El fuerte calentamiento del Pacífico oriental altera las lluvias, reduce nutrientes marinos y amenaza cadenas alimentarias y logísticas en distintas regiones
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Un episodio intenso de El Niño avanza sobre el Pacífico ecuatorial oriental y ya está asociado con sequías, precipitaciones torrenciales y alteraciones productivas en distintas regiones. La magnitud del calentamiento oceánico mantiene en alerta a científicos, organismos meteorológicos y sectores dependientes del clima, desde la agricultura y la pesca hasta el transporte marítimo.
La Organización Meteorológica Mundial informó que El Niño se encuentra firmemente establecido y que las condiciones excepcionalmente cálidas del Pacífico tropical favorecen una intensificación adicional. Sus pronósticos asignan una probabilidad cercana al 100 % de que el fenómeno persista durante el periodo comprendido entre diciembre de 2026 y febrero de 2027.
El episodio destaca por la extensión del calentamiento en el Pacífico central y oriental y por tener pocos antecedentes comparables desde finales de la década de 1990. Sin embargo, la intensidad oceánica no permite anticipar por sí sola qué ocurrirá en cada territorio: la ubicación, duración y gravedad de las sequías o lluvias dependen también de otros factores atmosféricos y oceánicos.
El calentamiento del Pacífico reorganiza las lluvias
El Niño aparece cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental alcanzan temperaturas superiores a las habituales y esa anomalía se acopla con cambios en la circulación atmosférica. El debilitamiento de los vientos alisios desplaza aguas cálidas hacia el este y modifica la circulación de Walker, con efectos sobre las precipitaciones a miles de kilómetros del océano tropical.
Este mecanismo ayuda a explicar por qué algunas regiones experimentan inundaciones mientras otras atraviesan déficits prolongados de lluvia. Una descripción de cómo se forma El Niño y altera el clima mundial permite entender que sus impactos no son uniformes ni ocurren simultáneamente en todos los países.
La señal actual coincide con una atmósfera y unos océanos más cálidos debido al cambio climático. El Niño no es causado por el calentamiento global, pero puede liberar calor del Pacífico hacia la atmósfera y elevar temporalmente la temperatura media del planeta. La interacción entre ambos procesos también puede acentuar ciertos episodios de calor y lluvia extrema, aunque cada acontecimiento requiere estudios específicos de atribución.
La OMM advierte, además, que otros componentes del sistema climático pueden reforzar, debilitar o desplazar los efectos habituales del fenómeno. Por eso, su previsión de un El Niño muy fuerte hasta febrero de 2027 debe complementarse con los pronósticos estacionales y las alertas emitidas por los servicios meteorológicos nacionales.
Sequías y lluvias extremas presionan la producción agrícola
Los cultivos están expuestos tanto a la escasez como al exceso de agua. Una sequía prolongada puede reducir la humedad del suelo, limitar el riego, retrasar las siembras y disminuir los rendimientos. En el extremo contrario, las lluvias torrenciales favorecen inundaciones, erosión, enfermedades vegetales y pérdidas durante la cosecha o el almacenamiento.
La combinación de daños productivos, interrupciones logísticas y mayores costos puede repercutir en la disponibilidad y el precio de los alimentos. La amenaza es especialmente sensible en comunidades con poca capacidad de riego, almacenamiento o acceso a seguros, como muestra el análisis sobre la presión de El Niño sobre el agua y los alimentos en América Latina.
La planificación agrícola requiere ahora observar no solo el volumen total de lluvia previsto, sino también su distribución temporal. Una temporada puede cerrar con valores cercanos al promedio y, aun así, causar pérdidas si concentra las precipitaciones en pocos episodios o mantiene periodos secos durante etapas decisivas del desarrollo de los cultivos.
Menos afloramiento altera la pesca del Pacífico oriental
El calentamiento superficial también debilita el afloramiento de aguas frías y ricas en nutrientes frente a la costa occidental de América del Sur. Cuando disminuye ese aporte desde las profundidades, puede caer la productividad del fitoplancton, base de las redes alimentarias que sostienen peces, aves y mamíferos marinos.
Las especies comerciales pueden desplazarse hacia aguas más profundas, frías o alejadas de las zonas habituales de captura. Para las flotas pesqueras, estos movimientos implican recorridos más largos, mayores costos y una disponibilidad menos predecible. Los efectos ecológicos se extienden a espacios vulnerables, como refleja la preocupación por la biodiversidad de Galápagos ante el calentamiento del océano.
La respuesta no es idéntica para todas las especies. Algunas poblaciones pueden reducirse localmente, mientras otras cambian su distribución. Por esa razón, el seguimiento de la temperatura, el oxígeno, la clorofila y la abundancia de peces resulta esencial para ajustar cuotas, temporadas de captura y medidas de protección sin atribuir automáticamente cada variación a una sola causa.
Las rutas marítimas también dependen del régimen de lluvias
El transporte marítimo puede verse afectado cuando la sequía reduce el agua disponible en canales y vías navegables, o cuando las tormentas interrumpen operaciones portuarias y dañan carreteras y ferrocarriles conectados con los puertos. Estas restricciones pueden aumentar los tiempos de tránsito y los costos de movilizar alimentos, combustibles y materias primas.
Centroamérica reúne varios de esos riesgos por su dependencia de las lluvias, la generación hidroeléctrica y las rutas interoceánicas. Las proyecciones sobre los impactos de El Niño en el agua, los alimentos y la energía regionales muestran cómo un mismo episodio climático puede propagarse desde la producción local hasta el comercio internacional.
Las autoridades y empresas pueden reducir la exposición mediante pronósticos estacionales, reservas de agua, calendarios agrícolas flexibles, vigilancia pesquera y planes alternativos de transporte. Estas medidas deben basarse en información regional actualizada, porque los patrones históricos de El Niño ofrecen referencias útiles, pero no reproducen exactamente la combinación climática de 2026.
Fuentes referenciales:
Infobae
Organización Meteorológica Mundial: actualización sobre El Niño y La Niña
NASA: El Niño




