El programa iniciado en 1978 estabilizó dunas, amplió la cobertura forestal y redujo las tierras desertificadas del norte del país, aunque científicos advierten que conservar estos avances exigirá décadas de inversión, vigilancia y participación comunitaria.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Santiago Duarte
Durante casi medio siglo, millones de trabajadores han repetido una tarea paciente en los desiertos del norte de China: clavar tallos de paja en la arena para construir cuadrículas y plantar pequeños árboles en el centro de cada espacio.
Estas estructuras, conocidas como tableros de ajedrez de paja, frenan el movimiento de las dunas, reducen la erosión causada por el viento y crean condiciones más favorables para que las plantas desarrollen sus raíces.
El método se convirtió en una de las imágenes más representativas del Programa de Bosques Protectores de las Tres Regiones del Norte, una iniciativa lanzada en 1978 y conocida internacionalmente como la Gran Muralla Verde de China.
Los trabajos han producido cambios medibles en extensas zonas áridas del país. Sin embargo, especialistas en desertificación advierten que los ecosistemas recuperados todavía requieren manejo, agua, vigilancia científica y una inversión sostenida para evitar que la degradación regrese.
La desertificación alcanzó su punto máximo en 2000
La sequía, el sobrepastoreo y la expansión agrícola eliminaron durante décadas parte de la vegetación natural del norte de China. La pérdida de cobertura dañó los suelos y dejó amplias superficies expuestas al viento y a las tormentas de arena.
La desertificación ocurre cuando una tierra seca pierde progresivamente su vegetación, fertilidad y capacidad para sostener ecosistemas y actividades humanas. El fenómeno puede ser provocado por la combinación de variaciones climáticas y presiones humanas sobre el territorio.
La superficie desertificada del norte chino alcanzó su punto máximo alrededor del año 2000. Desde entonces, se ha reducido en más de 1.000 kilómetros cuadrados anuales, de acuerdo con datos difundidos por medios estatales.
La disminución coincide con la expansión de los programas de restauración, la instalación de barreras contra el viento, el control de determinadas actividades productivas y la plantación de vegetación adaptada a ambientes áridos.
El avance forma parte de una lucha más amplia frente a la degradación de las tierras fértiles, un problema que afecta la disponibilidad de agua, la biodiversidad, la producción alimentaria y los medios de vida rurales.
Una red de paja que inmoviliza las dunas
La técnica utilizada en el desierto de Kubuqi comienza con la colocación de tallos o ramas secas en líneas que se cruzan hasta formar una retícula sobre la arena.
Cada cuadrado actúa como una pequeña barrera que reduce la velocidad del viento cerca de la superficie. Al disminuir el movimiento de los granos de arena, las dunas se vuelven más estables y las plantas recién introducidas tienen mayores posibilidades de sobrevivir.
Los retoños se plantan dentro de las cuadrículas y reciben agua mediante sistemas de riego durante sus primeras etapas de desarrollo. A medida que crecen, sus raíces ayudan a sujetar el suelo y su follaje disminuye todavía más la fuerza del viento.
Los trabajadores deben revisar periódicamente estas estructuras, reemplazar las secciones deterioradas y cuidar los árboles hasta que puedan resistir las condiciones extremas.
La intervención demuestra que la restauración de un desierto no depende únicamente de plantar árboles. También requiere controlar la erosión, seleccionar especies adecuadas, proteger el suelo y garantizar que el agua disponible pueda sostener la nueva vegetación.
Los bosques plantados cubren 500.000 kilómetros cuadrados
El Gobierno chino sostiene que los bosques establecidos mediante el Programa de las Tres Regiones del Norte cubren de forma acumulada unos 500.000 kilómetros cuadrados.
La iniciativa se extiende por una amplia franja septentrional del país y busca proteger ciudades, tierras agrícolas, carreteras y comunidades rurales frente al avance de las arenas.
La cobertura forestal dentro del área del programa aumentó desde aproximadamente el 5 % en 1978 hasta el 14 % en 2022, de acuerdo con datos de seguimiento citados por investigadores chinos.
El proyecto ha llevado a China a construir una extensa barrera verde frente a la desertificación, aunque el éxito no puede medirse solamente por el número de árboles plantados.
La supervivencia de las especies, su consumo de agua, la recuperación del suelo y la capacidad del ecosistema para mantenerse con menos intervención son indicadores esenciales para evaluar los resultados a largo plazo.
Las tierras gravemente desertificadas disminuyeron más de un 40 %
Zhu Jiaojun, científico del Instituto de Ecología Aplicada de la Academia China de Ciencias, ha participado durante años en el estudio y la gestión del programa.
Los registros de largo plazo de su equipo muestran que la superficie desertificada de China se redujo alrededor de un 10 % desde el año 2000.
Las áreas clasificadas como grave o extremadamente desertificadas disminuyeron más de un 40 % durante ese mismo periodo.
Zhu atribuyó los avances al esfuerzo de los trabajadores encargados de controlar las arenas, a la planificación gubernamental y a la fuerte inversión pública.
El investigador también destacó que un aumento de las precipitaciones en determinadas regiones durante los últimos años facilitó la recuperación de la vegetación. La mejora responde, por tanto, tanto a las intervenciones humanas como a condiciones climáticas favorables.
Más de 300 millones de trabajadores rurales participaron
Zhu estima que más de 300 millones de trabajadores rurales han participado en el programa desde su puesta en marcha, en muchos casos mediante empleos remunerados de carácter temporal.
Entre ellos se encuentra Yin Yuzhen, una trabajadora de 60 años que comenzó a combatir la expansión de la arena hace aproximadamente cuatro décadas cerca del desierto de Mu Us.
En sus primeros años, las tormentas levantaban tanta arena que resultaba difícil distinguir objetos situados a poca distancia. La escasez de vegetación y fauna convertía el entorno en un lugar extremadamente aislado.
Yin continúa trabajando junto con su esposo desde el amanecer hasta el mediodía. Ambos cuidan los árboles y reparan las cuadrículas deterioradas, con la colaboración ocasional de sus hijos y voluntarios locales.
La transformación del paisaje permite ahora observar carreteras, vegetación y zonas estabilizadas donde anteriormente predominaban las dunas móviles.
El compromiso político explica la escala del proyecto
Barron Joseph Orr, científico jefe de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, destacó que la importancia del programa chino no reside únicamente en la superficie restaurada.
El proyecto refleja también una continuidad política que ha permitido mantener recursos, planificación y trabajo durante varias generaciones.
La experiencia muestra que revertir la degradación es posible cuando la restauración se integra en las estrategias nacionales de desarrollo y no se limita a campañas temporales de plantación.
El compromiso debe permanecer durante el tiempo suficiente para que las plantas crezcan, los suelos recuperen funciones ecológicas y las comunidades obtengan beneficios de la conservación.
El caso chino guarda relación con otras iniciativas internacionales, como la Gran Muralla Verde de África, creada para restaurar tierras degradadas, contener la expansión del Sahara y generar oportunidades económicas en la región del Sahel.
El agua limita el crecimiento de los nuevos bosques
La disponibilidad de agua constituye uno de los principales límites de cualquier programa de reforestación en territorios áridos.
Un árbol puede estabilizar el suelo y reducir el viento, pero también necesita humedad para sobrevivir. Cuando se plantan especies inadecuadas o demasiados ejemplares por hectárea, la demanda puede superar los recursos hídricos disponibles.
Investigadores han utilizado georradar para calcular densidades adecuadas de árboles en las tierras arenosas semiáridas de China, analizando la distribución de las raíces y su competencia por el agua.
Estos estudios permiten determinar cuántos árboles puede mantener un terreno sin agotar la humedad del suelo ni provocar una elevada mortalidad vegetal.
La restauración debe adaptarse a las precipitaciones, las aguas subterráneas, el tipo de suelo y las especies presentes en cada zona.
La reforestación también puede alterar el ciclo del agua
La expansión de los bosques aporta beneficios contra la erosión y las tormentas de arena, pero puede modificar los flujos de agua a escala regional.
Los árboles interceptan la lluvia, absorben humedad mediante sus raíces y devuelven parte de ella a la atmósfera por transpiración.
Cuando la superficie plantada aumenta rápidamente, el consumo acumulado puede reducir el agua disponible para otros ecosistemas, terrenos agrícolas o comunidades humanas.
El análisis de los efectos de la reforestación china sobre el ciclo del agua muestra la necesidad de equilibrar el control de la desertificación con la disponibilidad hídrica.
Por esta razón, los especialistas recomiendan emplear especies nativas o adaptadas, evitar densidades excesivas y vigilar el comportamiento de los suelos y acuíferos durante décadas.
La restauración debe beneficiar a las comunidades
La organización ambiental Green Camel Bell trabaja en la provincia china de Gansu para explicar a agricultores y pastores los riesgos de la desertificación.
La entidad desarrolla actividades de plantación y recuperación de vegetación junto con las comunidades que dependen directamente de las tierras secas.
Su fundador, Zhao Zhong, considera que la conservación debe vincularse con los medios de vida locales para evitar que la población perciba la protección ambiental y el desarrollo económico como objetivos incompatibles.
Los proyectos tienen mayores posibilidades de mantenerse cuando generan empleo, ingresos o nuevas actividades productivas compatibles con la recuperación del territorio.
El respaldo comunitario también resulta indispensable para evitar talas, sobrepastoreo o usos del suelo que puedan destruir en pocos años los avances obtenidos mediante décadas de trabajo.
Las restricciones productivas también generan tensiones
Las campañas contra la desertificación han incluido controles al pastoreo y limitaciones sobre determinadas actividades agrícolas en zonas vulnerables.
Estas medidas pueden proteger la vegetación, pero también modificar las prácticas tradicionales y los ingresos de las comunidades dedicadas históricamente a la ganadería.
En Mongolia Interior, algunos pastores han cuestionado que el costo de la restauración recaiga sobre poblaciones que dependen del territorio y no son responsables exclusivas de su degradación.
La minería, la agricultura intensiva y el cambio climático también han contribuido al deterioro de los ecosistemas del norte de China.
El diseño de las políticas debe considerar estas diferencias para distribuir los costos, compensar a las familias afectadas y garantizar que la recuperación ecológica no profundice la vulnerabilidad social.
El desafío será conservar lo restaurado
Los ecosistemas de tierras secas pueden volverse gradualmente más autónomos a medida que la vegetación se establece, las raíces estabilizan el suelo y mejora la actividad biológica.
Sin embargo, Orr advierte que incluso las áreas recuperadas necesitan manejo cuidadoso y vigilancia prolongada. Su estabilidad dependerá de la salud del suelo, la disponibilidad de agua y la capacidad de resistir sequías, incendios o nuevas presiones humanas.
Zhu considera que una de las preguntas más importantes es qué ocurrirá si disminuyen la inversión y la escala de intervención que sostuvieron el programa durante décadas.
Las cuadrículas de paja se deterioran, los árboles pueden morir y las dunas pueden volver a moverse cuando desaparecen las labores de mantenimiento.
El éxito definitivo no dependerá solamente de la superficie recuperada hasta ahora, sino de que los ecosistemas puedan conservar sus funciones con un nivel de asistencia humana progresivamente menor.
Una experiencia para otras regiones áridas
La Gran Muralla Verde china demuestra que la desertificación puede frenarse cuando existe continuidad institucional, conocimiento científico, trabajo comunitario y financiamiento suficiente.
También revela que plantar árboles de forma masiva no constituye una solución universal. Cada región debe determinar qué vegetación puede sobrevivir, cuánta agua está disponible y qué actividades económicas son compatibles con la capacidad ecológica del territorio.
La expansión global de las tierras áridas incrementa la importancia de estas experiencias. El calentamiento, las sequías y el uso intensivo del suelo están aumentando la presión sobre ecosistemas donde viven miles de millones de personas.
Las tierras secas continúan expandiéndose a medida que aumenta la temperatura global, lo que obliga a combinar restauración, uso sostenible del agua y prevención de la degradación.
En el desierto de Kubuqi, las cuadrículas construidas con tallos de paja continúan simbolizando una labor que avanza lentamente, metro a metro, y cuyo mantenimiento deberá transmitirse a nuevas generaciones.
Fuente(s) referenciales
