El análisis de más de 50.000 muestras de coníferas muestra que la velocidad de formación de la madera pesa más que la duración de la temporada de crecimiento
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
El calentamiento global prolonga el periodo durante el cual numerosos árboles pueden formar madera, pero disponer de más tiempo no garantiza una mayor producción anual ni un incremento equivalente en el almacenamiento de carbono. Así lo concluye un estudio internacional basado en más de 50.000 muestras de coníferas procedentes de bosques de cuatro continentes.
La investigación fue liderada por científicos del Instituto Federal Suizo de Investigación sobre Bosques, Nieve y Paisaje, conocido como WSL, y contó con la participación de instituciones de distintos países. Los resultados, publicados en la revista Science, muestran que la cantidad anual de células de madera depende principalmente de la velocidad con la que los árboles las producen.
El hallazgo cuestiona la expectativa de que una temporada de crecimiento más extensa aumentará automáticamente la biomasa forestal y ayudará a retirar más dióxido de carbono de la atmósfera. La respuesta cambia con la temperatura, la disponibilidad de agua, la latitud y las condiciones propias de cada bosque.
Las muestras fueron estudiadas célula por célula
Los investigadores analizaron la xilogenia, el proceso mediante el cual los árboles forman y desarrollan nuevas células de xilema en sus anillos exteriores. Este tejido transporta agua y minerales, aporta soporte estructural y constituye una parte esencial de la madera donde queda almacenado el carbono.
Los equipos participantes recogieron pequeñas muestras de los troncos de manera periódica durante las temporadas de crecimiento. En el laboratorio, cada fragmento fue procesado, fotografiado con microscopio y examinado célula por célula.
Este seguimiento permitió determinar cuándo comenzaba la formación de madera, cuándo terminaba y a qué velocidad avanzaba. Uno de los lugares incluidos fue el valle de Lötschental, en el cantón suizo de Valais, donde investigadores del WSL han tomado muestras semanales en diferentes altitudes durante dos décadas.
Antoine Cabon, ecólogo forestal del WSL y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, explicó que la base de datos fue construida mediante una colaboración prolongada. La extensión geográfica y temporal permitió comparar bosques boreales, templados, mediterráneos y semiáridos.
La velocidad de crecimiento resultó más decisiva
El ritmo de formación de xilema presentó diferencias amplias entre árboles y regiones. Los valores oscilaron desde una nueva célula de madera por mes hasta dos células diarias.
Al comparar esa velocidad con la duración de la temporada activa, los científicos comprobaron que el ritmo de producción explicaba mejor la cantidad total de células generadas durante el año. Un árbol puede disponer de más semanas para crecer y, aun así, producir poca madera si forma células lentamente.
Este resultado ayuda a interpretar estudios que detectan cambios visibles en el tamaño de los árboles. Una investigación anterior encontró que los árboles de la Amazonia crecieron un 3,2 % por década, pero sus autores también advirtieron que la deforestación y la fragmentación amenazan la continuidad de ese beneficio.
La nueva investigación se concentra en coníferas no tropicales y en la formación celular de la madera. Por ello, sus conclusiones no deben trasladarse automáticamente a todas las especies forestales ni confundirse con una estimación completa del balance de carbono de cada ecosistema.
El crecimiento comenzó a desacelerarse cerca de los 6 °C
Las temperaturas más elevadas ampliaron generalmente el periodo de formación de madera. Sin embargo, la velocidad de producción celular no aumentó de manera indefinida.
El estudio identificó un punto óptimo alrededor de una temperatura media anual de 6 °C. Por encima de ese valor, la formación de células comenzó a disminuir, probablemente debido a una menor disponibilidad de agua.
El calor puede adelantar el inicio de la actividad del árbol o retrasar su final, pero también incrementa la evaporación y la demanda atmosférica de humedad. Cuando el agua disponible no satisface esas necesidades, el árbol reduce procesos fisiológicos y limita la producción de madera.
Este mecanismo ayuda a entender por qué una temporada extensa puede terminar con un crecimiento modesto. Los días adicionales solo se traducen en más madera si las condiciones permiten mantener una tasa suficiente de división y desarrollo celular.
Los bosques boreales y mediterráneos responden de forma distinta
En las regiones boreales, los inviernos prolongados y las bajas temperaturas restringen la actividad forestal. Un calentamiento moderado puede beneficiar inicialmente a estos bosques porque permite que los árboles crezcan durante más tiempo y formen células con mayor rapidez.
La respuesta fue diferente en los bosques templados, mediterráneos y semiáridos. En esas regiones más cálidas, la desaceleración de la producción celular puede compensar o superar el beneficio generado por la prolongación de la temporada.
Cabon advirtió que, si las temperaturas continúan aumentando, incluso los bosques boreales podrían alcanzar condiciones en las que la formación de madera se vuelva más lenta y desaparezca la ventaja asociada con una estación de crecimiento más extensa.
Los límites hídricos también explican por qué la resistencia forestal depende de la composición del ecosistema. Un análisis de 88.116 parcelas encontró que los bosques con mayor diversidad de árboles soportan mejor el calor y la sequía, aunque esa protección varía según las especies y la intensidad de los episodios.
La madera representa una reserva de carbono duradera
Los árboles absorben dióxido de carbono mediante la fotosíntesis y emplean parte de ese carbono para construir hojas, raíces, ramas y troncos. Cuando queda incorporado a la madera, puede permanecer almacenado durante periodos prolongados.
La producción de xilema no representa por sí sola todo el balance forestal. Para determinar si un bosque actúa como sumidero también deben considerarse la respiración de las plantas y del suelo, la mortalidad, los incendios, las plagas, la descomposición y las alteraciones humanas.
No obstante, una formación de madera más lenta reduce uno de los principales mecanismos mediante los cuales los bosques retienen carbono. Patrick Fonti, especialista en dendrocronología del WSL, señaló que esa desaceleración termina disminuyendo la capacidad potencial de los ecosistemas forestales para funcionar como sumideros.
La disponibilidad de nutrientes introduce otra limitación. En los trópicos, un trabajo sobre el efecto fertilizante del CO₂ y la escasez de fósforo mostró que una mayor concentración atmosférica del gas no produce automáticamente un aumento proporcional de la productividad.
Los modelos climáticos necesitan incorporar el ritmo celular
Los modelos forestales han utilizado con frecuencia el inicio y el final de la temporada de crecimiento para estimar la respuesta de los árboles al calentamiento. El nuevo estudio indica que esa duración debe analizarse junto con la velocidad real de producción de madera.
Dos bosques pueden permanecer activos durante un número parecido de días y terminar el año con cantidades distintas de biomasa. Del mismo modo, una temporada más larga puede aportar resultados limitados cuando la falta de agua reduce el ritmo de crecimiento durante buena parte del periodo adicional.
Incorporar estas diferencias permitiría mejorar las proyecciones sobre la productividad forestal y el almacenamiento futuro de carbono. También ayudaría a identificar regiones donde el calentamiento todavía favorece el crecimiento y otras en las que el estrés hídrico ya domina la respuesta.
La observación directa mantiene un papel central en esta tarea. Los anillos de árboles de bosques antiguos permiten reconstruir variaciones climáticas pasadas, mientras el seguimiento semanal de células revela cómo responden los troncos durante cada temporada.
Plantar árboles no sustituye la reducción de emisiones
Los resultados no implican que los bosques hayan dejado de absorber dióxido de carbono ni que todos estén perdiendo productividad. La investigación demuestra que su respuesta al calentamiento es más compleja que una relación directa entre temperatura, duración de la temporada y crecimiento.
Las políticas climáticas tampoco deberían calcular la captura futura suponiendo que el aumento térmico hará crecer más a todos los árboles. Las proyecciones necesitan incorporar límites relacionados con el agua, la temperatura óptima, las especies presentes y la velocidad de formación del xilema.
La conservación forestal continúa siendo esencial porque evita la liberación del carbono almacenado y protege el suelo, el agua y la biodiversidad. Sin embargo, la capacidad de los bosques para compensar emisiones adicionales no es ilimitada y puede debilitarse bajo condiciones climáticas cada vez más cálidas y secas.
Fuentes referenciales:
Agencia SINC – Los bosques podrían no absorber más CO₂ pese al aumento de las temperaturas
Instituto Federal Suizo de Investigación WSL – More time for trees to grow doesn’t always mean more wood
Science – Growth rate overrides the benefit of extended growing season from boreal to semiarid conifers




