La NOAA asigna más de un 90% de probabilidad a un episodio muy fuerte, mientras algunos modelos proyectan anomalías oceánicas cercanas a 3,5 °C
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
El Niño continúa fortaleciéndose en el océano Pacífico ecuatorial y presenta más de un 90% de probabilidad de alcanzar una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno boreales de 2026-2027, según la actualización publicada el 13 de agosto por el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).
La vigilancia se intensificó después de que distintos modelos científicos proyectaran un calentamiento excepcional en la región Niño 3.4, una franja del Pacífico central utilizada para medir el fenómeno. Algunas simulaciones anticipan anomalías próximas a 3,5 °C hacia finales de 2026, un nivel superior a los máximos mensuales registrados hasta ahora.
Estas cifras representan proyecciones y no mediciones ya consolidadas. La intensidad definitiva dependerá de la evolución conjunta del océano y la atmósfera durante los próximos meses, por lo que todavía existe incertidumbre sobre el máximo que alcanzará el episodio.
El océano y la atmósfera ya muestran una señal acoplada
El Niño se establece cuando el calentamiento del Pacífico ecuatorial central y oriental se combina con cambios persistentes en la circulación atmosférica. Las señales incluyen debilitamiento de los vientos alisios, modificaciones en la presión, desplazamiento de las lluvias tropicales y alteraciones en la nubosidad.
La NOAA mantiene activo un aviso de El Niño y confirma que las temperaturas superficiales se encuentran por encima del promedio en el centro y el este del Pacífico ecuatorial. Las anomalías atmosféricas observadas también son compatibles con el fenómeno, lo que indica que el calentamiento no permanece limitado al océano.
La evolución reciente refuerza las advertencias emitidas cuando El Niño comenzó a activar alertas climáticas internacionales. Desde entonces, el aumento de la temperatura marina y la respuesta de la atmósfera han elevado las probabilidades de un episodio excepcional.
Una probabilidad del 69% de superar los registros desde 1950
La perspectiva probabilística de la NOAA estima que existe un 69% de posibilidad de que la intensidad correspondiente al trimestre octubre-diciembre de 2026 supere la de todos los eventos registrados desde 1950. Para los periodos comprendidos entre septiembre-noviembre y noviembre-enero, la probabilidad de alcanzar la categoría de muy fuerte es superior al 90%.
Esta clasificación requiere que la anomalía térmica media de la región Niño 3.4 alcance al menos 2 °C durante su fase máxima. El episodio podría mantenerse hasta la primavera boreal de 2027, aunque su intensidad comenzaría a disminuir después del máximo previsto para finales de 2026 o comienzos del próximo año.
Un análisis anterior ya advertía que El Niño podía alcanzar una intensidad histórica. La actualización de agosto eleva la probabilidad oficial y aporta nuevos datos sobre la rápida evolución observada en el Pacífico.
Los principales antecedentes modernos son los eventos de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. Todos produjeron anomalías oceánicas muy elevadas y alteraciones considerables de las precipitaciones y temperaturas en distintas regiones, aunque ninguno constituye una reproducción exacta del episodio actual.
Los modelos proyectan anomalías cercanas a 3,5 °C
Las previsiones estacionales del modelo australiano y otros sistemas internacionales sitúan el posible máximo de la anomalía de Niño 3.4 alrededor de 3,5 °C. El modelo CFSv2 de los Centros Nacionales de Predicción Ambiental de Estados Unidos también anticipa valores extraordinarios hacia noviembre, aunque los distintos conjuntos de simulaciones mantienen rangos amplios.
La anomalía se calcula comparando la temperatura observada o proyectada con un promedio climatológico. No equivale a un aumento de 3,5 °C en la temperatura media mundial ni significa que todas las aguas del Pacífico se calentarán en esa misma magnitud.
Los máximos mensuales estimados mediante el conjunto de datos ERSSTv5 alcanzaron aproximadamente 2,6 °C en enero de 1983 y 2,65 °C en noviembre de 1902. Si las nuevas proyecciones se cumplen, el episodio de 2026-2027 entraría en un rango no observado en esas series.
Sin embargo, los modelos pueden cambiar a medida que incorporan nuevas observaciones. La diferencia entre sus resultados demuestra por qué debe evitarse presentar el valor de 3,5 °C como un máximo confirmado.
Sequías e inundaciones dependerán de cada región
El calentamiento del Pacífico tropical reorganiza la circulación atmosférica y modifica la probabilidad de lluvias, sequías y temperaturas extremas en territorios alejados del océano. Los efectos varían según la estación, la ubicación y la interacción con otros patrones climáticos.
En sectores del Pacífico de Sudamérica puede aumentar el riesgo de precipitaciones intensas e inundaciones. En otras áreas del continente, así como en Australia, Indonesia, el sudeste asiático y partes del sur de África, pueden crecer las probabilidades de sequía y calor.
La evolución de los riesgos climáticos de El Niño en Sudamérica requiere vigilancia particular por sus posibles efectos sobre abastecimiento de agua, ecosistemas, infraestructuras, agricultura y comunidades expuestas a inundaciones o deslizamientos.
En el Atlántico tropical, El Niño suele aumentar la cizalladura vertical del viento, una condición que puede dificultar la formación y el fortalecimiento de huracanes. Esa relación no elimina el riesgo de ciclones destructivos, ya que una temporada con pocos sistemas todavía puede producir impactos graves.
El calentamiento global amplifica el contexto climático
El Niño es una oscilación natural del sistema climático y no está provocado directamente por las emisiones humanas. No obstante, el episodio de 2026 se desarrolla sobre océanos y una atmósfera más cálidos que durante gran parte del registro histórico.
El fenómeno puede transferir a la atmósfera parte del calor acumulado en el Pacífico y elevar temporalmente la temperatura media mundial. Por esa razón, el riesgo de olas de calor y nuevos récords durante 2027 permanece bajo seguimiento científico.
La intensidad del fenómeno no determina automáticamente la severidad de cada impacto. Un episodio muy fuerte modifica las probabilidades climáticas globales, pero las consecuencias concretas dependen de la vulnerabilidad de cada territorio, la preparación institucional y la coincidencia con otros factores meteorológicos.
Los próximos boletines mensuales permitirán comprobar si el calentamiento sigue la trayectoria de los modelos más extremos. La NOAA tiene previsto publicar su siguiente discusión diagnóstica de ENSO el 10 de septiembre de 2026, además de mantener actualizaciones semanales sobre las condiciones oceánicas y atmosféricas.
Fuentes referenciales:
Infobae
Centro de Predicción Climática de la NOAA
Evolución, estado y pronósticos de ENSO de la NOAA
