Un estudio publicado en Nature Geoscience concluye que la capa de hielo antártica tiene una probabilidad de al menos 92 % de perder masa hasta 2100 incluso bajo fuertes recortes de emisiones
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
La Antártida perderá más hielo del que acumulará durante este siglo incluso si el calentamiento global se limita aproximadamente a 1,5 °C sobre los niveles preindustriales. Esa es una de las principales conclusiones de una nueva investigación publicada el 30 de septiembre de 2026 en Nature Geoscience, que utilizó cientos de simulaciones de la capa de hielo, aprendizaje automático y observaciones satelitales para explorar cientos de miles de futuros posibles hasta 2100.
El estudio, liderado por Yucheng Lin y realizado por un equipo internacional de investigadores, estima una probabilidad de al menos 92 % de que la capa de hielo de la Antártida registre una pérdida neta de masa durante el siglo XXI incluso en el escenario SSP1-1.9, asociado a fuertes reducciones de emisiones y a un calentamiento global cercano al objetivo de 1,5 °C del Acuerdo de París.
El hallazgo no significa que las decisiones climáticas hayan dejado de importar. Por el contrario, los investigadores determinaron que las emisiones más elevadas aumentan la pérdida de hielo antártico y, por tanto, su contribución al ascenso del nivel del mar. Bajo un escenario de emisiones muy altas, los mecanismos evaluados podrían producir una contribución antártica de hasta 25,4 centímetros al nivel medio global del mar para 2100 en el extremo superior de las proyecciones analizadas.
Más nieve no compensaría la pérdida de hielo antártico
Una de las grandes incertidumbres sobre el futuro de la Antártida procede de dos procesos que actúan simultáneamente. Una atmósfera más cálida puede contener mayor cantidad de humedad y favorecer más precipitaciones de nieve sobre algunas regiones del continente, aumentando temporalmente la masa de hielo. Al mismo tiempo, el calentamiento del océano puede intensificar el derretimiento de las plataformas de hielo desde abajo y facilitar que los glaciares continentales descarguen más hielo hacia el mar.
La importancia de esa variabilidad quedó demostrada recientemente cuando la Antártida Oriental registró una ganancia excepcional de 695.000 millones de toneladas de hielo entre julio de 2021 y abril de 2023, vinculada principalmente a nevadas extraordinarias. El nuevo estudio analiza una escala temporal mucho mayor y concluye que ese efecto de acumulación de nieve es muy improbable que compense las pérdidas impulsadas por el océano durante el conjunto del siglo.
Para abordar esta cuestión, los científicos desarrollaron un sistema de emulación mediante aprendizaje automático a partir de 340 simulaciones de la capa de hielo antártica procedentes de ejercicios internacionales de comparación de modelos. Cada simulación contenía 86 pasos anuales entre 2015 y 2100, proporcionando decenas de miles de combinaciones para entrenar y evaluar el modelo.
Posteriormente, el equipo utilizó observaciones satelitales de los cambios recientes de masa de la Antártida para realizar una calibración bayesiana y asignar mayor peso a las configuraciones capaces de reproducir mejor el comportamiento observado del continente.
El océano puede debilitar las plataformas que frenan los glaciares
Una pieza central del problema son las plataformas de hielo, extensiones flotantes conectadas con los glaciares continentales. Aunque el hielo de una plataforma ya está flotando y su pérdida no produce por sí sola el mismo efecto sobre el nivel del mar que el hielo asentado sobre tierra, estas estructuras ejercen un efecto de contención que ralentiza el desplazamiento de los glaciares hacia el océano.
Cuando el agua oceánica relativamente cálida penetra debajo de una plataforma, puede derretirla desde su base y reducir progresivamente ese soporte. La importancia de este mecanismo se observa en investigaciones sobre la circulación oceánica bajo la enorme plataforma de hielo de Ross, donde la interacción entre agua y hielo constituye una variable fundamental para determinar la estabilidad futura del sistema.
La vulnerabilidad también es evidente en la Antártida Occidental. El glaciar Thwaites, uno de los sistemas más estudiados del continente, presenta procesos de fracturación y pérdida de estabilidad que pueden modificar la capacidad de su plataforma para contener el hielo situado tierra adentro. Investigaciones recientes han documentado mecanismos que aceleran el debilitamiento de la plataforma oriental del glaciar Thwaites.
En el nuevo trabajo, la forma en que los modelos representan el derretimiento de las plataformas de hielo, el deslizamiento de los glaciares sobre el lecho y la respuesta de la Antártida a diferentes modelos climáticos figura entre las principales fuentes de incertidumbre de las proyecciones.
Hasta 25,4 centímetros bajo emisiones muy altas
Las proyecciones calibradas con observaciones indican que la probabilidad de pérdida neta de masa aumenta desde al menos 92 % en el escenario de emisiones más bajas considerado hasta 95 % o más bajo un escenario de emisiones muy altas.
Además, el estudio calcula una probabilidad de al menos 89 % de que mayores emisiones produzcan una mayor pérdida de masa antártica hacia 2100. En el escenario SSP5-8.5, caracterizado por emisiones muy elevadas, la mediana de la contribución antártica proyectada al aumento del nivel del mar alcanza 15,7 centímetros, mientras que el percentil 95 llega a 25,4 centímetros.
Estas cifras deben interpretarse como resultados probabilísticos de un conjunto de modelos y no como una predicción única de cuánto aumentará el nivel del mar. La evolución final dependerá tanto de las emisiones como de procesos físicos que todavía presentan incertidumbres importantes.
El resultado adquiere especial relevancia después de que una evaluación satelital internacional mostrara que Groenlandia y la Antártida perdieron conjuntamente 11,3 billones de toneladas de hielo entre 1979 y 2023, elevando en 31,4 milímetros el nivel medio global del mar durante ese periodo.
Cerca de mil millones de personas viven en regiones costeras
La magnitud del riesgo no procede únicamente de la cantidad de hielo almacenada en la Antártida. La capa de hielo del continente contiene suficiente agua congelada para elevar aproximadamente 58 metros el nivel medio global del mar si desapareciera completamente, aunque semejante pérdida no corresponde a una proyección para este siglo.
El problema inmediato es que incluso incrementos mucho menores se suman a otras fuentes de aumento del nivel del mar y elevan la exposición a inundaciones, marejadas y erosión costera. Aproximadamente 1.000 millones de personas viven actualmente en áreas costeras y alrededor de 100 millones se encuentran a menos de un metro sobre el nivel del mar, según las estimaciones citadas por los autores al contextualizar las consecuencias de la pérdida de hielo.
La Antártida Occidental representa una preocupación particular porque buena parte de su hielo descansa sobre un lecho situado bajo el nivel del mar. El calentamiento oceánico puede favorecer el retroceso de la línea donde el hielo deja de estar apoyado en el fondo y comienza a flotar, un mecanismo relacionado con la vulnerabilidad de los glaciares de la Antártida Occidental y su potencial impacto sobre el nivel del mar.
Reducir emisiones sigue limitando el aumento del nivel del mar
Los resultados introducen una distinción importante entre evitar completamente la pérdida de hielo y limitar su magnitud. El estudio indica que las condiciones climáticas del siglo XXI probablemente ya comprometen a la Antártida con una pérdida neta de masa, incluso bajo reducciones agresivas de emisiones. Sin embargo, también muestra que el volumen de hielo perdido aumenta a medida que crecen las emisiones de gases de efecto invernadero.
Por ello, los autores señalan que una reducción rápida de las emisiones puede limitar la contribución de la Antártida al aumento del nivel del mar, aunque no consiga eliminarla por completo durante este siglo.
La investigación también subraya que siguen existiendo incertidumbres considerables. Las observaciones recientes permiten restringir algunos comportamientos de los modelos, pero resultan menos eficaces para determinar procesos que todavía tienen poca influencia sobre las tendencias actuales y que podrían adquirir gran importancia durante las próximas décadas.
Mejorar las observaciones del continente, comprender con mayor precisión el calentamiento del océano bajo las plataformas y perfeccionar la representación del deslizamiento de los glaciares serán fundamentales para reducir el rango de las proyecciones. La diferencia entre los distintos escenarios confirma, al mismo tiempo, que la pérdida de hielo comprometida no equivale a una cantidad predeterminada de aumento del nivel del mar: las emisiones futuras continúan influyendo directamente sobre la magnitud del cambio.
Fuentes referenciales:
Nature Geoscience
The Conversation / Phys.org




