El Gobierno presentará el proyecto en febrero de 2027, tras años de cuestionamientos por el sufrimiento de los cetáceos y la presión internacional
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
El Gobierno de Islandia anunció que presentará en febrero de 2027 un proyecto de ley destinado a prohibir permanentemente la caza comercial de ballenas en sus aguas. Si la iniciativa recibe la aprobación parlamentaria, el país abandonaría una actividad que mantiene junto con Noruega y Japón pese a la moratoria internacional vigente desde 1986.
La propuesta llega después de años de debate político, protestas de organizaciones defensoras de los animales y cuestionamientos sobre la posibilidad de compatibilizar la caza de grandes cetáceos con las normas islandesas de bienestar animal. El Ejecutivo cuenta con mayoría parlamentaria, aunque la presentación del proyecto no equivale todavía a su aprobación ni permite anticipar todos los términos de la futura norma.
Un informe documentó muertes prolongadas tras el arponeo
La controversia se intensificó en 2023, cuando un informe encargado por el Estado examinó operaciones realizadas durante la temporada anterior. La evaluación determinó que algunos ejemplares arponeados tardaron hasta dos horas en morir y concluyó que la actividad no había cumplido los objetivos establecidos por la legislación nacional sobre bienestar animal.
Los resultados motivaron una suspensión temporal de la caza durante 2023 y la introducción de requisitos adicionales. Sin embargo, una revisión posterior no encontró una mejora estadísticamente significativa en la eficacia de los procedimientos, aunque el reducido número de animales capturados durante el periodo analizado limitó la comparación.
El debate islandés forma parte de una discusión internacional más amplia sobre la gobernanza marina. Las dificultades para alcanzar acuerdos entre países también aparecen en procesos como la protección del océano Austral frente a las tensiones geopolíticas, donde las decisiones políticas condicionan la conservación de especies y hábitats.
La temporada de 2026 alcanzó 80 ballenas de aleta
Hasta el 9 de septiembre de 2026 habían sido capturadas 80 ballenas de aleta en aguas islandesas, dentro de una cuota anual de hasta 150 ejemplares. La temporada comenzó en junio y se extiende aproximadamente hasta finales de septiembre.
La ballena de aleta, principal objetivo de la flota islandesa, es el segundo animal más grande del planeta después de la ballena azul. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la clasifica como vulnerable, pese a la recuperación registrada por algunas poblaciones después de décadas de restricciones a la explotación comercial.
Estos cetáceos también afrontan presiones ambientales distintas de la caza. El calentamiento, la pérdida de oxígeno y los cambios en la productividad pueden modificar la distribución de la fauna, como muestran las investigaciones sobre el efecto del calentamiento oceánico en miles de especies marinas.
Una licencia vigente plantea interrogantes sobre la transición
Islandia mantiene una sola empresa ballenera activa, Hvalur, dirigida por Kristján Loftsson. Un Gobierno interino concedió a la compañía en 2024 una licencia con vigencia de cinco años, hasta 2029. El anuncio del nuevo proyecto no precisó si una eventual prohibición cancelaría anticipadamente ese permiso o si permitiría que permaneciera vigente hasta su vencimiento.
La ministra de Industrias, Hanna Katrín Friðriksson, había señalado previamente que la regulación islandesa sobre la caza de ballenas necesitaba una revisión y manifestó su respaldo al fin de esta práctica. Organizaciones como Humane World for Animals y el Fondo Internacional para el Bienestar Animal consideran la iniciativa un avance relevante por sus implicaciones éticas, veterinarias y ambientales.
La protección de los cetáceos no depende únicamente de evitar capturas directas. El ruido submarino, las colisiones con embarcaciones, la contaminación, la disponibilidad de alimento y las alteraciones climáticas también influyen sobre las poblaciones. Los impactos de las temperaturas extremas ya se observan en otros recursos del mar, como documenta el análisis sobre las pérdidas de ostras y mejillones vinculadas al cambio climático.
Noruega y Japón quedarían como excepciones comerciales
La Comisión Ballenera Internacional estableció una moratoria sobre la caza comercial que entró en vigor en 1986. Noruega retomó esta actividad en 1993 e Islandia lo hizo en 2006 mediante objeciones o reservas frente al régimen internacional. Japón abandonó la Comisión en 2019 y reanudó la captura comercial dentro de sus aguas territoriales y su zona económica exclusiva.
Si Islandia aprueba una prohibición permanente, Noruega y Japón quedarían como los únicos países que permiten la caza comercial de ballenas. Esta situación es distinta de las capturas de subsistencia autorizadas para determinados pueblos indígenas, donde los productos derivados de los cetáceos conservan una función nutricional y cultural reconocida internacionalmente.
Fuentes referenciales:
Infobae
Reuters




