El calentamiento del Pacífico aleja especies comerciales de la costa, prolonga las faenas y favorece una proliferación de jaiba mora que daña las redes
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.
El calentamiento del océano Pacífico asociado al fenómeno de El Niño está alterando la pesca frente a las costas de Ecuador. Pescadores artesanales deben navegar distancias considerablemente mayores para encontrar especies comerciales, mientras una proliferación de jaiba mora ocupa las redes, deteriora las capturas y causa pérdidas en distintas provincias del litoral.
La combinación de ambos fenómenos está prolongando las jornadas en el mar, elevando el consumo de combustible y reduciendo el volumen de pescado disponible. Los efectos ya se trasladan a los mercados locales, donde determinadas especies han registrado aumentos de precio debido a la menor oferta y al encarecimiento de las faenas.
Los pescadores deben navegar hasta 150 millas
En el puerto de Santa Rosa, provincia de Santa Elena, pescadores consultados por medios ecuatorianos indicaron que algunas faenas que anteriormente se realizaban a unas 70 millas de la costa ahora pueden exigir recorridos cercanos a las 150 millas. La mayor distancia implica varias horas adicionales de navegación y más gasto de combustible, sin asegurar una captura suficiente.
Entre las especies cuya disponibilidad se ha reducido figuran la albacora y el picudo. Rafael Trujillo, director ejecutivo de la Cámara Nacional de Pesquería, también advirtió de un escenario difícil para el atún y los pequeños pelágicos.
Según el representante del sector, la temperatura del mar se encuentra aproximadamente 2,5 grados Celsius por encima de los niveles habituales. Ante esas condiciones, numerosas especies móviles buscan aguas más frescas o profundas, un comportamiento coherente con los desplazamientos de organismos marinos provocados por cambios oceánicos.
La menor oferta eleva el precio de la albacora
El impacto también se observa en los puestos de venta de Santa Rosa. La libra de albacora, comercializada semanas antes entre 1,10 y 1,30 dólares, llegó a situarse entre 2 y 2,20 dólares. Cuando el pescado se vende fileteado y es trasladado a otros establecimientos, el precio puede alcanzar alrededor de 5 dólares por libra.
Estas cifras corresponden al mercado de ese puerto y no representan un promedio nacional. Sin embargo, muestran cómo el calentamiento marino puede trasladarse desde el ecosistema hasta la economía costera: el pescado se aleja, aumenta el costo de localizarlo y disminuye la cantidad disponible para comerciantes y consumidores.
El episodio ocurre mientras El Niño continúa fortaleciéndose en el Pacífico ecuatorial. Este fenómeno modifica las condiciones físicas del océano y puede afectar la distribución de nutrientes, la productividad marina y la localización de especies de interés pesquero.
La jaiba mora ocupa y destruye las redes
El mar más cálido no solo está alejando peces. Desde los primeros meses de 2026, el Instituto Público de Investigación de Acuicultura y Pesca de Ecuador sigue una proliferación inusual de jaiba mora, identificada científicamente como Euphylax dovii. Las concentraciones fueron detectadas inicialmente en Manabí y Esmeraldas, aunque posteriormente se registraron reportes en Santa Elena, Guayas y El Oro.
Cuando entra en grandes cantidades en las artes de pesca, este crustáceo se enreda en los paños, estropea el producto retenido y puede romper las redes hasta dejarlas inutilizables. Una evaluación del instituto encontró que alrededor del 92 % de las redes notificadas por los pescadores afectados había quedado completamente enredado o destruido.
En una primera recopilación de información efectuada entre febrero y marzo, el 66 % de los pescadores encuestados comunicó la pérdida total del producto capturado. Organizaciones de Esmeraldas calcularon durante el primer trimestre que unas 500 personas habían sufrido perjuicios, mientras dirigentes de Súa estimaron daños de hasta 3.000 dólares por embarcación en algunos casos.
Las capturas habituales caen hasta un 100 %
Datos divulgados en agosto a partir de un informe del organismo ecuatoriano señalaron que el 87,8 % de los pescadores estudiados sufrió reducciones de entre el 75 % y el 100 % en sus capturas habituales. En determinadas faenas, la jaiba mora llegó a representar hasta el 90 % de todo lo recogido.
El 86 % de los ejemplares examinados portaba huevos, un indicador de actividad reproductiva en aguas ecuatorianas. La especie ya había protagonizado proliferaciones durante otros periodos de calentamiento del Pacífico, pero el episodio de 2026 destaca por la extensión y magnitud de las pérdidas comunicadas.
El comportamiento de la jaiba ilustra que una anomalía térmica no afecta de la misma forma a todas las especies. Algunos peces se desplazan hacia aguas más frías, mientras determinados organismos encuentran condiciones favorables para aumentar su presencia. Las olas de calor marinas y sus efectos sobre los ecosistemas también pueden modificar la reproducción, el alimento disponible y las relaciones entre especies.
El calentamiento del Pacífico altera ecosistemas y economías
El Niño es una oscilación natural en la que el océano y la atmósfera tropical interactúan. El calentamiento de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial puede debilitar los vientos, alterar el afloramiento de aguas frías ricas en nutrientes y reorganizar la distribución de peces y otros organismos.
Sus efectos concretos varían según el lugar, la intensidad y la duración del episodio. Por esa razón, un fenómeno de gran escala no permite anticipar por sí solo el volumen de cada captura, pero sí establece condiciones capaces de aumentar la presión sobre ecosistemas, embarcaciones y comunidades dependientes del mar.
Los antecedentes sobre los efectos de un El Niño intenso en el Pacífico sudamericano muestran que las pesquerías se encuentran entre las actividades más sensibles a los cambios de temperatura, corrientes y disponibilidad de nutrientes.
Para el sector artesanal ecuatoriano, la respuesta requiere seguimiento científico de la jaiba mora y de las especies comerciales, información oceanográfica oportuna y medidas que ayuden a reducir las pérdidas de quienes dependen diariamente de las capturas costeras.
Fuente referencial:
Infobae
