El descenso histórico del Rin expone nuevas playas en Nimega, restringe el riego y acelera el cambio desde una política de drenaje hacia otra capaz de conservar agua dulce
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.
Países Bajos afronta una sequía estival histórica que está alterando ríos, suelos, ecosistemas e infraestructuras. En Nimega, el nivel del Waal —el principal brazo neerlandés del Rin— ha descendido hasta dejar expuesta una playa que no existía meses atrás, mientras algunas embarcaciones permanecen inclinadas o atrapadas en el lecho fluvial.
El episodio responde a un periodo prolongado con pocas precipitaciones, temperaturas excepcionales y una evaporación intensa. Sus efectos resultan especialmente visibles en las provincias orientales y meridionales, donde la vegetación se ha secado y el Rin alcanzó durante el verano niveles mínimos en los registros citados por la información disponible.
La escena representa un cambio profundo para un país reconocido internacionalmente por sus diques, presas y obras destinadas a controlar inundaciones. El desafío ya no consiste solamente en evacuar rápidamente el exceso de agua hacia el mar, sino también en conservar una cantidad suficiente durante veranos cada vez más secos.
El Waal deja al descubierto la magnitud del descenso
En las orillas del Waal, bañistas y visitantes ocupan superficies arenosas que normalmente permanecerían cubiertas. Leon Berkers, capitán de un barco restaurante en Nimega, explicó a la fuente original que nunca había observado un nivel semejante durante las décadas que lleva frecuentando el río.
La embarcación quedó apoyada sobre el fondo y presenta una inclinación suficiente para complicar su actividad cotidiana. El caso ilustra cómo una alteración hidrológica puede afectar directamente negocios, viviendas flotantes, servicios turísticos y otras actividades desarrolladas junto al cauce.
El descenso forma parte de una situación continental más amplia. Durante julio, la sequía llevó grandes ríos europeos a niveles excepcionalmente bajos, con repercusiones sobre la navegación, el abastecimiento, los ecosistemas acuáticos y determinadas operaciones industriales y energéticas.
Restricciones para conservar agua dulce y frenar la salinización
Desde mediados de julio, Rijkswaterstaat, el organismo nacional responsable de la gestión del agua y las infraestructuras, clasifica la situación como una escasez real de agua. Las autoridades han establecido restricciones al riego y limitado la apertura de determinadas esclusas para reducir la pérdida de reservas dulces.
Las medidas también buscan contener la salinización. Cuando disminuye la descarga de los ríos, el agua marina puede avanzar hacia el interior a través de canales, estuarios y otros componentes de la red hídrica. Esa intrusión compromete la calidad del recurso disponible para la agricultura, los ecosistemas y distintos usos económicos.
Este riesgo no se limita al episodio neerlandés. Investigaciones recientes advierten que los estuarios podrían volverse más salados durante las próximas décadas como resultado de los cambios en el caudal fluvial, la subida del nivel del mar y otras transformaciones climáticas.
La navegación y las cadenas industriales pierden capacidad
La poca profundidad disponible obliga a las embarcaciones fluviales a reducir su carga para evitar encallar. El impacto alcanza tanto a los transportistas como a las industrias que dependen del Rin para recibir materias primas, combustibles y mercancías o distribuir sus productos.
La afectación del transporte fluvial puede trasladarse a otros sectores mediante mayores costes, demoras y necesidad de utilizar rutas alternativas. Aunque sus puertos mantienen una dimensión marítima internacional, Países Bajos depende de la conexión entre esos complejos costeros y la extensa red de ríos y canales del interior europeo.
La escasez también afecta a la naturaleza. Árboles y pastizales presentan señales prematuras asociadas al estrés hídrico, mientras el menor volumen de los cauces reduce el espacio disponible para las especies acuáticas. El agua poco profunda puede calentarse con mayor rapidez y favorecer una disminución del oxígeno disuelto.
Los suelos secos amenazan edificios y defensas hidráulicas
Parte de la crisis permanece oculta bajo la superficie. Marthe Wens, investigadora especializada en riesgos climáticos e hídricos de la Vrije Universiteit Amsterdam, advirtió que algunas construcciones se apoyan sobre terrenos de turba. Cuando ese material pierde humedad puede contraerse, provocar movimientos y facilitar la aparición de grietas en los edificios.
La sequedad también exige vigilar infraestructuras hidráulicas asentadas sobre suelos vulnerables. Los sistemas concebidos para contener el agua necesitan mantenimiento y condiciones físicas adecuadas, por lo que una sucesión de veranos secos introduce riesgos diferentes de aquellos considerados tradicionalmente en la protección contra inundaciones.
La situación se relaciona con una tendencia europea más extensa. Un estudio sobre la humedad del suelo concluyó que los cambios en la circulación atmosférica explican alrededor del 55 % del secamiento estival observado en Europa entre 1980 y 2024, especialmente por la mayor persistencia de sistemas de alta presión.
De expulsar el agua a retenerla dentro del territorio
Micha Werner, profesor especializado en resiliencia frente a la sequía en IHE Delft, señaló que la infraestructura neerlandesa fue diseñada históricamente para prevenir inundaciones y conducir el exceso de agua hacia el mar. La repetición de años con escasez obliga ahora a modificar esa lógica.
El nuevo planteamiento consiste en conservar más agua dentro del sistema hidráulico cuando se encuentra disponible. Esto puede requerir cambios coordinados en canales, suelos, humedales, acuíferos, áreas agrícolas y espacios urbanos, además de reglas operativas capaces de responder tanto a sequías como a lluvias extremas.
Retener agua no significa abandonar la protección contra inundaciones. Países Bajos debe administrar riesgos opuestos dentro de un mismo territorio: almacenar reservas durante periodos húmedos sin reducir la capacidad de afrontar crecidas, marejadas o precipitaciones intensas.
La adaptación también exige evaluar cada intervención a escala de cuenca. Europa ha comenzado a revisar algunas obras fluviales y en 2025 retiró 603 barreras obsoletas para recuperar la conectividad de sus ríos. Sin embargo, conservar agua dulce durante las sequías puede requerir mantener, transformar o gestionar de otra manera aquellas infraestructuras que todavía cumplen funciones esenciales.
Una política hídrica preparada para extremos opuestos
La sequía de 2026 muestra que el conocimiento neerlandés sobre el agua continúa siendo indispensable, aunque las condiciones para las cuales se construyó buena parte del sistema están cambiando. El calor acelera la evaporación, los periodos secos prolongan el déficit y el bajo caudal facilita la entrada de agua salada desde la costa.
Las decisiones futuras deberán equilibrar abastecimiento, agricultura, navegación, conservación, estabilidad de los suelos y protección de las edificaciones. También tendrán que considerar que una reserva almacenada para el verano no debe convertirse en un obstáculo frente a una posible inundación posterior.
El descenso del Waal convierte esa transformación en una imagen visible: donde antes circulaba el río, hoy aparecen bancos de arena y embarcaciones varadas. Para las autoridades neerlandesas, la señal principal es que controlar el agua ya no equivale únicamente a expulsarla, sino a decidir cuándo drenarla, dónde almacenarla y cómo mantenerla disponible durante los meses de mayor escasez.
Fuente referencial:
Phys.org
