Observaciones realizadas entre 2000 y 2024 en 156 sitios del Ártico, la Antártida y regiones montañosas revelan que la capa activa del terreno congelado está aumentando su profundidad
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
Una investigación internacional encabezada por científicos de la Universidad George Washington, en Estados Unidos, encontró evidencias de una degradación generalizada del permafrost en distintas regiones del planeta. El equipo analizó más de dos décadas de observaciones procedentes de 156 sitios de monitoreo distribuidos por el Ártico, la Antártida y zonas de alta montaña.
Los resultados muestran que la capa activa —la franja superior del suelo que se descongela durante los meses cálidos y vuelve a congelarse cada año— aumentó de espesor en buena parte de las estaciones estudiadas entre 2000 y 2024. El proceso fue especialmente rápido en varias regiones montañosas, donde algunos sitios registraron una duplicación de la profundidad alcanzada por el deshielo estacional.
La capa activa aumentó en la mayoría de las regiones
El permafrost está formado por suelo, roca y sedimentos que permanecen congelados durante al menos dos años consecutivos. Sobre ese terreno se encuentra la capa activa, cuyo espesor cambia estacionalmente. Cuando esa franja se hace progresivamente más profunda, indica que el calor está penetrando más en el subsuelo y afectando materiales que antes permanecían congelados.
La investigación determinó incrementos estadísticamente significativos en el 55 % de los sitios árticos y en el 38 % de los antárticos. La señal fue todavía más extensa en las montañas de Europa y en regiones elevadas de Asia, así como en los lugares monitoreados en América del Sur: más del 90 % de esos emplazamientos mostró un aumento de la capa activa.
Los datos proceden principalmente del programa Circumpolar Active Layer Monitoring, una red establecida durante la década de 1990 para observar la respuesta del permafrost al cambio climático. La investigación incorporó también mediciones de redes asociadas en América del Norte, Europa, Asia, América del Sur y la Antártida.
El trabajo, publicado en Communications Earth & Environment, constituye una de las evaluaciones de campo más amplias sobre la evolución reciente de la capa activa. Sus resultados complementan estudios que ya habían documentado el hundimiento del suelo congelado en regiones del Ártico.
Las montañas registraron los cambios más rápidos
Las estaciones de alta montaña presentaron una gran variabilidad debido a las diferencias de altitud, topografía, vegetación, materiales geológicos y contenido de hielo. A pesar de esa diversidad, el patrón general indica que estas zonas se encuentran entre los entornos de permafrost que están cambiando con mayor rapidez.
En los sitios europeos de montaña, el aumento medio de la capa activa fue de 10,3 centímetros por año, aunque con diferencias considerables entre emplazamientos. Algunas estaciones de Noruega registraron incrementos de entre 1,1 y 8,5 centímetros anuales, mientras que en sectores rocosos de los Alpes suizos se observaron valores más elevados.
En 2022, la profundidad de la capa activa en el sitio suizo de Schilthorn superó los 13 metros, el valor más alto documentado allí. Los Alpes italianos presentaron aumentos de entre 9,7 y 20,2 centímetros por año, mientras que los sitios franceses registraron cambios de entre 7,7 y 17,6 centímetros anuales.
La respuesta no es idéntica en todos los suelos. El contenido de hielo, la cobertura orgánica y el tipo de roca pueden amortiguar o acelerar la transmisión de energía hacia el subsuelo. Por esta razón, los científicos desarrollan nuevos métodos para medir cómo el calor se propaga por el permafrost de montaña.
El permafrost discontinuo se descongela con mayor rapidez
En América del Norte, la capa activa aumentó en promedio 0,4 centímetros por año en los sitios con permafrost continuo y 1 centímetro anual en aquellos donde el terreno congelado aparece de manera discontinua. En el Ártico euroasiático, los promedios fueron de 0,8 y 2,3 centímetros por año, respectivamente.
Las mediciones realizadas en Siberia, Groenlandia, Svalbard, Alaska y Canadá mostraron tendencias diferentes según las características locales. En algunos sitios con gruesas capas de turba o materia orgánica no se detectaron cambios significativos, debido a que esas cubiertas pueden funcionar como aislamiento frente al calentamiento estacional.
Los investigadores encontraron que el aumento de las temperaturas fue el principal factor asociado con el crecimiento de la capa activa en el Ártico. El incremento de las precipitaciones, especialmente en forma de lluvia, también contribuyó al proceso al modificar el contenido de humedad, la transferencia de calor y las condiciones térmicas del terreno.
Los ríos y otros flujos de agua pueden introducir calor en zonas congeladas y favorecer cambios difíciles de detectar desde la superficie. Investigaciones anteriores han observado que los sistemas fluviales pueden acelerar el deshielo del permafrost en determinados paisajes.
El carbono congelado puede volver a la atmósfera
El permafrost cubre cerca del 15 % de la superficie terrestre del hemisferio norte y se extiende bajo casi todas las áreas de la Antártida que no están cubiertas por hielo. Además de sostener ecosistemas e infraestructuras, funciona como una reserva de materia orgánica acumulada durante miles de años.
Los científicos estiman que los tres metros superiores de estos terrenos contienen alrededor del 70 % del carbono orgánico almacenado en los suelos de permafrost. Cuando el material se descongela, los microorganismos pueden descomponerlo y liberar dióxido de carbono o metano.
La cantidad y el tipo de gas emitido dependen de factores como la humedad, la temperatura, el oxígeno disponible, la vegetación y la actividad microbiana. Por ello, un aumento de la capa activa no se traduce automáticamente en una cantidad determinada de emisiones, pero sí expone a la descomposición una mayor profundidad del suelo.
Esta relación puede formar una retroalimentación climática: el calentamiento descongela el terreno, la materia orgánica liberada genera gases de efecto invernadero y esas emisiones contribuyen a elevar nuevamente las temperaturas. El proceso que explica cómo el permafrost libera carbono y metano al descongelarse es una de las principales incertidumbres en las proyecciones del clima.
Carreteras y edificios pierden estabilidad
El deshielo también modifica las propiedades físicas del terreno. Cuando el hielo contenido entre los sedimentos desaparece, el suelo puede hundirse, deformarse o sufrir procesos de erosión. Estas transformaciones amenazan carreteras, aeropuertos, vías ferroviarias, oleoductos, edificios y redes de servicios construidos sobre superficies que antes permanecían estables.
Investigaciones previas encabezadas por Dmitry Streletskiy, de la Universidad George Washington, estimaron que hasta la mitad de la infraestructura del Ártico podría quedar expuesta a un alto riesgo de daños hacia 2050. Esa proyección depende de la evolución regional del clima, las características del suelo y las medidas de adaptación aplicadas en cada comunidad.
En las montañas, la pérdida de hielo puede reducir la cohesión de laderas y paredes rocosas, aumentando la posibilidad de desprendimientos. El peligro no depende únicamente de la temperatura: también intervienen la inclinación, las fracturas de la roca, la circulación del agua y los episodios meteorológicos extremos.
La red de observación necesita ampliarse
El Ártico dispone de las series de datos más largas y de la mayor concentración de estaciones. En cambio, la cobertura sigue siendo limitada en la Antártida, América del Sur y numerosas cordilleras, donde las distancias, la altitud y las condiciones meteorológicas dificultan mantener mediciones continuas.
Los autores destacan que las observaciones sobre el terreno son indispensables para distinguir tendencias climáticas de variaciones locales. Los satélites y modelos permiten ampliar la cobertura, pero necesitan series de campo para comprobar la profundidad real del deshielo y las características de cada suelo.
La continuidad de las estaciones también resulta esencial. Una medición aislada puede reflejar un verano excepcional, mientras que las series de diez o más años permiten identificar cambios sostenidos. El estudio muestra que conservar y ampliar estas redes será determinante para anticipar impactos sobre el clima, los ecosistemas y las comunidades de las regiones frías.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad George Washington
Communications Earth & Environment
Circumpolar Active Layer Monitoring Network




