El análisis de granitos del Himalaya y Asia central incorporó nuevos fragmentos al antiguo supercontinente y lo relacionó con un arco volcánico de casi 35.000 kilómetros
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
Un equipo internacional de geólogos amplió la reconstrucción de Gondwana tras identificar en el Himalaya y otras regiones de Asia rastros de corteza que habrían pertenecido al antiguo supercontinente. Los resultados indican que esta masa terrestre pudo reunir cerca del 80% de las tierras emergidas hace más de 500 millones de años, una extensión superior a la estimada anteriormente.
La investigación, publicada en la revista científica Science Advances, examinó la composición y antigüedad de granitos procedentes de diferentes zonas. Las firmas conservadas en estas rocas permitieron vincular partes de India, el sudeste asiático, China y Kazajistán con el proceso de ensamblaje de Gondwana.
Buena parte de esos fragmentos se encuentra actualmente incorporada a cordilleras o cubierta por estructuras geológicas formadas mucho después. Por esa razón, durante años algunas regiones fueron interpretadas como restos de antiguos fondos oceánicos y no como porciones continentales relacionadas entre sí.
Los granitos conservaron la identidad de la corteza
El granito puede formarse cuando rocas más antiguas se funden parcialmente y el magma resultante se enfría dentro de la corteza. Su composición química y los minerales que contiene conservan información sobre el material original, incluso después de posteriores colisiones, deformaciones y procesos de formación de montañas.
Los investigadores compararon esos indicadores para determinar si granitos hoy separados por miles de kilómetros podían proceder de un mismo bloque continental. En el Himalaya encontraron rocas de distintas edades que, según el estudio, comparten un origen en una masa terrestre formada aproximadamente entre 700 y 550 millones de años atrás.
El análisis de minerales resistentes como el circón permite fechar antiguos episodios magmáticos mediante la desintegración de isótopos de uranio. Este tipo de registro funciona como una cápsula geológica capaz de sobrevivir a transformaciones posteriores. Otros estudios ya han utilizado minerales del Himalaya para reconstruir océanos de hace 600 millones de años.
Las nuevas coincidencias llevaron al equipo a incorporar al mapa de Gondwana territorios asiáticos que no aparecían en las reconstrucciones convencionales. No se trata de un continente físicamente intacto debajo de las montañas actuales, sino de fragmentos antiguos integrados en la corteza y modificados por cientos de millones de años de tectónica.
El supercontinente habría reunido cerca del 80% de las tierras
Gondwana terminó de ensamblarse entre hace unos 550 y 500 millones de años. Incluía los bloques que posteriormente formarían África, Sudamérica, Australia, Antártida e India, además de otros fragmentos actualmente distribuidos por Europa y Asia.
Reconstrucciones anteriores agrupaban alrededor del 64% de la superficie continental de aquella época. Esa proporción resultaba inferior al umbral aproximado del 75% utilizado por algunos especialistas para distinguir un supercontinente de una gran agrupación de continentes.
Al sumar los fragmentos asiáticos identificados en el nuevo trabajo, Gondwana habría alcanzado aproximadamente el 80% de las tierras emergidas. La propuesta refuerza su clasificación como supercontinente y modifica la posición atribuida a varias regiones durante el final del Neoproterozoico y el comienzo del Paleozoico.
El hallazgo se integra en una historia planetaria marcada por la unión y separación repetida de grandes masas terrestres. Este patrón se conoce como ciclo de los supercontinentes y depende del movimiento de las placas, la apertura de océanos y el cierre de cuencas mediante subducción y colisión continental.
Una cadena volcánica rodeó al antiguo Gondwana
La reconstrucción permitió proponer también la existencia de un enorme sistema volcánico alrededor del supercontinente. El arco habría recorrido casi 35.000 kilómetros desde territorios que hoy pertenecen a Rusia y China hasta Australia, la Antártida, el sur de África y los Andes sudamericanos.
Su escala sería comparable con la del actual Cinturón de Fuego del Pacífico. La cadena se habría desarrollado donde una placa oceánica descendía bajo los márgenes continentales, provocando la formación de magma y numerosos volcanes.
Durante aproximadamente 50 millones de años, aquellas erupciones pudieron liberar cantidades importantes de dióxido de carbono y vapor de agua. Los autores plantean que estas emisiones contribuyeron a modificar un clima previamente frío y a impulsar condiciones más cálidas, aunque reconstruir la magnitud exacta de ese efecto exige integrar registros geológicos de distintas regiones.
El estudio no sostiene que el volcanismo actuara de manera aislada. La concentración atmosférica de gases, la meteorización de las cordilleras, la posición de los continentes y la circulación oceánica interactúan a escalas de millones de años, por lo que ningún elemento explica por sí solo una transición climática global.
La formación continental coincidió con cambios en la vida
El ensamblaje final de Gondwana ocurrió cerca de la transición entre el periodo Ediacárico y el Cámbrico. Durante ese intervalo, comprendido aproximadamente entre hace 550 y 500 millones de años, se produjo una marcada diversificación de organismos complejos en los océanos.
La actividad volcánica pudo aportar nutrientes y alterar la química marina, mientras el calentamiento y los cambios en el nivel del mar modificaban la extensión de los hábitats costeros. La disponibilidad de oxígeno también tuvo un papel relevante, como indican investigaciones sobre la forma en que el aumento del oxígeno en aguas profundas abrió nuevos hábitats y favoreció la especiación.
Sin embargo, la coincidencia temporal no demuestra que la formación de Gondwana causara directamente la llamada explosión cámbrica. Los autores presentan una conexión posible entre tectónica, volcanismo, clima y evolución biológica, dentro de un proceso en el que participaron múltiples factores ambientales y genéticos.
Las fechas de aparición de los primeros animales complejos continúan sometidas a revisión. Nuevas técnicas aplicadas a capas de ceniza y minerales permiten refinar el calendario, como ocurrió con el reloj geológico utilizado para precisar la antigüedad de la vida animal temprana.
Las montañas modernas ocultan fragmentos antiguos
El Himalaya que existe en la actualidad comenzó a levantarse cientos de millones de años después de la formación de Gondwana, cuando la placa india colisionó con Eurasia. Ese choque deformó, enterró y elevó rocas de diferentes orígenes, mezclando registros de etapas muy alejadas entre sí.
Por ello, la presencia de material gondwánico en la cordillera no significa que todo el Himalaya tenga 550 millones de años. Las rocas antiguas constituyen componentes heredados dentro de una estructura montañosa mucho más reciente.
La colisión también pudo consumir o transformar grandes cantidades de corteza. Estudios anteriores estimaron que la formación del Himalaya habría eliminado una parte considerable de la corteza continental en la zona donde convergieron India y Asia.
La nueva reconstrucción ayuda a ordenar registros dispersos de granitos, antiguos océanos y cinturones volcánicos. También ofrece un marco para buscar fragmentos continentales adicionales en Asia central, aunque los límites exactos de Gondwana y la posición de cada bloque necesitarán nuevas muestras y comparaciones geocronológicas.
Fuentes referenciales:
Infobae
Science Advances




