El calentamiento del Pacífico podría reducir el alimento de pingüinos, aves y mamíferos marinos, mientras las lluvias favorecerían la expansión de plantas invasoras
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Un episodio intenso de El Niño podría causar un fuerte impacto sobre la biodiversidad de las islas Galápagos, en Ecuador. Científicos y organizaciones conservacionistas advierten que el calentamiento del océano reduciría la productividad marina que alimenta a numerosas especies, mientras el aumento de las precipitaciones facilitaría la expansión de vegetación invasora.
El archipiélago, ubicado aproximadamente a 1.000 kilómetros de la costa continental ecuatoriana, reúne más de 230 islas e islotes, aunque solo cuatro mantienen población permanente. Su aislamiento favoreció la evolución de especies endémicas y convirtió a Galápagos en uno de los territorios de mayor relevancia mundial para la conservación.
La preocupación se intensificó ante una previsión de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos que situó la anomalía térmica del Pacífico ecuatorial alrededor de 2,2 grados Celsius. Los especialistas consideran muy intenso un episodio cuando la temperatura marina supera el promedio en más de dos grados.
El seguimiento resulta especialmente importante porque el mar de Ecuador presenta anomalías térmicas significativas y un nivel oceánico superior a sus valores habituales, condiciones que mantienen activos los sistemas regionales de vigilancia.
El calentamiento reduce la productividad del océano
El Niño debilita el ascenso de aguas frías y ricas en nutrientes que sostienen la productividad del ecosistema marino de Galápagos. Al disminuir esos nutrientes, también pueden reducirse el plancton, las algas y los peces pequeños que conforman la base de la cadena alimentaria.
La escasez se transmite posteriormente a las especies que dependen de esos organismos. Entre los animales bajo vigilancia se encuentran los pingüinos de Galápagos, piqueros de patas azules, petreles, albatros, cormoranes no voladores y lobos marinos.
Las anomalías prolongadas no afectan únicamente la disponibilidad de alimento. El calor oceánico puede modificar el desarrollo y el tamaño de numerosas especies marinas, alterar su distribución y cambiar las relaciones ecológicas dentro de hábitats que ya soportan otras presiones ambientales.
Cuando el alimento disminuye, algunas colonias interrumpen la reproducción y los individuos deben desplazarse para encontrar presas. Los animales que no logran adaptarse pueden morir por inanición, con consecuencias especialmente graves para poblaciones pequeñas o de distribución limitada.
Los vertebrados podrían sufrir una caída considerable
Gustavo Jiménez, científico de la Fundación Charles Darwin, estimó que la población de vertebrados del archipiélago podría disminuir al menos un 20 % durante el año si El Niño alcanza la intensidad prevista. La cifra representa una proyección condicionada a la evolución del fenómeno y no un descenso ya observado.
El antecedente de 1998 muestra la vulnerabilidad de los pingüinos ante estos episodios. Según datos de la Fundación Charles Darwin citados por la fuente, la población pasó de aproximadamente 1.300 ejemplares antes de aquel evento a unos 400 después, una reducción cercana al 70 %.
La caída no estuvo vinculada exclusivamente al aumento de la temperatura. El deterioro comenzó con la menor disponibilidad de nutrientes y organismos microscópicos, continuó con la reducción de peces y terminó afectando la supervivencia y reproducción de los depredadores marinos.
Los cambios también podrían alcanzar a las colonias de coral y a recursos pesqueros como el atún. Las experiencias documentadas en otros territorios muestran que las temperaturas marinas anormalmente altas pueden provocar pérdidas en organismos sensibles y repercutir sobre actividades humanas dependientes del océano.
Las lluvias impulsarían el avance de plantas invasoras
En los ecosistemas terrestres, el principal riesgo procede del incremento de las precipitaciones asociado con El Niño. La humedad adicional puede acelerar el crecimiento de plantas introducidas capaces de competir por espacio, agua, luz y nutrientes con especies nativas de desarrollo más lento.
Heinke Jager, investigadora de la Fundación Charles Darwin, advirtió sobre la vulnerabilidad de los tres últimos remanentes de bosques de Scalesia. Estas plantas, emparentadas con las margaritas, forman comunidades forestales de altura que ofrecen alimento y refugio a distintas especies.
Las zarzamoras figuran entre las invasoras que podrían expandirse rápidamente bajo condiciones de lluvia abundante. Su avance amenazaría a las plantas endémicas y modificaría la estructura de hábitats que evolucionaron durante largos periodos de aislamiento.
Las opuntias también se encuentran expuestas. Estos cactus, exclusivos del archipiélago, sostienen comunidades de insectos, aves y otras formas de vegetación. Una reducción importante de sus poblaciones produciría efectos que irían más allá de la pérdida de una sola especie.
La conservación prioriza semillas, viveros y control de invasoras
Organismos estatales, fundaciones y organizaciones no gubernamentales preparan acciones para disminuir los posibles daños. Las medidas contemplan la recolección y conservación de semillas, la creación de viveros, la vigilancia de la fauna y la eliminación de plantas invasoras en sectores prioritarios.
Estas actuaciones buscan preservar material vegetal y mantener poblaciones de especies nativas antes de que las condiciones climáticas alcancen su mayor intensidad. La respuesta requiere seguimiento continuo porque los efectos de El Niño no son iguales en todas las islas ni se manifiestan simultáneamente.
La vigilancia del Pacífico también permitirá conocer si el episodio evoluciona según las proyecciones. Las observaciones costeras y satelitales de la NOAA ayudan a medir la temperatura, el nivel del mar y otras señales necesarias para evaluar el desarrollo del fenómeno.
Galápagos fue inscrita como Patrimonio Natural de la Humanidad en 1978. Su protección frente a El Niño exige observar de manera conjunta el calentamiento marino, la disponibilidad de alimento, la reproducción de la fauna, las precipitaciones y el avance de especies invasoras.
Fuente referencial:
Infobae




