Un estudio liderado por el King’s College London advierte que los métodos actuales pueden dejar fuera desastres inéditos y efectos en cascada
Redactor: Luis Ortega
Editor: Camila Herrera R.
Una investigación internacional liderada por el King’s College London advierte que la evaluación del riesgo climático basada principalmente en registros históricos puede subestimar la gravedad de futuros desastres. El trabajo, publicado el 10 de septiembre de 2026 en la revista científica Nature Sustainability, reclama métodos capaces de anticipar acontecimientos sin precedentes y combinaciones peligrosas de fenómenos meteorológicos.
Los investigadores sostienen que el peor desastre documentado no representa necesariamente el máximo posible. Los archivos disponibles cubren periodos relativamente breves, mientras que el calentamiento del planeta está modificando las condiciones en las que se desarrollan las olas de calor, los ciclones tropicales y otros eventos extremos.
Esta diferencia adquiere especial relevancia en un contexto de temperaturas globales elevadas. El registro que situó a agosto de 2026 entre los meses más cálidos observados muestra que los sistemas humanos y naturales ya están expuestos a condiciones térmicas extraordinarias.
Los desastres más mortales se concentran en pocos episodios
El equipo examinó las muertes atribuidas a ciclones tropicales y episodios de calor extremo ocurridos entre 2000 y 2025. El análisis encontró distribuciones muy desiguales: una pequeña cantidad de acontecimientos concentró una proporción elevada de las víctimas, lo que dificulta calcular el límite superior de los daños a partir de experiencias anteriores.
El ciclón Nargis, que golpeó Myanmar en 2008, dejó alrededor de 140.000 fallecidos. Según el estudio, esa cifra fue más del doble de la mortalidad conjunta provocada por los otros 675 ciclones tropicales mortales considerados durante el periodo analizado.
En el caso del calor, la ola que afectó a Europa en 2003 causó aproximadamente 70.000 muertes y encabezó los episodios examinados. Los autores señalan que estas catástrofes excepcionales evidencian una distribución con extremos muy pronunciados: aunque sean infrecuentes, pueden ocasionar una parte desproporcionada del daño total.
La amenaza térmica tampoco se limita a los meses tradicionalmente más cálidos. El análisis sobre cómo el calor extremo puede prolongarse fuera del verano refleja la necesidad de adaptar las alertas, los servicios sanitarios y la planificación urbana a temporadas de riesgo menos previsibles.
Calor y huracanes podrían formar una crisis compuesta
Uno de los escenarios planteados por los científicos es la coincidencia de una ola de calor devastadora con un huracán intenso. No se presenta como una predicción concreta, sino como un ejemplo de peligro compuesto que las evaluaciones convencionales pueden representar de manera insuficiente.
Si una población tuviera que evacuar durante temperaturas peligrosas, la interrupción del suministro eléctrico podría eliminar el acceso a refrigeración mientras hospitales, refugios, carreteras y comunicaciones afrontan simultáneamente la emergencia ciclónica. En esas circunstancias, el impacto conjunto podría ser mayor que la suma de cada amenaza considerada por separado.
La observación de océanos y tormentas resulta esencial para reducir esa incertidumbre. En este ámbito, los satélites empleados para vigilar huracanes durante El Niño permiten seguir variables oceánicas que influyen en la formación e intensificación de ciclones, aunque la información física debe combinarse con datos sobre exposición social e infraestructura.
Los autores también advierten que limitar la evaluación a la mortalidad inmediata puede ocultar consecuencias encadenadas. Los cortes eléctricos, la pérdida de agua potable, la saturación sanitaria, el aislamiento de comunidades y la interrupción del transporte pueden ampliar el desastre durante días o semanas.
Tres prioridades para descubrir amenazas todavía desconocidas
El estudio propone, en primer lugar, desarrollar análisis prospectivos que reúnan a climatólogos, especialistas en riesgos, aseguradoras, comunidades expuestas y profesionales capaces de construir escenarios complejos. La finalidad es trabajar desde una consecuencia catastrófica hipotética hacia las condiciones meteorológicas y sociales que podrían producirla.
La segunda prioridad consiste en identificar umbrales críticos. Un aumento aparentemente limitado de la temperatura o de la duración de un fenómeno puede producir un salto abrupto en los daños cuando coincide con hospitales saturados, fallos energéticos, viviendas inadecuadas o una población altamente expuesta.
La tercera línea busca determinar los límites físicos de los fenómenos meteorológicos en climas considerablemente más cálidos o más fríos que el actual. Este enfoque intenta explorar condiciones posibles aunque todavía no aparezcan en las observaciones modernas.
El planteamiento no afirma que vaya a ocurrir inevitablemente una catástrofe con millones de víctimas. Su advertencia es metodológica: descartar un escenario únicamente porque nunca se ha registrado puede generar una falsa sensación de seguridad y reducir la preparación frente a amenazas plausibles.
La prevención requiere mirar más allá del pasado
Los modelos, las alertas tempranas y la planificación de emergencias necesitan integrar tanto la intensidad física del fenómeno como la vulnerabilidad de la población. Factores como la densidad urbana, la calidad de las viviendas, el acceso a refugios, la estabilidad del suministro eléctrico y la capacidad sanitaria determinan cuántas personas quedan realmente en peligro.
La incertidumbre de los modelos continúa siendo una cuestión central para la ciencia climática. Investigaciones sobre cómo las nubes del océano Austral desafían las simulaciones climáticas muestran que mejorar la representación de procesos físicos es indispensable para obtener proyecciones más sólidas.
Los investigadores defienden que explorar escenarios extremos no pretende promover el alarmismo, sino detectar vulnerabilidades antes de que coincidan durante una emergencia. Esa preparación cobra mayor importancia porque cada fracción adicional de calentamiento incrementa los daños y puede acercar a comunidades e infraestructuras a sus límites de adaptación.
Fuentes referenciales:
Infobae
Nature Sustainability: Discovering catastrophic weather risks




