Un mapa de las edades del basamento continental amplía el antiguo supercontinente hasta cerca del 80 % de las tierras emergidas y propone una conexión con cambios climáticos del Cámbrico
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
Una investigación internacional identificó fragmentos hasta ahora ocultos del antiguo Gondwana bajo sistemas montañosos de Asia y concluyó que el continente reunía cerca del 80 % de la masa continental del planeta hace unos 550 millones de años. El resultado respalda su clasificación como un verdadero supercontinente y plantea que su formación pudo contribuir a las transformaciones ambientales asociadas con la expansión de la vida compleja.
El trabajo, publicado en la revista Science Advances, reconstruyó la extensión de Gondwana mediante un mapa global de las edades de las rocas continentales profundas. Los investigadores rastrearon un bloque formado aproximadamente entre 700 y 550 millones de años atrás desde India y el sudeste asiático, a través de gran parte de China, hasta Kazajistán.
Esos territorios se encuentran actualmente cubiertos por rocas más jóvenes y forman parte de extensas regiones montañosas. Por ese motivo, su origen gondwánico no había sido incorporado plenamente en las reconstrucciones convencionales del supercontinente.
La extensión de Gondwana permanecía bajo debate
La existencia de Gondwana fue reconocida en 1885 por el geólogo austríaco Eduard Suess a partir de la distribución de un fósil vegetal hallado inicialmente en la provincia india del mismo nombre. Restos equivalentes aparecieron después en Australia, África, la Antártida y Sudamérica, lo que aportó evidencia de que esas masas terrestres estuvieron conectadas.
Sin embargo, su clasificación como supercontinente fue cuestionada durante el siglo XXI. Algunas definiciones establecieron que una masa unificada debía concentrar al menos el 75 % de las tierras continentales, mientras las reconstrucciones iniciales atribuían a Gondwana alrededor del 64 %.
Esos cálculos incluían como núcleos principales a India, Sudamérica, África, Australia y la Antártida. Reconstrucciones posteriores incorporaron territorios que se extendían desde los montes Apalaches, en Estados Unidos, a través del sur de Europa, Turquía, Irán y Pakistán hasta India, pero todavía no alcanzaban el umbral propuesto.
El debate se enmarca en el ciclo geológico de formación y fragmentación de supercontinentes, un proceso vinculado con la dinámica del manto, el movimiento de las placas y cambios prolongados en la configuración de océanos y continentes.
Los granitos revelaron un basamento continental común
El descubrimiento surgió mientras el equipo recopilaba una base mundial de muestras de granito para estudiar la relación entre los procesos de la corteza profunda y la formación de recursos minerales. La investigación examinó isótopos radiactivos que permiten conocer la edad de las rocas originales a partir de las cuales se generaron los granitos expuestos actualmente.
Muchos granitos se forman por la fusión de materiales continentales anteriores. Aunque una roca granítica pueda haberse solidificado en una época relativamente reciente, su composición puede conservar información sobre un basamento mucho más antiguo.
En el Himalaya, los científicos encontraron granitos formados hace aproximadamente 20, 50 y 120 millones de años. Pese a esas diferencias, el análisis mostró que todos procedían de un bloque continental común originado entre 700 y 550 millones de años atrás.
La señal pudo seguirse desde India y el sudeste asiático por China hasta Kazajistán. Buena parte de esa región había sido interpretada previamente como antiguo suelo oceánico ocupado por cadenas de islas volcánicas semejantes a las del Pacífico moderno.
Los nuevos datos indican que gran parte del territorio era corteza continental perteneciente a Gondwana. Al sumar estos fragmentos, la proporción atribuida al supercontinente aumenta hasta aproximadamente el 80 %, por encima del criterio utilizado para definir esta clase de estructura geológica.
La presencia de señales gondwánicas bajo relieves modernos recuerda que las montañas conservan capítulos anteriores de la reorganización planetaria. Investigaciones sobre cordilleras de más de 500 millones de años relacionadas con el nacimiento de Gondwana también han documentado la magnitud de las colisiones que ensamblaron sus diferentes bloques.
Un arco volcánico rodeó al supercontinente
Entre 750 y 550 millones de años atrás, la formación de Gondwana produjo cordilleras comparables en escala con el Himalaya. Durante parte de ese intervalo, el supercontinente atravesó condiciones frías y áridas asociadas con grandes glaciaciones globales.
Una vez reunidos sus fragmentos, la tectónica de placas tuvo que reorganizarse. Según la interpretación presentada por los investigadores, alrededor del continente se formó una extensa cadena de arcos volcánicos que iba desde Rusia y China hasta Australia, la Antártida, Sudáfrica y los Andes sudamericanos.
La estructura alcanzaba casi 35.000 kilómetros y constituía un antecedente geológico del actual cinturón de fuego del Pacífico. Como ocurre en los márgenes de subducción modernos, esta red produjo actividad volcánica persistente y liberó gases, principalmente vapor de agua y dióxido de carbono.
El vulcanismo cumple funciones diferentes según su escala y duración. Además de generar erupciones puntuales, puede modificar la composición atmosférica y el clima cuando sus emisiones se mantienen durante millones de años. Los volcanes han participado en la formación de continentes, cordilleras y nuevos paisajes durante buena parte de la historia planetaria.
Del planeta congelado a condiciones más cálidas
Los autores proponen que la liberación sostenida de gases por este cinturón volcánico durante unos 50 millones de años ayudó a transformar la Tierra desde un estado climático dominado por el hielo hacia condiciones de invernadero.
Esa transición coincidió con un intervalo decisivo para la evolución comprendido aproximadamente entre 550 y 500 millones de años atrás. Durante ese periodo aparecieron y se diversificaron numerosos grupos animales, fenómeno conocido como explosión cámbrica.
La interpretación intenta conectar tres cambios de escala global: el ensamblaje de Gondwana, la reorganización del sistema tectónico y volcánico, y la modificación del clima durante la expansión temprana de la vida animal. Las señales conservadas en isótopos de carbono, oxígeno y agua marina muestran que los sistemas geológicos y ambientales estaban experimentando transformaciones simultáneas.
La relación propuesta no significa que la formación del supercontinente explique por sí sola toda la diversificación biológica. La explosión cámbrica involucró interacciones entre oxigenación, química oceánica, disponibilidad de nutrientes, innovación evolutiva y condiciones ecológicas. El estudio aporta un posible mecanismo planetario capaz de influir sobre varios de esos procesos, pero no elimina la participación de otros factores.
La conexión entre tectónica y vida cuenta con antecedentes más antiguos. Un estudio sobre la posible actividad de las placas hace 4.000 millones de años planteó que los procesos geológicos tempranos pudieron crear ambientes favorables para las primeras formas de vida.
El mapa modifica la paleogeografía de Asia
El hallazgo no solo resuelve una discusión terminológica sobre Gondwana. Reconocer como continentales regiones consideradas anteriormente oceánicas cambia la interpretación de la paleogeografía asiática, la evolución de sus cordilleras y los procesos profundos relacionados con la formación de minerales.
La técnica utilizada ya existía desde hace décadas, pero los datos de las muestras individuales rara vez se habían integrado en un mapa de alcance continental y mundial. Su representación conjunta permitió identificar la continuidad de un basamento que había quedado fragmentado, deformado y cubierto por episodios geológicos posteriores.
Los resultados respaldan la existencia de una “Gran Gondwana” compuesta por una proporción mayor de las tierras emergidas de lo que mostraban los modelos convencionales. También ofrecen un marco para investigar cómo los ciclos de los supercontinentes alteran el nivel del mar, la circulación oceánica, el vulcanismo, la atmósfera y la evolución biológica.
El estudio fue encabezado por Tao Wang y contó entre sus coautores con el geólogo Bill Collins. La propuesta sobre el impulso a la vida debe continuar contrastándose con registros independientes, pero la identificación del basamento oculto refuerza la escala global del acontecimiento tectónico que precedió a la diversificación del Cámbrico.
Fuentes referenciales:
Phys.org – Gondwana really was a supercontinent and may have helped kickstart life on Earth
Science Advances – Buried fragments reveal a Greater Gondwana supercontinent




