Investigadores de Estados Unidos y China proponen que el tratado de la ONU obligue a informar sobre producción, comercio, reciclaje, eliminación y destino ambiental de los plásticos
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Raúl Méndez C.
Un grupo de científicos de Estados Unidos y China reclamó la creación de un sistema internacional obligatorio para medir y comunicar todo el ciclo de vida del plástico, desde su producción hasta su eliminación o liberación al ambiente. La propuesta busca proporcionar una base verificable para el tratado mundial contra la contaminación plástica que negocian los países bajo el impulso de las Naciones Unidas.
El planteamiento fue desarrollado por investigadores de la Universidad de California en Santa Bárbara y la Universidad de Tsinghua, en China, y publicado en la revista Science. Los autores sostienen que los gobiernos no podrán evaluar con precisión la eficacia de sus políticas mientras persistan grandes vacíos de información sobre qué plásticos se fabrican, dónde se comercializan, cuánto se recicla y cuál es el destino de los residuos.
La propuesta será analizada durante un taller previsto para los días 16 y 17 de septiembre de 2026 en Ginebra. El encuentro reunirá a especialistas interesados en transformar las recomendaciones científicas en un marco práctico que pueda ser incorporado a los sistemas nacionales de seguimiento y, eventualmente, al acuerdo internacional.
Medir el plástico desde su fabricación hasta su destino final
Los investigadores proponen recopilar información comparable sobre los tipos y volúmenes de plásticos producidos, sus componentes químicos, los movimientos comerciales, el reciclaje, la disposición final y las pérdidas que terminan contaminando ecosistemas terrestres y acuáticos. El objetivo es construir una visión de principio a fin, capaz de mostrar dónde se generan los principales impactos y qué intervenciones consiguen reducirlos.
La iniciativa también contempla etiquetas estandarizadas, métodos comunes de medición y repositorios accesibles para organizar los datos. Sin criterios compartidos, las cifras nacionales pueden representar categorías diferentes o resultar insuficientes para determinar si una reducción observada se debe a una política efectiva, a cambios comerciales o simplemente a deficiencias en el registro.
Quanyin Tan, autor principal del trabajo y profesor asistente de la Escuela de Medio Ambiente de la Universidad de Tsinghua, participó en la elaboración del modelo junto con Roland Geyer, especialista en ecología industrial de la Universidad de California en Santa Bárbara, y Douglas McCauley, profesor de ecología, evolución y biología marina de esa institución.
La falta de un acuerdo definitivo no elimina la necesidad de actuar. Otros científicos han pedido impulsar medidas nacionales contra la contaminación plástica mientras avanzan las negociaciones, de modo que las demoras diplomáticas no paralicen la prevención ni la gestión de los residuos.
Los tratados ambientales ofrecen modelos de seguimiento
El equipo señala que otros acuerdos internacionales ya utilizan sistemas de información para supervisar sustancias y actividades contaminantes. Entre los precedentes se encuentran el Protocolo de Montreal sobre compuestos que dañan la capa de ozono, el Convenio de Basilea sobre movimientos transfronterizos de residuos peligrosos, el Convenio de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes y el Convenio de Minamata sobre el mercurio.
El Acuerdo de París también exige inventarios nacionales para conocer las emisiones de gases de efecto invernadero y seguir el avance de las políticas climáticas. Según los investigadores, una arquitectura equivalente permitiría comparar los compromisos sobre plásticos y comprobar si las medidas adoptadas reducen efectivamente la producción problemática, los residuos y la contaminación.
La Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente inició en marzo de 2022 el proceso destinado a elaborar un instrumento internacional jurídicamente vinculante. Sin embargo, las conversaciones han encontrado desacuerdos sobre asuntos como los límites a la producción, el control de sustancias químicas, la financiación y las obligaciones diferenciadas entre países.
Las dificultades también han generado propuestas para modificar la dinámica de las conversaciones. Un análisis publicado en febrero de 2026 indicó que el tratado mundial sobre plásticos todavía puede avanzar mediante reformas del proceso negociador y una mayor atención a la evidencia científica disponible.
Un material útil con costos ambientales persistentes
El plástico ha permitido fabricar productos resistentes, ligeros y adaptables para sectores como la medicina, la construcción, el transporte y la alimentación. El problema surge cuando esa durabilidad se aplica a objetos utilizados durante minutos y desechados inmediatamente, mientras el material puede permanecer durante siglos en vertederos o en el ambiente.
Los polímeros sintéticos se fragmentan progresivamente, pero no desaparecen con facilidad. Sus residuos llegan a suelos, ríos y océanos, donde pueden afectar hábitats y entrar en contacto con organismos. Por ello, los plásticos forman parte de los impactos asociados a la triple crisis planetaria de cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación.
Una estimación publicada en 2024 por investigadores vinculados al equipo proyectó que el uso mundial de plástico podría crecer 37 % para 2050. Los autores advierten que la expansión del sector petroquímico puede ganar importancia económica conforme otros usos de los combustibles fósiles afronten restricciones o sean sustituidos por fuentes energéticas con menores emisiones.
El aumento previsto refuerza la necesidad de registrar no solamente los residuos, sino también la fabricación y el comercio. Medir únicamente lo que llega a vertederos o plantas de reciclaje dejaría fuera materiales exportados, productos todavía en circulación y desechos que escapan de los sistemas formales.
Reciclaje y materiales alternativos requieren evaluación
El seguimiento internacional permitiría distinguir entre recuperación efectiva, exportación de residuos, incineración y almacenamiento. También ayudaría a identificar productos difíciles de reutilizar o reciclar debido a la mezcla de polímeros, aditivos, adhesivos y otros componentes.
Las alternativas deben examinarse bajo el mismo enfoque integral. Los materiales compostables o biodegradables pueden funcionar en condiciones específicas, pero no constituyen una solución automática para todos los entornos. Los estudios sobre el papel de los plásticos biodegradables frente a la basura marina muestran la importancia de considerar las condiciones reales de degradación y la infraestructura disponible.
Los científicos no presentan la recopilación de datos como sustituto de los límites, regulaciones o inversiones necesarias. Su función sería ofrecer un punto de partida común para fijar objetivos, distribuir responsabilidades y verificar resultados. El sistema también tendría que reconocer las diferencias de capacidad técnica entre los países para evitar que la ausencia de laboratorios, estadísticas o infraestructura deje regiones enteras fuera del registro.
Información verificable para orientar las decisiones
Además de los inventarios nacionales, el diseño de las políticas puede beneficiarse del conocimiento de municipios, recicladores, organizaciones ambientales y poblaciones expuestas. La evidencia disponible indica que la participación de las comunidades mejora las respuestas contra la contaminación plástica al incorporar información sobre consumo, recolección y acumulación de residuos en cada territorio.
Un marco mundial permitiría relacionar esos datos locales con los flujos internacionales de materias primas y productos. También facilitaría determinar si una prohibición desplaza el problema hacia otro material o país, si una política de reciclaje recupera los residuos anunciados y si las intervenciones reducen la llegada de plástico al ambiente.
La propuesta ofrece un posible terreno común incluso si los negociadores todavía no alcanzan consenso sobre restricciones a la producción. Registrar de manera uniforme cuánto plástico se fabrica, qué sustancias contiene, cómo se comercializa y dónde termina permitiría evaluar posteriormente cualquier obligación incorporada al tratado.
El desafío será convertir el modelo científico en compromisos aplicables, con mecanismos de financiación, verificación y acceso público a la información. Sin una referencia mundial comparable, los gobiernos seguirán tomando decisiones sobre una contaminación transfronteriza a partir de registros parciales y metodologías incompatibles.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Science




