Un análisis global estima que los ríos movilizaron 263.000 toneladas de estas partículas en 2022 y atribuye el 96 % del transporte al Sur Global
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Las precipitaciones intensas pueden provocar aumentos repentinos del transporte de microplásticos desde zonas terrestres hacia los ríos y, finalmente, el océano, según un estudio internacional liderado por Hehao Qin, investigador de la Universidad de Pekín, en China. El análisis calcula que los cursos fluviales del planeta movilizaron aproximadamente 263.000 toneladas de estas partículas durante 2022.
Los resultados, publicados en la revista Science, indican que el 96 % del flujo estimado procedió del Sur Global. El Sudeste Asiático y Asia Oriental concentraron por sí solos más de la mitad del total, una distribución relacionada con factores como el consumo de plástico, la gestión deficiente de residuos y las condiciones hidroclimáticas.
El trabajo incorpora por primera vez con mayor detalle la dimensión temporal de esta contaminación. En lugar de considerar el transporte fluvial como un proceso relativamente uniforme, muestra que determinados episodios de lluvia pueden generar pulsos breves, pero muy elevados, de partículas en los cauces.
La escorrentía conecta los residuos terrestres con los ríos
Durante una precipitación intensa, el agua que no logra infiltrarse circula sobre superficies urbanas, vertederos, suelos agrícolas y otros terrenos. Esa escorrentía puede recoger fragmentos de plástico acumulados y conducirlos hacia alcantarillas, quebradas, afluentes y ríos principales.
El efecto resulta especialmente importante donde coinciden un elevado uso de productos plásticos y sistemas insuficientes de recolección o tratamiento de residuos. Las partículas que permanecían retenidas en calles, suelos o depósitos informales pueden incorporarse rápidamente a la red hidrográfica cuando aumenta el volumen y la velocidad del agua.
Los ríos funcionan así como corredores que conectan la contaminación continental con las zonas costeras. Sin embargo, calcular cuánto material transportan ha sido difícil porque las concentraciones cambian según la estación, el caudal, la intensidad de las precipitaciones y el tamaño de las partículas analizadas.
La escorrentía posterior a fenómenos extremos también puede trasladar otros contaminantes. Un análisis sobre la erosión y la contaminación del agua después de los incendios mostró que la pérdida de vegetación y la alteración del suelo facilitan el arrastre de sedimentos y residuos cuando regresan las lluvias.
Un modelo global integra observaciones y aprendizaje automático
El equipo desarrolló un método destinado a reducir las diferencias entre las estimaciones anteriores. Para ello, integró observaciones obtenidas mediante distintos procedimientos de muestreo, tuvo en cuenta el tamaño de los microplásticos e incorporó técnicas de aprendizaje automático.
El modelo analizó la influencia combinada de factores humanos y naturales sobre las concentraciones detectadas en los ríos. Entre las variables consideradas se encuentran el uso de plástico, la gestión de los residuos, el desarrollo humano, las condiciones meteorológicas y los cambios estacionales.
Roberto Rosal, catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá, destacó ante el Science Media Centre España que la investigación dispone de una amplia base empírica respaldada por numerosas observaciones directas. También valoró la incorporación del transporte asociado a episodios extremos, porque acerca las estimaciones a la dinámica física de los ríos.
La necesidad de armonizar las mediciones coincide con el reclamo de investigadores que piden datos globales comparables sobre la contaminación plástica. Las diferencias entre métodos, tamaños de partículas y unidades de registro dificultan evaluar la evolución del problema y comprobar la eficacia de las políticas públicas.
El Sur Global concentra la mayor parte del transporte estimado
De las 263.000 toneladas de microplásticos que los ríos habrían transportado al océano en 2022, alrededor del 96 % se originó en países del Sur Global. El resultado no implica que otras regiones estén libres de contaminación, sino que el modelo identifica una contribución desproporcionada en territorios donde convergen mayores pérdidas de residuos y condiciones favorables para su movilización.
El Sudeste Asiático y Asia Oriental aportaron conjuntamente más de la mitad del flujo mundial calculado. La concentración geográfica señala la necesidad de mejorar la recolección, el tratamiento y la prevención de fugas, pero también de ampliar las redes de observación en regiones donde la información ambiental continúa siendo limitada.
Los autores identificaron el consumo de plástico, su manejo inadecuado y el grado de desarrollo humano como los factores principales para explicar las diferencias espaciales. En escalas temporales más cortas, las lluvias, las estaciones y otras variables meteorológicas determinaron cuándo las partículas acumuladas alcanzaban los cursos de agua.
Estas conclusiones refuerzan la importancia de seguir el material desde su fabricación hasta su destino ambiental. Medir únicamente los residuos recogidos o depositados en instalaciones formales deja fuera las pérdidas que terminan en suelos, drenajes, ríos, costas y océanos.
Los pulsos de contaminación pueden pasar inadvertidos
Una parte de los programas de vigilancia se basa en muestras recogidas a intervalos regulares. Si la medición se realiza antes o después de una lluvia extrema, puede no registrar el máximo de contaminación producido durante las horas de mayor escorrentía y caudal.
El nuevo enfoque sugiere que el monitoreo debería adaptarse mejor a los fenómenos meteorológicos. Tomar muestras durante distintas fases de una tormenta permitiría conocer la concentración inicial, el pico de transporte y la disminución posterior, además de distinguir entre partículas que llegan desde áreas urbanas, agrícolas o industriales.
También será necesario conservar criterios comparables sobre el tamaño de los fragmentos. Los microplásticos abarcan partículas de características muy diferentes, y los equipos de muestreo no siempre capturan los mismos rangos. Esa variación puede producir resultados difíciles de contrastar entre cuencas.
Otros estudios examinan cómo el desgaste modifica el comportamiento de estas partículas. Una investigación sobre microplásticos envejecidos y el transporte de contaminantes encontró que la exposición ambiental puede cambiar sus superficies, aunque en las condiciones evaluadas produjo alteraciones limitadas en la movilidad de las sustancias estudiadas.
El cambio climático puede intensificar el arrastre
La investigación advierte que el transporte fluvial de microplásticos podría aumentar en determinados lugares si el cambio climático hace más frecuentes o severos los episodios de precipitación extrema. El riesgo no depende únicamente de que llueva más en términos anuales, sino de que una proporción mayor del agua caiga durante tormentas concentradas.
Las lluvias intensas pueden superar la capacidad de infiltración del suelo y de los sistemas urbanos de drenaje. Cuando esto ocurre, crece el volumen de agua que circula por la superficie y, con él, la posibilidad de movilizar residuos que permanecían dispersos en el territorio.
Los autores no atribuyen toda la contaminación al clima. La cantidad de plástico disponible para ser arrastrado continúa dependiendo principalmente de la producción, el consumo y la gestión de los desechos. Las precipitaciones funcionan como un mecanismo que libera y transporta rápidamente una carga previamente acumulada.
La combinación de prevención y seguimiento resulta por ello fundamental. Reducir las fugas de residuos disminuye el material expuesto a las tormentas, mientras que una vigilancia vinculada a los eventos hidrológicos permite localizar las cuencas, ciudades y puntos de descarga que aportan mayores cantidades.
De los cauces a los ecosistemas costeros
Una vez incorporados a los ríos, los microplásticos pueden permanecer temporalmente en sedimentos, desplazarse aguas abajo o alcanzar estuarios y mares. Su recorrido depende del caudal, la forma de la cuenca, el tamaño y la densidad de las partículas, así como de las condiciones costeras.
La contaminación resultante es persistente y puede exponer a organismos acuáticos a fibras y fragmentos de polímeros. La investigación no cuantifica directamente los efectos ecológicos de cada tonelada transportada, pero aporta una estimación más precisa de las rutas y momentos en que el material llega al océano.
Las costas también ofrecen oportunidades para recopilar información. Las iniciativas para convertir la recogida de plásticos en ciencia ciudadana pueden ayudar a identificar tipos de residuos, lugares de acumulación y cambios temporales cuando emplean protocolos consistentes.
Los resultados del nuevo estudio apuntan a una estrategia que combine reducción del plástico desechable, mejora de los servicios de residuos, control de vertidos, monitoreo durante tormentas y cooperación internacional. Sin intervenir sobre las fuentes terrestres, los ríos continuarán trasladando hacia el mar una parte de la contaminación acumulada en las cuencas.
Fuentes referenciales:
Agencia SINC
Science




