El calentamiento climático vuelve estos episodios más frecuentes, intensos y prolongados, con daños sobre corales, praderas marinas, peces y comunidades costeras.
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
La muerte masiva de peces y las imágenes de corales blanqueados son dos de las señales más visibles de que una ola de calor marina ha atravesado una región del océano. Aunque estos episodios pueden pasar inadvertidos desde la costa, debajo de la superficie tienen capacidad para destruir corales, praderas marinas y poblaciones de peces.
Las olas de calor marinas ocurren cuando el océano permanece anormalmente cálido durante un periodo prolongado. A medida que el cambio climático continúa elevando la temperatura del agua, estos fenómenos se vuelven más frecuentes, severos y duraderos, aumentando la presión sobre los ecosistemas marinos y las actividades humanas vinculadas al mar.
Sina Pinter y Nicole L. Jones explican que estos episodios forman parte de la variabilidad natural del clima, pero ahora se desarrollan sobre una temperatura oceánica de referencia cada vez más alta. Esta combinación amplifica incluso fluctuaciones térmicas que anteriormente habrían causado impactos menores.
Cuándo se declara una ola de calor marina
Una ola de calor marina puede formarse cuando el agua caliente próxima a la superficie no se mezcla con las capas frías situadas debajo. Este escenario aparece con mayor facilidad durante periodos calurosos, secos y sin viento.
También puede originarse cuando corrientes inusualmente fuertes transportan calor adicional desde las regiones tropicales hacia zonas oceánicas habitualmente más frías. Por esa razón, el fenómeno no está limitado a un solo mar, una estación específica o una franja climática determinada.
Para identificarlo, los científicos comparan las temperaturas observadas con el promedio histórico correspondiente al mismo lugar y época del año. Existe una ola de calor marina cuando el agua supera el 90 % de los registros históricos de temperatura y esa anomalía persiste durante al menos cinco días consecutivos.
El criterio depende de las condiciones normales de cada región. Una temperatura de 25 °C en el arrecife de Ningaloo, en la zona tropical de Australia Occidental, puede no resultar extraordinaria. Esa misma temperatura alrededor de Tasmania sería considerada extrema.
La diferencia regional es importante en un momento en que los océanos registran temperaturas sin precedentes y grandes extensiones permanecen sometidas a anomalías térmicas durante periodos cada vez más prolongados.
Un desastre que se desarrolla bajo el agua
Las olas de calor pueden aparecer en cualquier parte del océano, por lo que todos los ecosistemas marinos están expuestos. Sin embargo, las especies no responden de la misma manera al aumento de temperatura.
Los animales móviles, como numerosos peces, pueden desplazarse hacia aguas más frías. Los corales, los bosques de algas y las especies que viven en el fondo marino, incluidos los erizos, no tienen esa posibilidad y reciben directamente el impacto del estrés térmico.
El calor puede dificultar su reproducción y alterar la disponibilidad de alimento. Incluso una especie capaz de soportar la temperatura puede verse afectada si desaparecen organismos situados en niveles inferiores de la cadena alimentaria.
La exposición es especialmente preocupante en las regiones que concentran una elevada diversidad biológica. Investigaciones anteriores han advertido que el calentamiento amenaza áreas de gran biodiversidad marina, donde muchas especies tienen una capacidad limitada para responder a cambios rápidos de temperatura.
El blanqueamiento deja a los corales sin energía
Cuando los corales sufren estrés térmico, expulsan las algas microscópicas que viven en sus tejidos y les proporcionan energía y color. El resultado es el blanqueamiento: las colonias pierden su tonalidad, se debilitan y pueden morir si las temperaturas elevadas persisten.
La magnitud del problema ya se refleja en el blanqueamiento global de los arrecifes, que ha afectado ecosistemas marinos de decenas de países y territorios.
Las herramientas de alerta temprana pueden ofrecer un margen para proteger viveros, intensificar la vigilancia o trasladar fragmentos de coral. Algunos métodos permiten anticipar el riesgo de blanqueamiento varios meses antes, aunque no eliminan la causa térmica del fenómeno.
Daños económicos y culturales en las costas
Las consecuencias no quedan limitadas a la biodiversidad. Las olas de calor marinas pueden ocasionar pérdidas de miles de millones de dólares para la pesca, la acuicultura y el turismo, además de afectar espacios con importancia cultural para las comunidades costeras.
Uno de esos lugares es Shark Bay, un ecosistema marino de Australia Occidental declarado Patrimonio Mundial. Los episodios térmicos pueden deteriorar sus valores ecológicos y culturales, además de destruir hábitats de carbono azul.
Estos hábitats, entre ellos los manglares y las praderas marinas, absorben y almacenan carbono. Su degradación reduce la capacidad natural de retirar dióxido de carbono y debilita ecosistemas que también proporcionan refugio a especies, sostienen pesquerías y protegen las costas.
Australia Occidental muestra la escala del impacto
En febrero de 2011, una ola de calor compuesta afectó simultáneamente el territorio y el océano en Australia Occidental. En tierra provocó la muerte de árboles y una caída en la población de una cacatúa amenazada. Bajo el agua desencadenó un blanqueamiento generalizado en Pilbara, Ningaloo y las islas Houtman Abrolhos.
Otro episodio comenzó en septiembre de 2024 y se prolongó durante varios meses frente a Australia Occidental. Fue la ola de calor marina más extensa, duradera y severa registrada hasta entonces en el estado.
El evento mató aproximadamente la mitad de los corales de la región de North West Shelf. Las pérdidas demostraron que incluso ecosistemas extensos y reconocidos internacionalmente pueden sufrir transformaciones profundas durante un solo periodo de calor persistente.
En el verano europeo de 2026, las temperaturas superficiales del mar también aumentaron con rapidez. En algunos lugares llegaron a situarse hasta 5 °C por encima del promedio, amenazando ecosistemas del Mediterráneo, el mar del Norte y el mar Báltico.
El Niño y La Niña ya no son necesarios para disparar el calor
El Niño y La Niña pueden intensificar las olas de calor marinas. En Australia, El Niño suele calentar las aguas de la costa oriental, mientras La Niña tiende a empujar agua cálida hacia el oeste y favorecer temperaturas extremas frente a Australia Occidental.
Sin embargo, el calentamiento climático ha elevado tanto la temperatura oceánica de fondo que esos grandes patrones ya no son indispensables para generar una ola de calor marina. Incluso cambios pequeños en la circulación atmosférica u oceánica pueden llevar calor extremo a cualquiera de las costas australianas.
Muchas olas de calor permanecen ocultas en profundidad
Los satélites permiten vigilar la temperatura de la superficie, pero no muestran todo lo que ocurre debajo. Algunas olas de calor severas se desarrollan en capas profundas y dañan la vida marina sin ser detectadas oportunamente.
Los investigadores piden ampliar el estudio de las corrientes atmosféricas y oceánicas, reforzar las observaciones subsuperficiales y mejorar los modelos capaces de anticipar dónde y cuándo aparecerán estos episodios.
Los sistemas de alerta temprana pueden ayudar a preparar pesquerías, explotaciones acuícolas y áreas de conservación. También se investigan medidas como introducir especies con mayor tolerancia térmica y aumentar temporalmente la reflectividad de las nubes marinas para reducir el calentamiento local del océano.
Estas intervenciones todavía requieren investigación y no sustituyen la reducción de gases de efecto invernadero. Limitar las emisiones sigue siendo la medida principal para frenar el aumento de la temperatura oceánica de referencia y reducir la intensidad futura de las olas de calor marinas.
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