Nueve años de datos satelitales muestran cómo el desprendimiento de 2017 debilitó los frenos naturales del glaciar antártico y aceleró un 20 % su flujo
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Investigadores del Instituto de Tecnología de California utilizaron nueve años de observaciones satelitales para reconstruir cómo la plataforma de hielo del glaciar Pine Island, en la Antártida Occidental, perdió casi por completo su capacidad para frenar el desplazamiento del hielo continental hacia el océano.
El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, encontró que el gran desprendimiento ocurrido en 2017 debilitó los márgenes laterales de la plataforma y aceleró un 20 % el flujo del glaciar. Comprender esta cadena de daños permitirá mejorar los modelos empleados para proyectar la subida del nivel del mar.
Una plataforma flotante que funciona como freno
Pine Island es el glaciar de movimiento más rápido de la Antártida y uno de los mayores contribuyentes del continente al aumento del nivel oceánico. Actualmente avanza hacia el mar a una velocidad aproximada de 4,8 kilómetros por año.
En su extremo se encuentra una plataforma de hielo flotante. Aunque esa parte ya desplaza agua y su desprendimiento no eleva directamente el nivel del mar de manera importante, funciona como un contrafuerte que retiene el hielo situado sobre tierra firme.
El efecto puede compararse con un tapón que limita la salida de material desde el interior. Cuando la plataforma pierde superficie, contacto lateral o resistencia estructural, disminuye la presión que ejercía contra el glaciar y el hielo continental puede fluir con mayor rapidez hacia el océano.
Este mecanismo ayuda a explicar por qué el deterioro de las plataformas antárticas preocupa más allá de la pérdida del hielo flotante. Un análisis previo sobre el riesgo de desaparición de las plataformas de hielo antárticas mostró que su viabilidad depende estrechamente del calentamiento oceánico y de la trayectoria futura de las emisiones.
Sentinel-1 siguió el glaciar entre 2015 y 2024
El equipo examinó imágenes de radar obtenidas por los satélites Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea entre 2015 y 2024. Esta tecnología permite medir el movimiento del hielo incluso durante la noche polar o cuando las nubes impiden observar la superficie con sensores ópticos.
Las mediciones registraron los cambios de velocidad antes y después de varios episodios de desprendimiento. El evento más importante ocurrió en 2017, cuando una gran sección de la plataforma se separó y formó un iceberg.
Después de ese episodio, el glaciar aumentó su velocidad aproximadamente un 20 %. Al ampliar el análisis histórico, los investigadores determinaron que el flujo de Pine Island se ha incrementado más de un 100 % desde 1973.
Los datos permiten comprobar directamente cómo una pérdida localizada en el frente de la plataforma puede propagarse hacia los lados y modificar el comportamiento del conjunto. Esta información ofrece una oportunidad para evaluar si los modelos reproducen correctamente una respuesta ya observada.
El daño se extendió hacia los márgenes laterales
La investigación prestó especial atención a los márgenes de cizalla, las zonas laterales donde el hielo en movimiento interactúa con afloramientos rocosos y sectores de hielo más lento. La fricción generada en esos bordes ayuda a contener el flujo hacia el océano.
Antes del desprendimiento de 2017 ya existían grietas y daños visibles en los márgenes. Después de la separación del iceberg, esas fracturas se intensificaron mientras el glaciar ganaba velocidad.
El proceso genera una retroalimentación mecánica: el hielo central se desplaza más rápido que el situado a los lados, aumenta la tensión sobre los márgenes y produce nuevos daños. Al debilitarse los bordes, disminuye todavía más la resistencia y el flujo puede acelerarse nuevamente.
Las observaciones sugieren que para 2020 el glaciar se había desacoplado completamente de sus márgenes dañados. Esto implica una pérdida casi total de las tensiones de contención que anteriormente ayudaban a frenar su movimiento.
El mecanismo no significa que todo Pine Island vaya a colapsar de manera inmediata. Sí indica que una parte importante de su sistema de soporte ya se debilitó y que su evolución dependerá de cómo continúen el desprendimiento, las fracturas y el derretimiento producido desde abajo por el océano.
El precedente de Larsen B mostró una aceleración abrupta
Las plataformas pueden permanecer durante largos periodos acumulando pequeños defectos dentro de su estructura cristalina. Con el tiempo, esas alteraciones se conectan y forman grietas capaces de penetrar cientos de metros en el hielo.
En 2002, la plataforma Larsen B se desintegró en aproximadamente seis semanas. Después de su desaparición, los glaciares que contenía aumentaron su velocidad entre cuatro y seis veces, demostrando que la pérdida del hielo flotante puede modificar rápidamente el flujo continental.
Sarah Wells-Moran, autora principal del nuevo trabajo, explicó que una parte considerable de la incertidumbre en las proyecciones del nivel del mar procede de la dificultad para modelar cuándo se romperá una plataforma y cómo acumula daño antes del colapso.
Los glaciares no se comportan como bloques simples. Cubren miles de kilómetros cuadrados, persisten durante milenios y responden simultáneamente a la temperatura del océano, las nevadas, la geometría del lecho, la fricción y las propiedades internas del hielo.
Pine Island y Thwaites concentran la mayor incertidumbre
Pine Island se encuentra en el sector del mar de Amundsen, junto al glaciar Thwaites. Ambos drenan una parte vulnerable de la capa de hielo de la Antártida Occidental y descansan sobre terrenos que, en algunos sectores, se vuelven más profundos hacia el interior del continente.
Esa geometría puede favorecer un retroceso difícil de frenar cuando la línea donde el hielo deja de apoyarse en el lecho y comienza a flotar se desplaza tierra adentro. La pérdida de las plataformas reduce una barrera adicional frente a ese proceso.
Las proyecciones sobre la posible aceleración de la pérdida de hielo en Thwaites también muestran cuánto pueden variar los resultados según los datos utilizados para calibrar los modelos.
Brent Minchew, profesor de geofísica de Caltech y responsable del laboratorio donde se realizó el estudio, señaló que la diferencia entre escenarios manejables y extremos de subida del mar depende en gran medida de la evolución de Pine Island y Thwaites.
El colapso prolongado de los principales glaciares de la Antártida Occidental podría comprometer varios metros de aumento del nivel del mar a lo largo de periodos extensos, aunque las cifras y los plazos continúan sujetos a importantes incertidumbres.
Los modelos deberán reproducir los cambios ya observados
El nuevo registro permite someter los modelos a una prueba concreta. Para resultar fiables en la planificación costera, deben ser capaces de reproducir la aceleración posterior al desprendimiento de 2017 y la pérdida de resistencia en los márgenes laterales.
La interpretación convencional indica que Pine Island atravesará un periodo de retroceso y mayor pérdida de masa debido al debilitamiento de su plataforma. Sin embargo, todavía no se conoce con precisión cuánto durará esa fase ni qué velocidad alcanzará.
Incorporar el daño acumulativo dentro de los modelos puede reducir una de las mayores fuentes de incertidumbre. Las simulaciones que tratan el hielo como un material intacto pueden subestimar la rapidez con que una red de grietas modifica su resistencia.
El grupo de Caltech también estudia si determinados procesos naturales de reparación de defectos podrían aprovecharse para ralentizar la pérdida de masa y estabilizar sectores de las capas de hielo. Esa línea se encuentra en fase de investigación y no constituye todavía una intervención aplicable.
Entre medio metro y dos metros hacia finales de siglo
Las estimaciones citadas por Caltech sitúan la subida global del nivel del mar hacia finales del siglo XXI entre aproximadamente 0,5 y 2 metros. El amplio margen refleja diferencias entre escenarios de emisiones y la incertidumbre sobre la respuesta de las capas de hielo.
Estas cifras no representan una predicción única. El extremo superior depende de procesos de pérdida rápida cuya probabilidad y ritmo aún se investigan, mientras que las trayectorias de menores emisiones pueden limitar parte del calentamiento y retrasar la desestabilización.
Aproximadamente un tercio de la población mundial vive a una distancia de la costa que podría recorrerse en un día. Según la estimación utilizada por los investigadores, cada centímetro adicional del nivel del mar podría desplazar a 1,5 millones de personas.
Minchew advirtió que alrededor del 90 % de las personas expuestas se encuentra en países de ingresos bajos y medios, donde financiar diques, adaptar sistemas de drenaje o trasladar infraestructuras suele resultar más difícil.
Cada centímetro aumenta la exposición costera
La subida media del mar no se traduce de forma idéntica en todas las costas. El hundimiento del terreno, las corrientes, las mareas y los cambios regionales de gravedad pueden amplificar o reducir temporalmente el nivel observado en cada territorio.
Incluso incrementos moderados permiten que las marejadas ciclónicas y las mareas altas penetren más hacia el interior. Las inundaciones que antes eran poco frecuentes pueden repetirse con mayor regularidad, afectando viviendas, carreteras, puertos, acuíferos y ecosistemas costeros.
Una mejor representación del daño en Pine Island no elimina la incertidumbre, pero ayuda a delimitarla. Las observaciones continuas de velocidad, fracturas, espesor, línea de apoyo y temperatura del océano serán esenciales para identificar cambios antes de que se traduzcan en una aceleración mayor.
El seguimiento satelital entre 2015 y 2024 muestra que el deterioro de una plataforma no termina cuando se desprende un iceberg. La pérdida puede redistribuir tensiones, debilitar los márgenes y acelerar el hielo terrestre, conectando un evento localizado en la Antártida con riesgos costeros a escala mundial.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Instituto de Tecnología de California
Proceedings of the National Academy of Sciences
