Un informe de Deloitte proyecta que la sequía podría presionar los granos básicos, la generación eléctrica y el transporte marítimo regional durante 2027
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
El fortalecimiento de El Niño amenaza con trasladar sus efectos climáticos a la economía de Centroamérica y República Dominicana durante 2027. Un informe de Deloitte advierte que una posible intensificación de la sequía podría reducir cosechas, encarecer alimentos, limitar la generación hidroeléctrica y elevar los costos del transporte marítimo.
El análisis plantea un escenario de riesgos conectados: una menor disponibilidad de agua no afectaría únicamente a los cultivos, sino también a los embalses, las centrales eléctricas, las operaciones logísticas y el abastecimiento de materias primas. El impacto final dependerá de la duración e intensidad del fenómeno, así como de las condiciones específicas de cada país.
La proyección no significa que todos los efectos vayan a producirse con la misma magnitud ni al mismo tiempo. El Niño modifica la circulación atmosférica y la distribución de las precipitaciones, pero sus consecuencias pueden variar entre cuencas, zonas agrícolas y costas relativamente cercanas.
Los granos básicos enfrentan una mayor presión climática
La sequía representa una amenaza directa para la producción de maíz, frijol, arroz y otros alimentos esenciales en la dieta regional. Los cultivos de secano dependen especialmente de que las lluvias lleguen durante las etapas críticas de siembra, floración y formación del grano.
Una reducción de las cosechas locales puede aumentar la necesidad de importaciones y trasladar costos adicionales a los consumidores. El precio final también está condicionado por el transporte, el almacenamiento, los combustibles, los fertilizantes y el comportamiento de los mercados internacionales.
El riesgo es mayor para los hogares rurales que producen una parte de sus propios alimentos y dependen de la venta de excedentes para obtener ingresos. Cuando una sequía daña simultáneamente el cultivo comercial y la reserva familiar, la pérdida productiva se convierte rápidamente en un problema de seguridad alimentaria.
Honduras figura entre los territorios donde la escasez de lluvias requiere una respuesta preventiva. Las advertencias recientes de organismos internacionales sobre la situación del país refuerzan la necesidad de proteger fuentes de agua, reservas alimentarias y medios de vida rurales antes de que el déficit alcance su fase más severa.
Menos agua puede reducir la generación hidroeléctrica
La producción de electricidad constituye otro punto vulnerable. Una disminución prolongada de las precipitaciones puede reducir el caudal de los ríos y el nivel de los embalses utilizados por las centrales hidroeléctricas, obligando a complementar la oferta mediante otras fuentes de generación.
La sustitución de energía hidroeléctrica por plantas que utilizan combustibles puede elevar los costos del sistema, especialmente cuando coinciden precios internacionales altos, mayor demanda por calor y limitaciones en la infraestructura eléctrica. La incidencia sobre las tarifas dependerá de la matriz energética y de los mecanismos regulatorios de cada país.
Los embalses cumplen funciones diferentes y, en ocasiones, competitivas: generación eléctrica, abastecimiento urbano, riego, navegación y control de caudales. Durante una sequía, las autoridades deben decidir cómo administrar reservas limitadas sin agotar el recurso antes del regreso de las lluvias.
República Dominicana también aparece en la evaluación por su exposición a variaciones en el régimen de precipitaciones, la demanda energética y el costo de las importaciones. La diversificación de la generación puede reducir parte del riesgo, aunque no elimina la dependencia territorial del agua.
El Canal de Panamá conecta sequía y comercio marítimo
El transporte marítimo constituye uno de los vínculos más visibles entre el clima centroamericano y la economía mundial. Las operaciones del Canal de Panamá dependen del agua dulce almacenada en su sistema de lagos para permitir el tránsito de los buques a través de las esclusas.
Cuando disminuye el nivel de los embalses, la administración canalera puede verse obligada a ajustar el calado permitido, limitar el número de tránsitos o aplicar otras medidas para conservar agua. Estas decisiones pueden reducir la carga transportada, aumentar los tiempos de espera y modificar las rutas elegidas por las navieras.
El efecto logístico no queda restringido a Panamá. Los retrasos y mayores costos pueden trasladarse a importadores, exportadores y consumidores de otros países, especialmente cuando afectan cargamentos de alimentos, combustibles, fertilizantes y materias primas.
La relación entre océano y atmósfera ya muestra señales relevantes en el Pacífico oriental. El seguimiento regional ha detectado que el mar frente a Ecuador registra anomalías térmicas de hasta 4,1 grados, aunque ese dato corresponde a una zona oceánica específica y no permite determinar por sí solo cuánto lloverá en cada país centroamericano.
El calentamiento del Pacífico no produce un impacto uniforme
El Niño es la fase cálida de un sistema de variabilidad natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur. Su desarrollo está asociado con un calentamiento anormal de sectores del Pacífico ecuatorial y con cambios en los vientos, las corrientes y la circulación atmosférica.
Estas alteraciones pueden favorecer sequías en unas regiones y lluvias intensas en otras. Incluso dentro de un mismo país pueden coexistir cuencas con déficits prolongados y territorios expuestos a aguaceros, inundaciones o deslizamientos.
Por esa razón, una previsión regional debe traducirse en evaluaciones nacionales y locales. La temperatura del océano ofrece una señal importante, pero el riesgo territorial también depende de la humedad del suelo, las reservas de los embalses, la distribución de las lluvias y la vulnerabilidad de las infraestructuras.
Las proyecciones para 2027 deben entenderse como una advertencia para la preparación y no como una predicción determinista. La intensidad del evento puede cambiar durante los próximos meses y las consecuencias estarán condicionadas por las decisiones adoptadas antes de la fase más crítica.
Preparación frente a una sequía con efectos encadenados
Deloitte plantea que empresas y gobiernos deben evaluar su exposición a posibles interrupciones en agua, energía, alimentos y logística. La planificación requiere identificar proveedores vulnerables, actualizar costos, revisar inventarios y establecer alternativas para operaciones dependientes de caudales o generación hidroeléctrica.
En agricultura, las medidas pueden incluir conservación de humedad, ajuste de calendarios de siembra, protección de semillas, almacenamiento de agua y diversificación productiva. Estas decisiones deben apoyarse en información meteorológica local y no únicamente en una previsión general sobre El Niño.
Los sistemas eléctricos necesitan vigilar el nivel de los embalses, asegurar capacidad de respaldo y evitar que una reducción hidroeléctrica se convierta en interrupciones del servicio. En logística, importadores y exportadores pueden revisar rutas, tiempos de entrega y disponibilidad de inventarios críticos.
La preparación social también resulta decisiva. Los hogares con menores ingresos destinan una proporción mayor de sus recursos a alimentos y electricidad, por lo que un aumento simultáneo de ambos costos puede ampliar la vulnerabilidad. Las políticas públicas deberán diferenciar entre apoyo inmediato y medidas estructurales para gestionar el agua y fortalecer la resiliencia territorial.
El principal riesgo descrito por el informe no procede de un único sector, sino de la conexión entre ellos. Una sequía puede comenzar como un déficit de precipitación, reducir después cosechas y embalses, alterar la generación de electricidad y terminar afectando transporte, precios y seguridad alimentaria.
Fuentes referenciales:
Infobae
Organización Internacional del Trabajo




