Tres años de mediciones en Luisiana revelaron que el transporte lateral de carbono disuelto casi duplicó su almacenamiento en los sedimentos del humedal
Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz
Los pequeños arroyos que atraviesan las marismas saladas pueden transportar hacia las aguas costeras más carbono disuelto del que estos humedales almacenan en sus sedimentos, según una investigación realizada en la cuenca de Barataria, en Luisiana, Estados Unidos.
El equipo combinó mediciones continuas de caudal y propiedades del agua con análisis químicos efectuados entre noviembre de 2021 y septiembre de 2024. Los resultados muestran que el intercambio producido por las mareas constituye una parte decisiva del balance de carbono de las marismas, aunque suele quedar fuera de las evaluaciones de carbono azul.
La investigación fue publicada en Journal of Geophysical Research: Biogeosciences y estuvo encabezada por Songjie He y Kanchan Maiti. El trabajo aporta una serie de datos de más de tres años, una duración poco frecuente en estudios sobre el movimiento de carbono entre humedales y aguas costeras.
Las mareas mueven carbono en ambas direcciones
Las marismas saladas ocupan zonas costeras que quedan alternativamente inundadas y expuestas por las mareas. Su vegetación captura dióxido de carbono mediante la fotosíntesis y parte de esa materia orgánica queda acumulada en suelos con poco oxígeno, donde puede conservarse durante períodos prolongados.
Sin embargo, el carbono no permanece únicamente bajo la vegetación. Cuando la marea entra, el agua lleva diferentes sustancias hacia el humedal; cuando retrocede, los arroyos pueden transportar carbono orgánico e inorgánico disuelto hacia estuarios, bahías y el océano.
Para observar este intercambio, los investigadores instalaron sensores en un arroyo de marea que drena una marisma de la cuenca de Barataria. Los instrumentos registraron el movimiento del agua, la salinidad, la temperatura, el pH, el oxígeno disuelto y otras variables ambientales.
El equipo también tomó muestras para medir carbono orgánico disuelto, carbono inorgánico disuelto y alcalinidad total. Mediante modelos de regresión entrenados con esos análisis y los datos de los sensores, reconstruyó series continuas de concentraciones y las combinó con mediciones de descarga de alta resolución.
La exportación lateral casi duplicó el enterramiento
Los cálculos mostraron una exportación neta media de 56 gramos de carbono orgánico disuelto y 326 gramos de carbono inorgánico disuelto por metro cuadrado al año. En conjunto, el flujo lateral alcanzó aproximadamente 382 gramos de carbono por metro cuadrado al año.
La tasa estimada de enterramiento en los sedimentos fue de 204 gramos de carbono por metro cuadrado al año. Esto significa que la cantidad exportada lateralmente por el arroyo fue casi dos veces superior a la que permaneció almacenada en el suelo de la marisma.
El carbono inorgánico disuelto representó cerca del 85 % de las exportaciones laterales y su flujo medio superó en aproximadamente un 60 % la tasa de enterramiento. Los resultados complementan los esfuerzos científicos destinados a mejorar la estimación de los sumideros de carbono de las marismas.
La exportación de carbono desde el humedal no equivale necesariamente a una emisión inmediata de dióxido de carbono a la atmósfera. Una vez en las aguas costeras, ese material puede ser utilizado por organismos, enterrado en otros sedimentos, transformado químicamente, liberado como gas o transportado mar adentro.
La diferencia entre la marea entrante y saliente explica el flujo
La exportación neta estuvo impulsada principalmente por las diferencias de concentración entre el agua que entraba durante la marea creciente y la que abandonaba la marisma durante la bajante. Aunque el sentido del flujo cambiaba continuamente, el balance final favoreció la salida de carbono disuelto.
Este patrón se mantuvo en escalas diarias, mensuales y estacionales. Sin embargo, las cantidades variaron ampliamente entre años y meses, lo que confirma que una campaña breve puede ofrecer una imagen incompleta del funcionamiento del humedal.
Las mareas, las estaciones, las lluvias, la temperatura, los frentes meteorológicos y las tormentas modifican simultáneamente el caudal y la química del agua. La cuenca de Barataria también está influida por procesos propios del delta del Misisipi y por entradas variables de agua dulce.
El estudio destaca que el transporte lateral puede aumentar o reducir la capacidad aparente de secuestro de una marisma según el período observado. Por ello, evaluar solamente el carbono acumulado bajo el suelo no basta para reconstruir todo el intercambio entre el humedal, las aguas costeras y la atmósfera.
La alcalinidad también salió de la marisma
Los investigadores calcularon una exportación media de alcalinidad total equivalente a 298 gramos de carbono por metro cuadrado al año dentro del balance empleado. Este flujo superó en aproximadamente un 50 % la tasa de enterramiento del carbono en el suelo.
La alcalinidad describe la capacidad del agua para neutralizar ácidos y está relacionada con el equilibrio químico del sistema de carbonatos. Su transporte desde la marisma puede modificar la química de las aguas receptoras e influir en su respuesta frente a la acidificación.
El resultado no significa que una sola marisma controle la acidez de toda una zona costera. El efecto depende de la cantidad de agua intercambiada, la extensión del humedal, la química del estuario y los procesos posteriores que ocurren fuera del arroyo estudiado.
Esta conexión con las aguas adyacentes resulta relevante porque los cambios de salinidad también afectan el funcionamiento de los ecosistemas costeros. El carbono, la alcalinidad, el agua dulce y las sales forman parte de intercambios estrechamente relacionados en estuarios y humedales.
Las evaluaciones de carbono azul necesitan medir los arroyos
El carbono azul comprende el carbono capturado y almacenado por ecosistemas costeros vegetados, entre ellos manglares, praderas marinas y marismas saladas. Estos ambientes son valorados por su capacidad para acumular materia orgánica, proteger costas y sostener biodiversidad.
Las metodologías utilizadas para estimar ese servicio suelen concentrarse en la cantidad almacenada en la biomasa y los sedimentos. El nuevo trabajo indica que los flujos disueltos transportados por arroyos de marea deben incorporarse para evitar balances incompletos.
La advertencia coincide con las brechas científicas identificadas en las evaluaciones mundiales de carbono azul. La diversidad de ecosistemas, climas, mareas y condiciones hidrológicas impide trasladar automáticamente los resultados de una marisma a todas las costas.
También es necesario distinguir entre el carbono que abandona un lugar concreto y el que realmente sale del sistema costero o regresa a la atmósfera. El desplazamiento hacia una bahía cercana podría representar una redistribución y no una pérdida definitiva del almacenamiento climático.
Un resultado local que requiere comparaciones en otras costas
El estudio se desarrolló en una marisma microtidal, donde la amplitud de las mareas es relativamente pequeña. Los autores proponen repetir las mediciones continuas en humedales con otras características para determinar cuánto cambia el transporte lateral según la vegetación, el clima, la salinidad y el régimen de mareas.
Las nuevas observaciones permitirían precisar el papel de las marismas dentro del ciclo global del carbono y mejorar los cálculos usados en programas de restauración o mitigación climática. En Perú, por ejemplo, un proyecto de carbono azul busca restaurar manglares y fortalecer su almacenamiento natural.
La investigación de Luisiana no reduce la importancia de conservar las marismas. Estos humedales continúan ofreciendo hábitat, protección frente a tormentas, regulación hidrológica y almacenamiento de carbono. El hallazgo muestra que su funcionamiento es más dinámico de lo que reflejan los inventarios centrados exclusivamente en el suelo.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Eos – American Geophysical Union
Journal of Geophysical Research: Biogeosciences
