Dos décadas de mediciones en Nuevo Hampshire revelaron que el aumento de la respiración del ecosistema superó la captura de CO₂ durante varios años recientes
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
El Bosque Experimental de Bartlett, en Nuevo Hampshire, Estados Unidos, debilitó progresivamente su capacidad para retirar carbono de la atmósfera entre 2004 y 2023, según una investigación encabezada por científicos de la Universidad del Norte de Arizona. El ecosistema llegó a liberar más carbono del que absorbió durante tres años recientes, una señal relevante para las proyecciones sobre el papel climático de los bosques templados maduros.
El estudio, publicado en Global Change Biology Communications, determinó que la fotosíntesis se mantuvo relativamente estable durante las dos décadas analizadas. El cambio principal ocurrió en la respiración del ecosistema: la liberación de dióxido de carbono procedente de plantas, raíces y microorganismos del suelo aumentó hasta superar el carbono incorporado mediante la fotosíntesis.
Veinte años de mediciones revelaron un cambio sostenido
Los investigadores utilizaron una torre de 26,5 metros instalada en un sector forestal dominado por árboles de entre 100 y 125 años, entre ellos arces rojos, hayas americanas y abedules amarillos. Los instrumentos registraron cinco veces por segundo la temperatura del aire, el vapor de agua, la concentración de CO₂ y el movimiento del viento.
Con esta información, el equipo calculó cada 30 minutos el intercambio de carbono entre el bosque y la atmósfera mediante una técnica denominada covarianza de torbellinos. Para completar los períodos sin registros, aplicó un modelo de inteligencia artificial basado en variables ambientales como temperatura, humedad del suelo y radiación solar.
La serie mostró una disminución progresiva de la captación. En 2007, el bosque retiró de la atmósfera 325 gramos de carbono por metro cuadrado. Sin embargo, el balance cambió posteriormente: liberó 22 gramos por metro cuadrado en 2021, 120 gramos en 2022 y 15 gramos en 2023.
Este comportamiento coincide con otras investigaciones que advierten que el cambio climático puede debilitar el secuestro de carbono forestal, aunque la intensidad y las causas de la transformación varían entre regiones y ecosistemas.
Los inviernos más cálidos elevaron la respiración del bosque
El análisis identificó al calentamiento de los meses fríos como uno de los factores principales. Entre enero y marzo, la temperatura del suelo aumentó entre 0,09 y 0,11 grados Celsius por año durante el período estudiado. Estas condiciones prolongaron la actividad biológica en una estación durante la cual el ecosistema permanecía tradicionalmente menos activo.
Con suelos invernales más cálidos, las raíces y los microorganismos continuaron respirando y descomponiendo materia orgánica durante más tiempo, liberando una cantidad mayor de CO₂. Un experimento diferente sobre la pérdida de nieve invernal y el almacenamiento forestal de carbono también encontró que los cambios propios de la estación fría pueden modificar el balance anual de estos ecosistemas.
Los investigadores observaron además un aumento de la radiación difusa durante agosto. Esta luz, dispersada por nubes y partículas, alcanza de manera más uniforme las hojas situadas en diferentes niveles del dosel y puede favorecer la fotosíntesis. Sin embargo, la mayor entrada de carbono también estimuló la actividad microbiana y la descomposición de la materia orgánica, por lo que la respiración aumentó más que la absorción.
La edad y las alteraciones previas también influyen
El envejecimiento del bosque podría contribuir al debilitamiento del sumidero. A medida que los árboles maduran, crecen sus necesidades de mantenimiento celular y puede disminuir la eficiencia con la que transforman el carbono capturado en nueva biomasa. El lugar también acumuló perturbaciones históricas, como talas a comienzos del siglo XX, un huracán en 1938, una tormenta de hielo en 1998, lluvia ácida y enfermedades que afectan a las hayas.
Darby Bergl, autora principal del trabajo, señaló que los bosques templados maduros de hoja caduca podrían no retirar de manera confiable más carbono del que liberan bajo las condiciones actuales de cambio global. Andrew Richardson, autor principal y catedrático del Centro de Ciencia y Sociedad de los Ecosistemas de la Universidad del Norte de Arizona, destacó la influencia prolongada de los cambios en el clima invernal sobre la salud y productividad forestales.
Los autores no sostienen que todos los bosques hayan dejado de actuar como sumideros. El estudio corresponde a un ecosistema concreto y sus resultados deben contrastarse con mediciones de largo plazo en otras regiones. Las diferencias de edad, especies, humedad, nutrientes y antecedentes de perturbación pueden producir balances distintos. En bosques tropicales, por ejemplo, la disponibilidad de fósforo puede limitar la respuesta al aumento del CO₂.
El monitoreo prolongado resulta decisivo para los modelos climáticos
El hallazgo tiene implicaciones para los modelos que proyectan cuánto carbono podrán seguir absorbiendo los bosques templados. Si la respiración aumenta más rápidamente que la fotosíntesis, algunos ecosistemas podrían almacenar menos CO₂ de lo previsto o convertirse temporalmente en fuentes netas, dejando una proporción mayor de emisiones en la atmósfera.
La detección del cambio después de dos décadas muestra la importancia de mantener observaciones continuas. Las mediciones realizadas desde torres permiten registrar los flujos locales, mientras que herramientas como el satélite Biomass para contabilizar el carbono forestal pueden ampliar el seguimiento de la biomasa y sus transformaciones a escala global.
Los resultados tampoco reducen la necesidad de conservar los bosques. Estos ecosistemas almacenan grandes reservas de carbono, regulan el agua, protegen los suelos y sostienen biodiversidad. La investigación indica, en cambio, que su contribución climática no debe considerarse permanente ni utilizarse como sustituto de la reducción de emisiones humanas.
Fuentes referenciales:
Infobae
Global Change Biology Communications




