La OMM prevé que el episodio alcance una intensidad muy fuerte a finales de 2026 y persista al menos hasta febrero de 2027
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
El episodio de El Niño se fortalecerá durante los próximos meses hasta alcanzar una intensidad muy fuerte, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM). El organismo estima una probabilidad cercana al 100 % de que el fenómeno persista al menos hasta febrero de 2027 y advierte de mayores riesgos de sequías, inundaciones y calor extremo en diferentes regiones del planeta.
El fenómeno se alimenta de temperaturas excepcionalmente elevadas en el Pacífico tropical central y oriental. Entre finales de julio y mediados de agosto de 2026, las anomalías semanales del índice Niño 3.4 oscilaron entre 2,2 y 2,6 grados Celsius por encima del promedio. Bajo la superficie oceánica, algunas zonas registraron temperaturas superiores a la media en más de 8 grados.
La OMM prevé que El Niño alcance su máxima intensidad hacia finales de 2026. Aunque el calentamiento del Pacífico podría disminuir posteriormente, sus efectos sobre las temperaturas y las precipitaciones pueden mantenerse durante buena parte de 2027.
Sequías e inundaciones no se distribuirán de manera uniforme
Un episodio intenso aumenta la probabilidad de alteraciones importantes en la circulación atmosférica, pero no determina por sí solo lo que sucederá en cada territorio. La estación del año y las condiciones de los océanos Atlántico e Índico pueden reforzar, reducir o desplazar los efectos normalmente asociados con El Niño.
En Centroamérica, la disminución de las lluvias ya ha generado presión sobre la agricultura y la disponibilidad de agua. La situación amenaza con afectar simultáneamente la producción de alimentos, los embalses y la generación hidroeléctrica, como explica el análisis sobre los impactos de El Niño en el agua, los alimentos y la energía regional.
El déficit hídrico también puede repercutir en el Canal de Panamá, cuyas esclusas dependen de reservas de agua dulce. Una reducción de los niveles de los lagos puede obligar a limitar el calado de los barcos o el número de tránsitos, con consecuencias para las cadenas logísticas internacionales.
En el extremo contrario, Chile, Perú y el Cuerno de África figuran entre las áreas expuestas a episodios de precipitación intensa. En Argentina, las señales de lluvias y tormentas suelen ser más definidas en el litoral y el noreste, aunque los efectos pueden variar considerablemente dentro de un mismo país.
El calentamiento del Pacífico ya afecta ecosistemas y economías
La influencia del fenómeno ya se observa en las costas sudamericanas. Perú adelantó el cierre de una temporada de pesca de anchoveta después de que el calentamiento del mar desplazara ejemplares adultos hacia aguas más profundas y frías. Frente a Ecuador, el seguimiento oceanográfico también ha detectado anomalías térmicas de hasta 4,1 grados en zonas específicas.
Las modificaciones del océano no afectan únicamente a las actividades económicas. En las islas Galápagos, el cambio en la temperatura y la disponibilidad de nutrientes puede alterar las cadenas alimentarias marinas, una amenaza examinada en el informe sobre los riesgos de El Niño para la biodiversidad del archipiélago.
En Indonesia, el comienzo de la temporada de incendios forestales ha sido más activo de lo habitual. Sectores del sur y el este de África, por su parte, afrontan una combinación de sequía, elevados costos de insumos y amenazas para la seguridad alimentaria.
Un fenómeno natural sobre un planeta más cálido
El Niño es la fase cálida del sistema El Niño-Oscilación del Sur y no está causado por el cambio climático. Sin embargo, el episodio actual se desarrolla con temperaturas globales y oceánicas considerablemente más altas que en décadas anteriores, una condición que puede amplificar determinados extremos y dificultar las comparaciones con eventos históricos.
Una atmósfera más cálida puede retener una mayor cantidad de vapor de agua, lo que favorece precipitaciones más intensas cuando aparecen las condiciones meteorológicas adecuadas. Al mismo tiempo, el calor incrementa la evaporación y puede agravar la pérdida de humedad del suelo en regiones con déficit de lluvias.
El episodio actual presenta además características asociadas con un calentamiento especialmente marcado en el Pacífico oriental. Los especialistas advierten que las conexiones entre esa cuenca y regiones distantes pueden comportarse de manera diferente a las observadas en eventos anteriores. Esta incertidumbre coincide con la preocupación de que los métodos tradicionales subestimen desastres climáticos sin precedentes.
La previsión global debe convertirse en alertas locales
La OMM señala que sus centros regionales, los foros climáticos y los servicios meteorológicos nacionales actualizarán las previsiones conforme evolucione el fenómeno. Las proyecciones globales ofrecen una señal para la preparación, pero no sustituyen los pronósticos nacionales ni permiten anticipar con exactitud una sequía o inundación en una localidad determinada.
Los sectores de agricultura, salud, energía, transporte y gestión del agua requieren planes adaptados a cada cuenca y territorio. Entre las prioridades figuran vigilar embalses y humedad del suelo, revisar calendarios agrícolas, proteger reservas de agua y alimentos, preparar sistemas sanitarios para el calor y mantener alertas tempranas ante lluvias intensas.
La OMM subraya que la intensidad oceánica no se traduce automáticamente en impactos equivalentes. La exposición de la población, la calidad de la infraestructura, el estado de los ecosistemas y la capacidad de respuesta determinarán cuánto daño puede causar una anomalía climática en cada región.
Fuentes referenciales:
Infobae
Organización Meteorológica Mundial




