El mar se calienta hasta cuatro veces más rápido que otras regiones, con efectos sobre el calor nocturno, los microorganismos acuáticos y las poblaciones costeras
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
El mar Mediterráneo atraviesa un proceso de calentamiento acelerado que, en algunas de sus regiones, avanza entre tres y cuatro veces más rápido que en otros mares. Las temperaturas récord registradas durante el verano de 2026 refuerzan una tendencia con consecuencias ambientales y riesgos relevantes para la salud de las poblaciones costeras.
Manuel Vargas, investigador del Instituto Español de Oceanografía, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, explicó que los océanos absorben alrededor de 90 % de la energía adicional retenida por el planeta. En el Mediterráneo, la acumulación de calor está produciendo valores que parecían improbables cuando comenzó la vigilancia sistemática hace varias décadas.
Una boya situada junto a Sa Dragonera, al suroeste de Mallorca, registró 33,02 grados Celsius en agosto, una cifra que representa un máximo histórico dentro de la red española de medición. Las boyas de Puertos del Estado frente a las costas de Málaga también alcanzaron aproximadamente 28 grados.
Un mar caliente prolonga el estrés térmico nocturno
El impacto sanitario del calentamiento marino no procede únicamente del contacto directo con el agua. El Mediterráneo funciona como una gran reserva de energía: cuando conserva temperaturas elevadas durante la noche, libera calor y humedad hacia las localidades costeras y dificulta el descenso térmico después de la puesta del sol.
Las noches persistentemente cálidas reducen las oportunidades de recuperación fisiológica después de una jornada de calor. La falta de descanso térmico puede agravar el cansancio, alterar el sueño y aumentar la presión sobre los sistemas cardiovascular, respiratorio y renal, particularmente entre adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
El efecto sanitario de las noches en las que el calor no concede descanso al organismo se relaciona con la duración de la exposición, no solamente con la temperatura máxima del día. Viviendas con ventilación insuficiente, elevada humedad y escaso acceso a refrigeración concentran una parte importante del riesgo.
El aumento de las noches tropicales también impulsa un mayor uso del aire acondicionado. Las propuestas para reducir el calor nocturno con sistemas de refrigeración más sostenibles buscan evitar que la adaptación incremente el consumo energético y las emisiones responsables del calentamiento.
Las aguas cálidas favorecen algunos riesgos microbiológicos
Las temperaturas marinas elevadas pueden ampliar las condiciones favorables para determinados microorganismos. Entre ellos se encuentran bacterias del género Vibrio, presentes naturalmente en aguas saladas o salobres y capaces de multiplicarse con rapidez cuando aumenta la temperatura.
La presencia de estas bacterias no significa automáticamente que el agua esté contaminada ni que todas las personas expuestas vayan a enfermar. El riesgo de infección grave se concentra especialmente en quienes tienen heridas abiertas, enfermedades hepáticas, diabetes, insuficiencia renal, inmunosupresión u otras patologías crónicas.
Los casos registrados durante temporadas cálidas en el norte de Europa, como las infecciones por Vibrio notificadas en Alemania, muestran por qué la vigilancia sanitaria de las aguas recreativas adquiere mayor importancia conforme se prolongan los periodos de temperaturas elevadas.
El calentamiento también puede interactuar con la proliferación de algas y otros organismos capaces de afectar la calidad del agua o contaminar productos del mar. Estos procesos dependen de múltiples factores, como los nutrientes disponibles, la salinidad, las corrientes y las condiciones meteorológicas, por lo que no deben atribuirse exclusivamente a la temperatura.
La transformación de los ecosistemas repercute en la población
Las olas de calor marinas ya han sido relacionadas con episodios de mortalidad masiva de gorgonias, esponjas y otras especies. Las praderas de posidonia también afrontan estrés térmico, aunque su respuesta varía según la intensidad y la duración de cada episodio.
Los cambios en la distribución de peces y otras especies pueden afectar la pesca, el abastecimiento de alimentos y la economía de las comunidades costeras. Algunas poblaciones marinas se desplazan hacia aguas más frías, mientras las especies confinadas por las características geográficas del Mediterráneo disponen de menos alternativas para migrar hacia el norte.
Los científicos advierten, sin embargo, que la disminución de una especie no siempre puede explicarse únicamente por el cambio climático. La sobrepesca, la contaminación, la pérdida de hábitats y la llegada de organismos invasores también intervienen y deben considerarse al determinar las medidas de protección.
El ascenso del nivel del mar añade riesgos sanitarios
Cuando el agua se calienta, se expande y ocupa un volumen mayor. Esta dilatación térmica contribuye al aumento del nivel del mar, junto con el derretimiento del hielo continental. En las costas bajas, el proceso favorece la erosión, la pérdida de playas y la entrada de agua salada en reservas subterráneas.
Las consecuencias para la salud pública pueden aparecer mediante el deterioro de la calidad del agua, daños en viviendas e infraestructuras sanitarias, desplazamientos de población y mayores dificultades durante inundaciones costeras. La exposición no se distribuye de manera uniforme: los hogares con menos recursos suelen disponer de menor capacidad para adaptar sus viviendas o trasladarse.
Un Mediterráneo más cálido también proporciona mayor humedad a la atmósfera. Sin embargo, la temperatura marina por sí sola no permite predecir una tormenta extrema. Para que se produzca un episodio de lluvias intensas deben coincidir otros componentes atmosféricos y territoriales, incluidos la inestabilidad, la circulación del aire y la vulnerabilidad de las zonas expuestas.
La prevención requiere integrar clima y salud pública
Los especialistas señalan que la reducción sostenida de las emisiones de gases de efecto invernadero es necesaria para contener la tendencia de calentamiento. Paralelamente, los sistemas sanitarios y las administraciones costeras necesitan fortalecer la vigilancia de temperaturas, microorganismos acuáticos, mortalidad asociada al calor y calidad de los alimentos marinos.
Las medidas inmediatas incluyen planes frente al calor que contemplen también las temperaturas nocturnas, avisos sobre la calidad del agua, información específica para personas vulnerables y protocolos de atención temprana ante síntomas de golpe de calor o infecciones después de la exposición marina.
El calentamiento del Mediterráneo vincula así la salud oceánica con la humana. La evolución del mar influye en las condiciones térmicas de las ciudades costeras, la seguridad del agua, la disponibilidad de alimentos y la exposición a determinados agentes biológicos, lo que exige respuestas coordinadas entre climatología, oceanografía, epidemiología y atención sanitaria.
Fuentes referenciales:
Agencia SINC
RTVE, entrevista a Manuel Vargas del IEO-CSIC
