Un estudio global detecta que los días peligrosamente cálidos avanzan de forma desigual hacia la primavera y el otoño
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Los episodios de calor extremo ya no se concentran únicamente en los meses tradicionalmente más cálidos. Una investigación publicada el 10 de septiembre de 2026 encontró que estas condiciones se han vuelto más frecuentes durante los periodos anteriores y posteriores al verano, aunque el desplazamiento cambia según la región del planeta.
El trabajo fue desarrollado por Catherine Ivanovich, climatóloga del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA; Benjamin Cook, científico de la misma institución, y Sonali Shukla McDermid, investigadora de la Universidad de Nueva York. Sus resultados aparecen en la revista científica AGU Advances.
La ampliación del periodo de temperaturas peligrosas añade una dimensión estacional al aumento de los daños asociados con cada fracción de calentamiento. Además de registrar temperaturas más elevadas, numerosas regiones afrontan ahora extremos térmicos en momentos del año para los que sus servicios públicos, ecosistemas y habitantes pueden estar menos preparados.
Cuatro décadas de datos muestran una expansión desigual
Los investigadores analizaron episodios de calor en los seis continentes habitados. Primero establecieron como referencia el periodo comprendido entre 1980 y 1989 y definieron como extremos los días situados dentro del 5 % más cálido de las temperaturas diarias. Posteriormente compararon esos resultados con los registros de 2015 a 2024.
El análisis empleó dos indicadores. El primero fue la temperatura convencional del aire, utilizada para representar el calor seco. El segundo fue la temperatura de globo y bulbo húmedo, una medida que combina temperatura, humedad, radiación solar y otras condiciones que influyen en el estrés térmico experimentado por el cuerpo humano.
Las temporadas de calor extremo se ampliaron significativamente en poco más de la mitad de la superficie terrestre mundial cuando se consideró el calor seco. La expansión del calor húmedo alcanzó algo menos de la mitad de las tierras analizadas.
La extensión no ocurrió de manera simétrica. En el oeste de Estados Unidos, el este de China, el norte de África y Europa oriental, los días extremos aumentaron con mayor rapidez durante los dos meses posteriores a la temporada histórica de calor. En Europa occidental, África austral y el noroeste de India, el avance fue más marcado durante los dos meses anteriores.
Phoenix ilustra el desplazamiento de los días peligrosos
Phoenix, en el estado estadounidense de Arizona, registró 183 días de calor extremo durante la década de referencia de los años ochenta. En los diez años terminados en 2024, esa cantidad aumentó hasta 338 días.
Ninguno de los episodios contabilizados durante la década inicial ocurrió después del cierre de la temporada térmica histórica. Entre 2015 y 2024, en cambio, el 6 % se produjo después de ese periodo. La fecha mediana de los extremos de calor seco se desplazó diez días hacia una etapa más tardía del año, mientras la correspondiente al calor húmedo se adelantó 5,5 días.
La ciudad acumuló en 2024 un total de 113 días consecutivos con temperaturas superiores a 100 grados Fahrenheit, equivalentes a unos 38 grados Celsius. Posteriormente, desde finales de septiembre hasta mediados de octubre, igualó o superó récords diarios durante 21 jornadas seguidas.
El condado de Maricopa, donde se encuentra Phoenix, registró 608 muertes relacionadas con el calor en 2024. Aunque julio concentró el 46 % de esos fallecimientos, la extensión de las temperaturas peligrosas obliga a mantener las medidas preventivas fuera del periodo que históricamente recibía mayor atención.
El calor seco y el húmedo generan riesgos diferentes
El calor seco incrementa la evaporación y puede agravar la pérdida de humedad en suelos, cultivos y ecosistemas. El calor húmedo resulta especialmente peligroso para las personas porque limita la evaporación del sudor, mecanismo esencial para que el organismo reduzca su temperatura.
La diferencia significa que una misma estrategia no responde adecuadamente a todas las formas de exposición. Los territorios necesitan considerar simultáneamente la temperatura, la humedad, la radiación solar, la disponibilidad de agua, la vegetación urbana y las condiciones de las viviendas.
Los resultados también guardan relación con la influencia del calentamiento sobre los incendios en Europa. Cuando el calor se prolonga hacia el otoño puede coincidir con vegetación seca, baja humedad y temporadas activas de incendios, multiplicando la presión sobre los servicios de emergencia y los ecosistemas.
En el sureste de Estados Unidos, la prolongación térmica puede superponerse con la temporada de huracanes. La coincidencia de amenazas aumenta la complejidad de una emergencia: un corte eléctrico provocado por una tormenta, por ejemplo, puede dejar a una población sin refrigeración durante un episodio de calor.
Los calendarios de prevención necesitan ampliarse
Los sistemas de alerta, centros de enfriamiento y protocolos sanitarios suelen organizarse alrededor de un calendario estival. La aparición temprana del calor puede encontrar a las personas sin aclimatación fisiológica, mientras los episodios tardíos llegan después de meses de exposición acumulada.
El estudio sugiere que las ciudades deberán ajustar las fechas de activación de sus planes, en lugar de depender exclusivamente de periodos fijos. Las medidas pueden incluir alertas basadas en pronósticos, acceso prolongado a refugios climáticos, vigilancia de trabajadores al aire libre y protección específica para personas mayores, niños y pacientes con enfermedades crónicas.
La adaptación local debe acompañarse con políticas orientadas a reducir el calentamiento. Los análisis sobre la reducción de emisiones para contener el calor del planeta indican que limitar los gases de efecto invernadero sigue siendo esencial para disminuir la intensidad y frecuencia futura de los extremos.
Los modelos climáticos deberán explicar las diferencias regionales
El equipo comprobó el patrón mediante dos conjuntos independientes de información: uno elaborado por la NASA y otro por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio. Los resultados fueron ampliamente consistentes entre ambas fuentes.
Sin embargo, los autores presentan sus hallazgos como una primera evidencia y reconocen limitaciones estadísticas. Los extremos fuera de temporada son poco frecuentes por definición, lo que reduce la cantidad de episodios disponibles para identificar tendencias con precisión en determinadas regiones.
El calentamiento ordinario explicó parte del aumento observado en el centro de las temporadas cálidas, pero no reprodujo por sí solo la expansión desigual en sus extremos. Factores regionales como los cambios en las precipitaciones, la humedad del suelo, la circulación atmosférica y el uso del territorio podrían intervenir en el desplazamiento.
La siguiente etapa será repetir el análisis con simulaciones climáticas capaces de generar numerosas versiones comparables de las condiciones atmosféricas. Ese procedimiento permitirá estudiar con mayor detalle cuánto corresponde al cambio climático causado por las actividades humanas y cuánto depende de la variabilidad natural y de procesos regionales.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Escuela del Clima de la Universidad de Columbia





