Una red internacional liderada por la Universidad de California en Santa Bárbara analiza si los fondos anóxicos podrían conservar carbono vegetal durante siglos o milenios, aunque reconoce importantes incertidumbres ambientales, logísticas y regulatorias
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo internacional de investigadores ha comenzado a evaluar de forma sistemática si la biomasa vegetal terrestre podría depositarse en cuencas marinas profundas sin oxígeno para impedir que parte del carbono capturado por las plantas regrese a la atmósfera.
La propuesta, denominada almacenamiento marino anóxico de carbono o MACS por sus siglas en inglés, fue examinada durante un taller interdisciplinario coordinado por científicos de la Universidad de California en Santa Bárbara. Sus conclusiones y principales preguntas de investigación fueron publicadas en la revista científica Biogeosciences.
Los autores consideran que el método podría alcanzar, al menos teóricamente, una escala relevante para la eliminación de dióxido de carbono. Sin embargo, subrayan que todavía no existe evidencia suficiente para recomendar su aplicación comercial o su despliegue masivo.
La propuesta busca conservar el carbono fijado por las plantas
Las plantas retiran dióxido de carbono de la atmósfera mediante la fotosíntesis y lo incorporan a sus tejidos. Una parte de ese carbono permanece almacenada temporalmente en madera y suelos, pero gran parte vuelve al aire cuando la materia vegetal se descompone o se quema.
La idea del MACS consiste en utilizar principalmente residuos agrícolas y excedentes derivados de la gestión forestal, transportarlos hasta zonas específicas del océano y depositarlos en ambientes donde la ausencia de oxígeno dificulte su degradación.
La materia vegetal lignocelulósica podría conservarse en estas condiciones durante cientos o incluso miles de años. El objetivo sería prolongar el almacenamiento del carbono que las plantas ya retiraron de la atmósfera, en lugar de capturar directamente el CO₂ mediante procesos industriales intensivos en energía.
Este planteamiento se integra en un campo más amplio de tecnologías que estudian el potencial del océano para retirar y almacenar carbono atmosférico, aunque cada alternativa presenta mecanismos, riesgos y necesidades de verificación diferentes.
Por qué interesan las cuencas marinas anóxicas
Las cuencas anóxicas son zonas profundas en las que el oxígeno disuelto no llega o se encuentra prácticamente ausente. Esta condición puede originarse por una circulación muy limitada o por fuertes diferencias de densidad entre capas de agua con distinta salinidad.
La falta de oxígeno impide la presencia de la mayoría de los animales y reduce algunos procesos responsables de descomponer rápidamente la materia orgánica. En consecuencia, estos ambientes pueden favorecer la preservación prolongada de materiales vegetales.
Los investigadores sostienen que elegir cuencas naturalmente anóxicas podría evitar parte del daño que ocasionaría depositar grandes cantidades de biomasa sobre fondos marinos oxigenados y habitados por comunidades animales.
La ausencia de fauna, no obstante, no significa que estos lugares carezcan de vida o de procesos ecológicos importantes. Las comunidades microbianas intervienen activamente en los ciclos del carbono, el azufre y otros nutrientes, por lo que cualquier intervención tendría que evaluar sus efectos sobre la química y la microbiología del sistema.
El mar Negro aparece como el principal candidato
Trabajos previos dirigidos por la biogeoquímica Morgan Reed Raven, de la Universidad de California en Santa Bárbara, identificaron al mar Negro como uno de los candidatos más destacados debido a su gran extensión, profundidad, aislamiento y persistente capa de agua sin oxígeno.
El mar Negro contiene una superficie superior oxigenada y una enorme masa de agua profunda anóxica, separadas por una zona de transición química. Esa estructura podría permitir que la biomasa permanezca aislada de la atmósfera y de los ecosistemas superficiales.
También se estudian piscinas submarinas hipersalinas, como la cuenca Orca en el golfo de México, y otros depósitos anóxicos asociados con deltas fluviales. Cada emplazamiento presenta condiciones diferentes de circulación, profundidad, composición química y capacidad de almacenamiento.
El conocimiento sobre los sedimentos como reservorios climáticos se ha ampliado mediante investigaciones que muestran cómo el lodo oceánico conserva grandes cantidades de carbono durante largos periodos. Sin embargo, el almacenamiento deliberado de biomasa exigiría demostrar que esos mecanismos naturales pueden ampliarse sin provocar daños inaceptables.
El taller reunió especialistas de 14 países
El análisis surgió de un taller intensivo realizado en febrero de 2025 en Bucarest, Rumanía. Participaron investigadores, representantes de organizaciones no gubernamentales, especialistas en políticas públicas, verificadores de eliminación de carbono y empresas vinculadas con el sector.
Los asistentes procedían de 14 países y 25 instituciones, incluidas organizaciones de territorios relacionados con el mar Negro y la cuenca Orca. El propósito fue incorporar desde las primeras etapas a científicos y comunidades con intereses directos en los lugares potencialmente afectados.
El encuentro examinó la capacidad de almacenamiento, los posibles orígenes de la biomasa, la infraestructura portuaria, las emisiones generadas por el transporte, la química del agua y las consecuencias para las economías locales.
Los autores aclaran que respaldar la investigación no equivale a aprobar la tecnología. El documento constituye una primera hoja de ruta destinada a determinar si el método puede funcionar, cuál sería su escala máxima y qué condiciones impedirían su utilización.
Cinco límites determinarán la viabilidad del método
El equipo organizó las principales incertidumbres en cinco áreas. La primera es la capacidad física de las cuencas para recibir biomasa y conservarla de manera duradera sin que el carbono vuelva a circular hacia aguas superficiales o hacia la atmósfera.
La segunda corresponde a la disponibilidad y procedencia del material vegetal. Los proyectos tendrían que evitar la tala de bosques, la competencia por tierras productivas y la retirada excesiva de residuos que cumplen funciones ecológicas en los suelos.
La tercera es el balance total de gases de efecto invernadero. Cultivar, recolectar, procesar, transportar y hundir la biomasa genera emisiones que deben descontarse de la cantidad de carbono almacenada.
La cuarta área comprende los posibles cambios en el oxígeno y el sulfuro alrededor de la zona donde se encuentran las aguas oxigenadas y anóxicas. La quinta incluye la liberación de nutrientes o materia orgánica disuelta hacia las capas superiores del océano.
La permanencia del carbono deberá demostrarse
Uno de los interrogantes centrales es cuánto tiempo permanecería realmente almacenado el carbono. Aunque los ambientes anóxicos favorecen la preservación, parte de la biomasa podría degradarse lentamente mediante procesos microbianos.
Esa transformación podría producir dióxido de carbono, metano u otras sustancias. Los investigadores necesitan determinar qué proporción queda retenida en los sedimentos, qué cantidad se disuelve en el agua y si algún gas podría desplazarse hacia la superficie.
La circulación marina también puede cambiar con la lluvia, la evaporación, la temperatura y las diferencias de salinidad. En el caso del mar Negro, será necesario modelar cómo respondería su estratificación a distintos escenarios climáticos y a la introducción de biomasa.
El seguimiento deberá combinar sensores, muestreos químicos, vehículos submarinos y modelos oceánicos. Tecnologías como los sistemas robóticos que observan el flujo de carbono en tiempo real podrían contribuir a verificar el comportamiento de los materiales depositados.
Los residuos agrícolas y forestales serían la principal fuente
La propuesta prioriza restos vegetales terrestres que ya existen como subproductos de la agricultura o de las labores de manejo forestal. Entre ellos podrían incluirse residuos leñosos y otros materiales ricos en celulosa y lignina.
Los investigadores no plantean cultivar biomasa acuática específicamente para este sistema, porque las algas y otras plantas marinas introducirían riesgos ecológicos y categorías de impacto diferentes a las evaluadas en el estudio.
La disponibilidad sostenible de residuos limitará la escala. Muchos materiales agrícolas se utilizan como alimento animal, combustible, materia prima industrial o fuente de nutrientes y carbono para los suelos.
Retirar una cantidad excesiva podría reducir la fertilidad, favorecer la erosión o trasladar las emisiones hacia otras actividades. Por ello, cada proyecto tendría que demostrar que la biomasa procede de fuentes adicionales y no provoca deforestación ni cambios perjudiciales en el uso de la tierra.
El transporte puede reducir el beneficio climático
El almacenamiento en el océano requeriría recolectar la biomasa, acondicionarla, llevarla hasta instalaciones portuarias y transportarla por barco hacia las cuencas anóxicas. Cada etapa consume energía y genera emisiones.
La distancia entre las fuentes de biomasa y el lugar de depósito será determinante. Un emplazamiento con gran capacidad geológica podría resultar poco conveniente si obliga a trasladar el material desde regiones muy alejadas.
También debe evaluarse el consumo energético de la preparación de la biomasa, su comportamiento durante el hundimiento y la posible necesidad de añadir peso para que alcance el fondo sin dispersarse.
Solo un análisis completo del ciclo de vida permitirá calcular cuántas toneladas netas de dióxido de carbono se retiran después de descontar las emisiones de toda la cadena operativa.
La intervención puede alterar la química marina
La descomposición de materia orgánica consume determinados compuestos y genera otros, por lo que una acumulación masiva de biomasa podría modificar concentraciones de sulfuro, nutrientes, metano y carbono disuelto.
Si estos compuestos alcanzaran las capas superiores oxigenadas, podrían afectar al fitoplancton, a las cadenas alimentarias o al equilibrio químico del agua. La magnitud dependería del volumen depositado, el lugar elegido y la circulación de cada cuenca.
Las estrategias marinas de eliminación de CO₂ deben analizarse también junto con problemas como la acidificación. Investigaciones sobre el papel del fondo marino en la absorción y almacenamiento de carbono muestran que las reacciones entre sedimentos y agua pueden retener carbono o devolverlo al océano.
Los autores del nuevo trabajo proponen comenzar con experimentos controlados y cantidades pequeñas antes de considerar cualquier ampliación. Los resultados deberán ser públicos, medibles y evaluados por investigadores independientes.
Ya existen proyectos experimentales bajo evaluación
El estudio señala que la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos concedió en marzo de 2026 un permiso de investigación para depositar hasta 20 toneladas de bagazo de caña de azúcar en la cuenca Orca, una piscina de salmuera situada a unos 2.200 metros de profundidad en el golfo de México.
El permiso contempla una investigación de 18 meses y no equivale a una autorización para operar a escala comercial. Su propósito es obtener datos sobre el comportamiento de la biomasa y los posibles efectos ambientales.
En Europa, las autoridades ambientales rumanas solicitaron una evaluación de impacto antes de autorizar un proyecto que plantea colocar 100 toneladas de biomasa leñosa en el fondo profundo del mar Negro.
Estos ensayos pueden aportar las primeras mediciones directas sobre degradación, permanencia, emisiones secundarias y cambios químicos. También pondrán a prueba los sistemas de monitoreo y los procedimientos regulatorios.
El marco jurídico internacional aún está en desarrollo
La colocación intencionada de materiales en el océano está regulada por normas nacionales y por instrumentos internacionales como el Convenio y el Protocolo de Londres, creados para controlar el vertido de residuos en el medio marino.
Las nuevas técnicas de eliminación de carbono plantean interrogantes sobre si estas operaciones deben considerarse almacenamiento, investigación, enterramiento o vertido. Las decisiones jurídicas influirán en los permisos, la responsabilidad y el seguimiento posterior.
Cualquier aplicación en el mar Negro exigiría además cooperación entre varios países, autoridades portuarias, comunidades costeras y organismos ambientales. Las corrientes y los impactos potenciales no respetan fronteras administrativas.
Los investigadores consideran indispensable que las comunidades locales participen desde la etapa inicial y que los proyectos no se definan únicamente desde universidades, empresas o mercados internacionales de carbono.
La verificación será esencial para evitar créditos sin respaldo
Una técnica de eliminación de carbono solo puede aportar beneficios climáticos si la cantidad almacenada es adicional, cuantificable y duradera. También debe demostrar que no desplaza emisiones o impactos ambientales hacia otros territorios.
Los sistemas de créditos de carbono necesitarían reglas transparentes para medir la biomasa, descontar las emisiones del transporte y estimar las pérdidas durante el almacenamiento.
Los autores mencionan un protocolo centrado en biomasa leñosa y cuencas anóxicas cerradas que exige experimentos de laboratorio y mediciones en el lugar para respaldar una permanencia mínima de 200 años.
La investigación científica independiente será necesaria para verificar esas estimaciones y evitar que los créditos se emitan antes de conocer la permanencia real del carbono o los efectos ecológicos.
El método no sustituye la reducción de emisiones
Los autores sitúan el MACS dentro de un conjunto de posibles herramientas para retirar dióxido de carbono acumulado, pero advierten que ninguna técnica elimina la necesidad de reducir rápidamente las emisiones de combustibles fósiles.
Los escenarios climáticos plantean que durante las próximas décadas podrían requerirse varios métodos capaces de retirar conjuntamente grandes cantidades de CO₂. Cada uno ofrecerá ventajas y limitaciones diferentes en costes, energía, permanencia e impacto ambiental.
El almacenamiento marino anóxico podría utilizar la capacidad natural de las plantas para concentrar carbono y presentar necesidades energéticas inferiores a las de algunas formas de captura directa del aire. Esa ventaja teórica deberá comprobarse mediante operaciones reales y balances completos.
Por ahora, la principal conclusión del taller es que la propuesta merece investigación rigurosa, no que su eficacia o seguridad hayan sido demostradas. Antes de cualquier aplicación extensa será necesario resolver las incertidumbres científicas, establecer controles jurídicos y obtener aceptación social.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad de California en Santa Bárbara
Biogeosciences
