Un estudio concluye que las cadenas de tormentas afectan el hielo marino durante más tiempo y duplican la reducción de su cobertura frente a ciclones aislados
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.
Una investigación internacional encabezada por el Instituto Alfred Wegener, en Alemania, determinó que la llegada consecutiva de varios ciclones al Ártico prolonga las condiciones cálidas y tormentosas y causa una reducción considerablemente mayor de la concentración de hielo marino. El trabajo, publicado en Nature Communications, analizó observaciones satelitales y datos atmosféricos correspondientes al periodo 1979-2024.
Los investigadores denominan “agrupación de ciclones” a la sucesión de al menos dos sistemas de baja presión, separados por un intervalo máximo de 48 horas. A diferencia de una tormenta aislada, esta secuencia mantiene durante más tiempo los vientos, el oleaje y el transporte de aire relativamente cálido y húmedo sobre el océano cubierto de hielo.
El análisis muestra que estos grupos de tormentas afectan el hielo aproximadamente 2,5 veces más tiempo y provocan una reducción acumulada de su concentración cercana al doble de la asociada con ciclones solitarios. El impacto aumenta según la intensidad de los sistemas y la cantidad de ciclones que integran cada episodio.
Las tormentas impiden que el hielo se recupere
Los ciclones pueden fracturar la superficie helada, separar los bloques y desplazar el hielo mediante el viento y las corrientes. También generan olas que penetran en las zonas fragmentadas y favorecen la apertura de espacios de agua entre los témpanos. Durante la estación fría, esas grietas suelen congelarse nuevamente después del paso de una tormenta.
Cuando varios ciclones llegan en rápida sucesión, el periodo de recuperación se acorta o desaparece. La acción continua del viento y del oleaje mantiene las aberturas expuestas y prolonga el desplazamiento del hielo. Según los autores, la mayor pérdida acumulada se explica principalmente por esta duración prolongada, no porque cada jornada del episodio produzca necesariamente un daño más intenso.
Los resultados complementan investigaciones anteriores sobre la evolución de los ciclones en el Ártico, aunque el nuevo trabajo se concentra específicamente en el efecto de las tormentas consecutivas sobre la concentración del hielo.
Las zonas periféricas del hielo registran los mayores cambios
Durante la estación fría, las reducciones más pronunciadas aparecieron en las zonas marginales de hielo de los sectores atlántico y pacífico del océano Ártico. En algunos lugares, la disminución media de la concentración durante los grupos de ciclones superó el 15 % respecto de periodos comparables sin tormentas.
Las diferencias frente a los ciclones aislados fueron especialmente visibles en los mares de Labrador, Bering y Ojotsk, además de sectores de los mares de Barents y Kara próximos a Svalbard y Nueva Zembla. En el conjunto del Ártico situado al norte de los 70 grados de latitud, los episodios agrupados duraron 2,6 veces más y generaron una reducción total 2,1 veces mayor.
En la estación cálida, el efecto también fue superior al de las tormentas individuales, aunque la magnitud varió entre regiones. Los cambios más destacados se observaron en el océano Ártico central y en los mares de Beaufort, Siberia Oriental y Láptev. Esta variabilidad confirma que la respuesta depende de la época del año, la trayectoria de las tormentas y las condiciones iniciales del hielo.
El hielo actual muestra mayor vulnerabilidad
La comparación temporal reveló que las pérdidas asociadas con estos fenómenos fueron más intensas entre 2004 y 2024 que durante 1979-1999, incluso al contrastar áreas con categorías iniciales similares de concentración de hielo. Los científicos advierten que este resultado debe interpretarse junto con otros cambios del sistema ártico, como el adelgazamiento de la cubierta y el calentamiento de las aguas superficiales.
Este contexto coincide con mediciones recientes que documentan niveles excepcionalmente bajos de hielo marino en marzo y con registros sobre la debilidad de su crecimiento máximo invernal. Una cubierta formada por hielo más joven y delgado puede responder con mayor rapidez al viento, las olas y el ingreso de calor.
El estudio no sostiene que todos los grupos de ciclones produzcan el mismo resultado. La concentración puede disminuir tanto por fusión como por desplazamiento o dispersión del hielo, y parte de la cobertura puede recuperarse después de una tormenta, especialmente durante el invierno. La respuesta observada cambia según la región y las características de cada episodio.
Consecuencias para las costas y la vigilancia climática
La reducción y fragmentación del hielo también puede elevar la exposición de las costas árticas. Una cubierta continua amortigua el oleaje antes de que llegue a tierra; cuando se abre o retrocede, las olas conservan más energía y pueden aumentar la erosión y el riesgo de inundaciones en comunidades costeras vulnerables.
Las tormentas y el movimiento del hielo representan, además, un factor relevante para la navegación y otras actividades marítimas. Conocer si un ciclón llegará solo o como parte de una secuencia permitiría valorar mejor la duración de las condiciones peligrosas y la posible evolución de la cubierta helada.
Los investigadores consideran necesario estudiar los mecanismos atmosféricos que favorecen estas agrupaciones e incorporarlos a la vigilancia del Ártico. Herramientas como los modelos para mejorar la predicción estacional del hielo marino podrían beneficiarse de una representación más precisa de los efectos acumulados de las tormentas consecutivas.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Instituto Alfred Wegener
Nature Communications
