqueza local puede coexistir con la sustitución de comunidades especializadas y con la pérdida progresiva de especies incapaces de tolerar las nuevas condiciones.
Otros trabajos sobre el crecimiento de la vegetación bajo el cambio climático también muestran que una señal visualmente positiva no basta para establecer el estado de un ecosistema. Es necesario identificar qué especies prosperan, cuáles retroceden y qué funciones ecológicas están cambiando.
La pérdida de abundancia puede anticipar una extinción local
Una de las conclusiones relevantes del estudio es que numerosas desapariciones estuvieron precedidas por descensos en la abundancia. La reducción de la cobertura de una especie alpina podría funcionar así como una señal temprana de que su población local se aproxima a un punto crítico.
Este indicador permitiría detectar el deterioro antes de que una planta deje de aparecer por completo en las parcelas de seguimiento. La vigilancia continuada adquiere especial importancia porque los inventarios aislados pueden registrar muchas especies sin revelar que algunas mantienen poblaciones cada vez más pequeñas.
La desaparición local utilizada en el estudio no equivale necesariamente a la extinción total de una especie en una cordillera. Borja Jiménez-Alfaro, profesor titular de la Universidad de Oviedo e investigador externo al trabajo, señaló al Science Media Centre España que las parcelas representan superficies reducidas dentro de los hábitats alpinos.
Por ese motivo, los resultados describen tendencias regresivas en puntos concretos y no demuestran que las especies hayan desaparecido por completo de todas las montañas analizadas. La distinción no reduce la importancia de la señal, pero evita extrapolar los datos más allá de la escala realmente estudiada.
Las especies alpinas pierden espacio frente al calentamiento
Las plantas de alta montaña están adaptadas a temporadas de crecimiento breves, temperaturas bajas, fuertes vientos y suelos poco desarrollados. Estas características les permiten subsistir en lugares extremos, aunque no garantizan que puedan competir con especies más vigorosas que ascienden desde ambientes templados.
Cuando las condiciones térmicas cambian, las plantas de menor altitud pueden ampliar su distribución. Las especies alpinas, en cambio, quedan confinadas a superficies progresivamente menores. En determinadas cumbres tampoco existe una elevación superior hacia la cual trasladarse.
La conservación necesita considerar esa reducción del espacio climático y la conectividad entre hábitats. Algunos ambientes, como los glaciares de roca que funcionan como refugios fríos, pueden amortiguar parcialmente el calentamiento para ciertos organismos, pero no sustituyen la diversidad de ecosistemas que desaparece.
Los resultados también muestran que proteger una montaña no la aísla de las alteraciones climáticas. Incluso en zonas alejadas de ciudades o actividades industriales directas, el aumento de la temperatura puede reorganizar las comunidades biológicas y modificar la competencia entre especies.
El reverdecimiento no debe confundirse con recuperación ecológica
La observación satelital permite detectar cambios en el verdor y la cobertura vegetal, pero esos datos deben complementarse con inventarios de campo. Una superficie más verde puede responder al crecimiento de especies autóctonas, a la expansión de plantas procedentes de otras altitudes o a modificaciones en la duración de la temporada vegetativa.
Para evaluar la salud de las cumbres se requiere conocer la composición de las comunidades, la abundancia de cada especie y la persistencia de las poblaciones. El monitoreo de largo plazo permite distinguir una fluctuación temporal de una sustitución ecológica sostenida.
El calentamiento de las montañas también coincide con el retroceso del hielo y la alteración del agua disponible. Las investigaciones sobre la pérdida de glaciares y los riesgos en las cordilleras muestran que los cambios de la alta montaña afectan tanto a la biodiversidad como a las poblaciones situadas aguas abajo.
El estudio propone prestar atención a las disminuciones de cobertura como indicadores anticipados y mantener redes comparables de observación. Esa información puede ayudar a identificar las especies y regiones más expuestas, priorizar refugios climáticos y medir si las acciones de conservación contienen las pérdidas locales.
Fuentes referenciales:
Agencia SINC
Estudio publicado en Science




