La FAO advierte que sequías, inundaciones y calor pueden golpear zonas agrícolas vulnerables y reclama actuar antes del próximo ciclo de cultivos
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
El fortalecimiento de El Niño está elevando el riesgo para la producción de alimentos en distintas regiones del planeta, con una combinación de sequías, calor extremo, inundaciones y alteraciones de las lluvias que podría afectar cosechas, ganado y medios de vida rurales. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que todavía existe una ventana para anticipar parte de los daños, pero las medidas de protección deberán desplegarse antes de que comience el próximo ciclo agrícola en las zonas más expuestas.
La preocupación no deriva únicamente de la intensidad prevista del fenómeno. El episodio actual se desarrolla sobre un planeta considerablemente más cálido, una circunstancia que puede amplificar determinados extremos meteorológicos. La FAO explica que El Niño y el cambio climático tienen causas diferentes, pero que el aumento de la temperatura de referencia modifica el contexto en el que se producen las sequías, inundaciones y olas de calor.
El riesgo se suma a un escenario que ya mantiene bajo vigilancia a numerosos países. En las últimas semanas, El Niño ha avanzado hacia una intensidad histórica, con posibles consecuencias para los recursos hídricos, la agricultura, los ecosistemas y las comunidades expuestas a fenómenos extremos.
África austral muestra la magnitud del riesgo alimentario
Los antecedentes recientes permiten dimensionar las consecuencias que puede tener una alteración severa de las lluvias. Durante el episodio anterior, África austral atravesó su peor sequía en más de un siglo y 61 millones de personas quedaron necesitadas de asistencia, mientras más de ocho millones fueron empujadas hacia una situación de inseguridad alimentaria.
La experiencia africana constituye una de las principales referencias para la preparación actual. La región ya ha demostrado cómo una reducción prolongada de las precipitaciones puede deteriorar simultáneamente cultivos, pastizales, reservas de agua y ganado. En Noticias de la Tierra se analizaron previamente las lecciones que dejó África ante episodios intensos de El Niño, especialmente en materia de alerta temprana, seguridad alimentaria y resiliencia agrícola.
La FAO identifica actualmente un riesgo particularmente elevado de sequía agrícola en el Sahel y África austral. Sus análisis también señalan zonas vulnerables en el Corredor Seco de América Central, el Caribe y amplias áreas del sur y sudeste de Asia.
Los mapas elaborados por el organismo combinan más de cuatro décadas de información histórica con pronósticos y datos sobre inseguridad alimentaria. En algunas zonas agrícolas y de pastoreo, la probabilidad de sequía asociada a El Niño supera el 50%, lo que permite identificar con antelación territorios donde una intervención temprana puede resultar especialmente importante.
Las cosechas pueden sufrir pérdidas importantes
El precedente de 2023 y 2024 ofrece otra señal de alerta. En Marruecos, el calor extremo y la sequía redujeron los rendimientos de cereales en un 43%. La combinación de precipitaciones insuficientes y temperaturas elevadas afectó una producción especialmente sensible a la disponibilidad de agua durante etapas decisivas del desarrollo de los cultivos.
Los efectos no tienen que reproducirse de la misma forma en todos los países. El Niño reorganiza la circulación atmosférica y puede favorecer sequías en unas regiones y precipitaciones extraordinarias en otras. La FAO señala que el fenómeno suele provocar condiciones más secas en buena parte de África austral y sectores de Asia, mientras otras zonas pueden enfrentar inundaciones y deslizamientos.
En América Latina, la amenaza ya se refleja en las perspectivas agrícolas. El riesgo para el agua y los alimentos asociado a El Niño incluye pérdidas de cultivos, reducción de reservas hídricas y deterioro de los medios de vida de comunidades rurales, particularmente en territorios dependientes de las lluvias estacionales.
La situación también puede repercutir en los mercados internacionales cuando varias regiones productoras sufren simultáneamente. Una menor oferta de cereales, arroz u otros productos básicos puede aumentar la presión sobre países importadores y hogares que ya destinan una elevada proporción de sus ingresos a la alimentación.
Asia y Centroamérica figuran entre las zonas vulnerables
En Asia, un episodio intenso puede debilitar el monzón de verano y someter a estrés hídrico cultivos de secano como arroz y maíz. La FAO identifica riesgos desde Pakistán e India hasta Myanmar, Tailandia, Camboya, Vietnam, Filipinas, Indonesia y Timor-Leste. Algunos de estos países desempeñan además un papel importante en el suministro internacional de alimentos.
En Centroamérica y el Caribe, la vulnerabilidad combina exposición climática con inseguridad alimentaria preexistente. El Niño de 2015-2016 dejó a 3,5 millones de personas en inseguridad alimentaria en el Corredor Seco centroamericano y provocó fuertes pérdidas de cosechas en Haití.
El escenario actual mantiene nuevamente a la región bajo observación. Un análisis reciente sobre los posibles impactos de El Niño en Centroamérica advirtió que la disminución del agua puede afectar simultáneamente los granos básicos, la generación hidroeléctrica y otras actividades dependientes de los recursos hídricos.
En otras zonas, el problema será el exceso de agua. Lluvias concentradas pueden destruir cultivos, erosionar los suelos, arrastrar semillas, afectar al ganado e interrumpir carreteras y cadenas de suministro. El calentamiento anómalo del océano también puede modificar la distribución de especies marinas y perjudicar la pesca artesanal.
La FAO pide actuar antes de febrero o marzo
Una diferencia fundamental entre El Niño y otros desastres repentinos es que su desarrollo puede observarse con meses de anticipación. El seguimiento de las temperaturas del Pacífico, la atmósfera y los pronósticos estacionales ofrece a gobiernos y organismos humanitarios tiempo para intervenir antes de que las anomalías meteorológicas se conviertan en pérdidas agrícolas.
Kaveh Zahedi, subdirector general de la FAO y responsable climático del organismo, ha advertido que la ventana de preparación se está reduciendo. Las medidas deberían estar operativas para febrero o marzo con el propósito de proteger la próxima cosecha en las regiones expuestas.
Entre las acciones anticipatorias figuran la distribución de semillas y variedades tolerantes a la sequía y al calor, el almacenamiento de agua y forraje, la protección sanitaria del ganado, el fortalecimiento de los suelos, la modificación de fechas de siembra y la mejora de los sistemas de alerta que transmiten información directamente a los productores.
La FAO y el Programa Mundial de Alimentos también han impulsado acciones anticipatorias destinadas a proteger a millones de personas en países considerados de alto riesgo. La estrategia busca actuar antes de que sequías, inundaciones y tormentas deterioren los medios de vida y obliguen a las familias a vender activos, reducir comidas o abandonar sus comunidades.
El calentamiento global cambia el contexto de El Niño
El Niño es una oscilación natural del sistema océano-atmósfera del Pacífico y no está causado por las emisiones humanas. Sin embargo, el episodio de 2026 ocurre con temperaturas globales y oceánicas más altas, por lo que los especialistas insisten en que sus consecuencias no deben evaluarse como si se desarrollara bajo las mismas condiciones climáticas de décadas anteriores.
La interacción entre el calentamiento de largo plazo y la variabilidad natural puede favorecer extremos más severos, aunque la magnitud concreta dependerá de cada región. Esta combinación ya forma parte del seguimiento internacional, pues la OMM prevé que El Niño mantenga elevado el riesgo climático durante 2027.
El impacto tampoco se limita a la agricultura terrestre. El calentamiento del Pacífico puede reducir el afloramiento de aguas frías y ricas en nutrientes, alterar ecosistemas marinos y modificar las capturas pesqueras. Al mismo tiempo, las sequías pueden disminuir los caudales fluviales y las lluvias extremas pueden erosionar tierras agrícolas o contaminar fuentes de agua.
Por eso, los efectos de El Niño sobre cultivos, pesca y transporte forman una cadena de riesgos interconectados. Una pérdida agrícola puede convertirse en menor disponibilidad de alimentos; una alteración de la pesca puede afectar ingresos y nutrición; y los problemas de transporte pueden dificultar el movimiento de mercancías precisamente cuando determinadas regiones necesitan aumentar sus importaciones.
La financiación para prevenir pérdidas también preocupa
La capacidad de anticipación enfrenta además una limitación financiera. Un análisis citado por la FAO estima que la financiación para el desarrollo relacionada con el clima destinada a los sistemas agroalimentarios disminuyó un 10% en 2024, hasta 26.900 millones de dólares.
Los cultivos, la ganadería, los bosques y la pesca recibieron alrededor del 5% de la financiación climática para el desarrollo. En África, los recursos dirigidos a los sistemas agroalimentarios disminuyeron un 20%, incluso cuando aumentó el flujo general de financiación climática destinado al continente.
La FAO considera que las inversiones realizadas ahora pueden reducir tanto las pérdidas inmediatas como la vulnerabilidad frente a futuros extremos. Mejorar los suelos, almacenar agua, restaurar tierras degradadas, fortalecer los ecosistemas y adaptar los sistemas agrícolas son medidas que sirven simultáneamente para responder a El Niño y aumentar la resiliencia frente a un clima más cálido.
El margen de preparación convierte los próximos meses en un periodo decisivo. El fenómeno no puede evitarse, pero las zonas donde históricamente causa mayores daños agrícolas ya están identificadas y los pronósticos permiten concentrar recursos antes de que una nueva temporada de sequías, inundaciones o calor extremo se transforme en una emergencia alimentaria.
Fuentes referenciales:
Infobae
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)
FAO – Riesgos de El Niño para la agricultura




