Un análisis satelital identificó 57 nuevos lagos en la cuenca del Alaknanda y señala 27 formaciones que requieren vigilancia continua
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Decenas de lagos glaciares se formaron en el norte de India durante las últimas tres décadas, mientras otras masas de agua ya existentes aumentaron rápidamente de tamaño. El estudio, centrado en la cuenca del río Alaknanda, en el Himalaya occidental, advierte que esta transformación puede incrementar el riesgo de inundaciones repentinas para las poblaciones y las infraestructuras situadas aguas abajo.
Aayushi Pandey, investigadora de la Universidad Carolina de Praga, analizó observaciones captadas por los satélites Landsat y Sentinel-2 entre 1994 y 2023. El trabajo permitió estudiar la evolución de 74 lagos glaciares e identificar otras 57 formaciones surgidas durante ese periodo, con lo que el inventario de la cuenca alcanzó 131 lagos.
La investigación, publicada en la revista Open Geosciences, seleccionó 27 lagos que necesitan seguimiento permanente. El grupo incluye 18 formaciones recientes que superaron una superficie de 0,01 kilómetros cuadrados y nueve lagos previamente existentes que presentaron una expansión acelerada.
Los satélites muestran una rápida transformación del Himalaya
Las imágenes tomadas desde el espacio permitieron comparar la ubicación y la superficie de los lagos a lo largo de casi 30 años. Esta perspectiva temporal resulta esencial en regiones montañosas extensas, de difícil acceso y sometidas a cambios que no siempre pueden documentarse únicamente mediante trabajos de campo.
Entre los casos más destacados aparece el lago Vasundhara, cuya superficie creció un 261 % entre 1994 y 2023. El lago Balbala aumentó un 119 % durante el mismo periodo. Estas variaciones muestran que el retroceso del hielo no produce una respuesta uniforme: algunos lagos permanecen relativamente estables, mientras otros se expanden con mucha mayor rapidez.
El aumento de las temperaturas favorece la pérdida de masa glaciar y deja depresiones donde puede acumularse el agua de fusión. Procesos semejantes han sido observados en otros sistemas montañosos, como explican los análisis sobre las consecuencias del calor extremo sobre los glaciares alpinos.
La observación satelital permite reconocer qué lagos están creciendo, pero no determina por sí sola cuándo se producirá una ruptura. Para evaluar el peligro también deben estudiarse la profundidad y el volumen del agua, la composición de la barrera natural, la pendiente, el estado del hielo y la posibilidad de que una avalancha de roca o nieve caiga dentro del lago.
Una ruptura puede enviar agua y escombros hacia los valles
Muchos lagos de alta montaña quedan contenidos por morrenas, acumulaciones de rocas y sedimentos depositadas por los glaciares. Estas barreras pueden perder estabilidad por erosión, filtraciones, movimientos del terreno o por el impacto de materiales desprendidos desde las laderas.
Cuando una barrera falla, el agua puede descender rápidamente por los valles acompañada de hielo, lodo y rocas. Estas inundaciones repentinas de origen glaciar pueden afectar asentamientos, carreteras, puentes, centrales hidroeléctricas y terrenos productivos situados a considerable distancia del lago.
La inestabilidad de las montañas no depende exclusivamente de los lagos. La retirada de los glaciares y la degradación del suelo congelado también alteran el soporte de las paredes rocosas, una relación documentada en el seguimiento de los derrumbes asociados al calor en el macizo del Mont Blanc.
El estudio no afirma que las 27 formaciones seleccionadas vayan a romperse. Su inclusión en la lista de vigilancia señala la necesidad de realizar evaluaciones más detalladas y mantener observaciones periódicas, especialmente en los lugares donde un eventual desbordamiento alcanzaría comunidades o infraestructura crítica.
Los lagos pequeños también requieren atención
Uno de los puntos planteados por la investigación es que las evaluaciones de peligro no deberían descartar automáticamente los lagos pequeños. Algunas formaciones recientes pueden crecer con rapidez o encontrarse en posiciones donde incluso un volumen moderado de agua desencadene daños importantes.
La clasificación del riesgo debe integrar la probabilidad de que ocurra una ruptura y sus posibles consecuencias aguas abajo. Un lago grande y remoto no representa necesariamente el mismo nivel de amenaza que otro más pequeño situado sobre un valle densamente ocupado o conectado con instalaciones esenciales.
El comportamiento de los lagos también puede cambiar por procesos encadenados. Una ola de calor, una lluvia intensa, un sismo o un desprendimiento pueden alterar en poco tiempo unas condiciones previamente estables. El análisis de los desastres climáticos y sus efectos en cascada muestra por qué las amenazas combinadas pueden superar las estimaciones construidas a partir de acontecimientos aislados.
Monitoreo y alertas para las comunidades aguas abajo
Los autores recomiendan efectuar estudios de estabilidad, ampliar la vigilancia satelital y establecer sistemas de alerta temprana en las cuencas expuestas. En los casos de mayor peligro también podría evaluarse la reducción controlada del nivel del agua, siempre después de estudios técnicos específicos.
El seguimiento requiere combinar imágenes ópticas, radar, mediciones sobre el terreno y modelos capaces de representar las rutas que seguiría una inundación. Los sensores de radar resultan particularmente útiles porque pueden observar la superficie durante la noche y atravesar la cobertura de nubes que con frecuencia limita las imágenes ópticas durante el monzón.
La pérdida de hielo transforma además la estabilidad general de las zonas frías. Los estudios sobre la aceleración mundial del deshielo del permafrost indican que el calentamiento modifica suelos y laderas, añadiendo otra variable a la gestión del riesgo en las regiones montañosas.
El inventario de la cuenca del Alaknanda ofrece una base para decidir dónde concentrar recursos, pero deberá actualizarse conforme aparezcan nuevos lagos o cambien los existentes. Vincular esa información con protocolos de evacuación, comunicaciones accesibles y planificación territorial permitiría convertir la observación científica en protección efectiva para quienes viven aguas abajo.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Open Geosciences




