Un estudio de alta resolución detectó que más de 700.000 kilómetros cuadrados registran un rápido aumento de los extremos durante la estación seca
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.
La Amazonía central y septentrional, una región con extensos bosques, sabanas naturales y grandes territorios indígenas, registra el crecimiento más rápido de los extremos de temperatura y estrés hídrico dentro del bioma. El resultado contradice la idea de que las mayores alteraciones climáticas se concentran exclusivamente en el sur amazónico, donde la deforestación y los cambios de uso del suelo han sido más intensos.
El hallazgo procede de una investigación liderada por la Universidad de Lancaster, realizada junto con WWF-UK y un equipo internacional de más de 50 científicos. El trabajo, publicado en septiembre de 2026 en Communications Earth & Environment, analizó los cambios climáticos ocurridos en toda la Amazonía durante más de cuatro décadas.
Alrededor del 10 % de la cuenca, equivalente a más de 700.000 kilómetros cuadrados, experimentó aumentos de al menos 0,75 grados Celsius por década en las temperaturas extremas de la estación seca. En esas áreas, el incremento acumulado desde 1981 superó los 3,22 grados.
Los valores medios ocultaban el avance de los extremos
Las temperaturas medias de la Amazonía aumentaron aproximadamente 0,21 grados Celsius por década, un ritmo comparable con el promedio del calentamiento global. Sin embargo, esa cifra general no reflejaba la velocidad mucho mayor alcanzada durante los periodos excepcionalmente cálidos y secos.
La investigación mostró que las tendencias promedio y los extremos no solo avanzan a ritmos distintos, sino que también señalan áreas geográficas diferentes. El sur amazónico continúa siendo la región que se calienta con mayor rapidez cuando se examinan las temperaturas medias, mientras que el sector central y septentrional encabeza el aumento de las condiciones extremas.
La diferencia resulta importante porque los impactos ecológicos más severos suelen producirse cuando coinciden temperaturas muy elevadas y escasez de agua. Estudios sobre otros ecosistemas han mostrado que el calor y la sequía combinados reducen la resistencia y recuperación de los bosques, aunque la magnitud de la respuesta varía según la composición y las condiciones de cada territorio.
El estudio reconstruyó cada estación seca de la Amazonía
El equipo dividió el bioma amazónico en celdas de 11 kilómetros y utilizó datos de alta resolución sobre temperatura y precipitaciones. La información combinó observaciones satelitales con registros de estaciones meteorológicas locales, lo que permitió determinar la estación seca correspondiente a cada sector.
Esta adaptación fue necesaria porque las regiones situadas al norte y al sur del ecuador no atraviesan sus periodos secos durante los mismos meses. Aplicar una temporada uniforme a toda la cuenca habría ocultado diferencias territoriales y reducido la precisión del análisis.
Los científicos modelaron los cambios de temperatura y estrés hídrico entre 1981 y 2023. También desarrollaron una medida del déficit de agua que incorpora el efecto de la temperatura sobre la pérdida de humedad, en lugar de depender exclusivamente de la cantidad de lluvia registrada.
Posteriormente compararon dos formas de medir el cambio. La primera evaluó la tendencia central, basada en los valores promedio de todos los años. La segunda se concentró en la tendencia de los extremos y concedió mayor importancia a los años excepcionalmente cálidos o secos.
Este segundo procedimiento permitió localizar zonas que no aparecían como prioritarias en las evaluaciones convencionales. La conclusión también refuerza la necesidad de estudiar cómo la vegetación influye en la evolución de la aridez y el balance de agua, especialmente bajo condiciones de calentamiento sostenido.
El foco climático está lejos del arco de deforestación
La posición geográfica del nuevo foco constituye uno de los resultados más relevantes. Las áreas con el aumento más acelerado de las temperaturas extremas se encuentran lejos del denominado arco de deforestación, situado principalmente en los bordes meridional y oriental del bosque.
Los investigadores consideran que esa distancia impide explicar el patrón únicamente mediante la tala o las transformaciones locales del territorio. Aunque la deforestación puede intensificar el calor y reducir la humedad en las zonas afectadas, el avance de los extremos en el centro-norte revela la influencia del cambio climático provocado por las emisiones globales.
La identificación de esta señal no disminuye la importancia de detener la pérdida forestal. Conservar la vegetación evita añadir presiones locales a una región que ya afronta temperaturas más altas y un déficit hídrico creciente. También protege la circulación de humedad, los hábitats y la capacidad del ecosistema para almacenar carbono.
Los cambios observados forman parte de un sistema de retroalimentaciones más amplio. Noticias de la Tierra ha documentado que las respuestas naturales al aumento de la temperatura pueden amplificar el calentamiento cuando incendios, humedales, aguas continentales y otros componentes liberan gases de efecto invernadero.
Bosques, fauna y ríos enfrentan impactos simultáneos
Los periodos excepcionalmente cálidos y secos han favorecido grandes incendios forestales, mortalidad de árboles y animales, contaminación atmosférica y niveles fluviales extremos. Investigaciones recientes también han registrado reducciones en poblaciones de aves y modificaciones en su longevidad, apariencia y comportamiento.
La sequía de 2024 mostró la vulnerabilidad de los ríos amazónicos. En el arroyo Tiaracá, dentro del Parque Nacional de Jaú, en el estado brasileño de Amazonas, el agua descendió tanto que algunas embarcaciones solo pudieron avanzar con remos porque ya no existía profundidad suficiente para utilizar motores fuera de borda.
El descenso de los ríos afecta la movilidad, el acceso a servicios y el abastecimiento de comunidades que dependen de las vías acuáticas. También puede perjudicar la pesca, la calidad del agua y la atención sanitaria en territorios forestales alejados de las redes terrestres.
En Manaos, la combinación de sequía, calor e incendios ha contribuido a episodios de contaminación atmosférica. El humo agrava los efectos directos de las altas temperaturas sobre la salud y añade presión sobre poblaciones que también enfrentan dificultades de transporte y disponibilidad de agua.
Los territorios indígenas entran en una nueva zona de riesgo
La región central y septentrional alberga extensos territorios indígenas y representa una parte esencial de la diversidad cultural y biológica amazónica. Su aparición como foco de extremos climáticos obliga a adaptar los planes de prevención a poblaciones que anteriormente no figuraban entre las más expuestas.
La alteración climática también puede afectar productos forestales fundamentales para la alimentación y los ingresos, como el açaí. Joice Ferreira, investigadora de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria, advirtió que estas pérdidas debilitan la función del bosque como red de seguridad y amenazan el desarrollo de la sociobioeconomía regional.
La presión sobre los ecosistemas puede complicar programas públicos de restauración y transformación territorial. Un bosque sometido a incendios recurrentes, déficit de agua y calor extremo puede presentar menor capacidad de regeneración, incluso cuando se reduzcan las presiones humanas directas.
La investigación coincide con la advertencia de que cada fracción adicional de calentamiento aumenta los daños sobre personas y ecosistemas. Las diferencias detectadas dentro de la Amazonía muestran, además, que la adaptación no puede diseñarse a partir de un único promedio para toda la cuenca.
La adaptación necesita mapas de riesgo más precisos
Los autores consideran prioritario reforzar la prevención de incendios, detener la deforestación y apoyar a las comunidades cuando el descenso de los ríos interrumpe la navegación. Estas medidas deberán ajustarse a las estaciones secas y las vulnerabilidades particulares de cada territorio.
El trabajo ofrece mapas interactivos con las tasas de cambio de la temperatura, las precipitaciones y el déficit de presión de vapor, un indicador relacionado con la demanda de humedad de la atmósfera. Esta información puede orientar la ubicación de recursos para combatir incendios, proteger la salud y planificar la restauración forestal.
El estudio tampoco establece que toda la Amazonía esté cambiando con la misma intensidad. Su principal aporte consiste precisamente en demostrar que los promedios regionales pueden ocultar focos de deterioro acelerado. Incorporar los extremos a las evaluaciones permitirá reconocer antes las zonas donde el calor y el estrés hídrico amenazan con superar la capacidad de adaptación de los bosques y sus habitantes.
Fuentes referenciales:
Phys.org — Universidad de Lancaster
Communications Earth & Environment




