Los cálculos provisionales coinciden con una sucesión de olas de calor y sequías; Alemania, Francia y España concentran las cifras nacionales más elevadas, aunque los métodos y periodos analizados no son idénticos.
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Europa registró al menos 30.000 muertes en exceso durante el verano de 2026, marcado por olas de calor consecutivas, sequías e incendios forestales, según estimaciones provisionales divulgadas el 22 de agosto. Los datos exponen la dimensión sanitaria de una temporada extrema que todavía no había concluido cuando se realizaron los primeros balances.
La plataforma europea EuroMOMO estimó más de 32.000 fallecimientos por encima de lo esperado entre mediados de julio y mediados de agosto. Un recuento de cifras publicadas por autoridades nacionales identificó, por otra parte, cerca de 33.000 muertes en exceso o directamente relacionadas con el calor en ocho territorios: Alemania, Austria, Bélgica, España, Francia, Inglaterra, Países Bajos y Portugal.
Ambos resultados deben interpretarse con cautela. Las estadísticas nacionales cubren periodos diferentes y no aplican necesariamente la misma metodología, mientras que las estimaciones de mortalidad en exceso incluyen fallecimientos por encima del nivel esperado, pero no determinan automáticamente la causa individual de cada muerte.
Dos semanas concentraron los mayores aumentos de mortalidad
Las estimaciones semanales de EuroMOMO sitúan el momento más crítico en la última semana de junio, cuando se registraron cerca de 16.000 muertes en exceso. La primera semana de julio ocupó el segundo lugar, con alrededor de 8.000 fallecimientos adicionales.
Estos aumentos coincidieron con episodios de temperaturas excepcionales en amplias zonas del continente. Durante las olas de calor, las noches permanecieron cálidas, se redujo la capacidad del organismo para recuperarse y aumentó la presión sobre hospitales, residencias y servicios de emergencia.
Las primeras alertas del verano ya habían identificado un aumento de la mortalidad asociado con el calor en Europa. Los nuevos datos amplían ese balance, pero continúan sujetos a revisión a medida que las agencias nacionales incorporan registros tardíos y completan sus análisis epidemiológicos.
EuroMOMO trabaja con estadísticas oficiales procedentes de 23 países y no cubre toda Europa oriental. Sus cálculos comparan las defunciones observadas con el número que cabría esperar según patrones históricos, estacionales y demográficos.
Alemania contabilizó 14.000 muertes vinculadas al calor
Alemania registró aproximadamente 14.000 muertes relacionadas con las olas de calor hasta el 9 de agosto, de acuerdo con las cifras del Instituto Robert Koch. El organismo señaló que se trata del valor más alto desde el inicio de su serie de seguimiento en 2016.
Las personas mayores de 75 años concentraron la mayor parte del impacto alemán. La edad avanzada incrementa la vulnerabilidad porque la capacidad de regular la temperatura corporal disminuye y son más frecuentes las enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales y metabólicas.
Francia contabilizó unas 7.300 muertes en exceso entre finales de mayo y el 22 de julio. El balance todavía no incorporaba completamente la prolongada ola de calor iniciada a finales de julio, por lo que las autoridades sanitarias esperaban una revisión al alza.
En España, el Instituto de Salud Carlos III estimó cerca de 4.500 muertes atribuibles al calor entre el 1 de junio y el 19 de agosto. Julio de 2026 igualó a julio de 2022 como el más cálido registrado en la España peninsular desde 1961, según la Agencia Estatal de Meteorología.
Inglaterra, Bélgica y Países Bajos también registraron aumentos
La Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido calculó 2.877 muertes asociadas con los episodios de calor de mayo y junio en Inglaterra. La estimación se aproxima al total de 2.985 contabilizado durante todo el verano de 2022, hasta ahora el mayor de su serie.
El informe británico no incluye la ola de calor prolongada de julio. Las cifras definitivas, con análisis por edad, región y causa de muerte, serán publicadas en 2027, por lo que el resultado anual podría superar ampliamente el balance provisional.
Bélgica registró unas 2.570 muertes en exceso entre el 18 de junio y el 17 de julio, según el instituto de salud pública Sciensano. En Países Bajos, el análisis de los datos del Instituto Nacional de Salud Pública y Medio Ambiente identificó 968 fallecimientos adicionales entre el 22 de junio y el 5 de julio.
Austria estimó 396 muertes relacionadas con la ola de calor durante junio, un máximo para ese mes dentro de los registros disponibles desde 2017. Portugal contabilizó más de 600 muertes en exceso entre mediados de junio y finales de julio.
Qué significa una muerte en exceso
La mortalidad en exceso representa la diferencia entre las muertes observadas durante un periodo y las esperadas según las tendencias históricas. El indicador permite detectar rápidamente una alteración sanitaria, incluso antes de que cada certificado de defunción haya sido revisado.
No todas las muertes adicionales ocurridas durante una ola de calor aparecen registradas como causadas directamente por la temperatura. El calor puede agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales o neurológicas preexistentes y precipitar un fallecimiento sin quedar mencionado como causa principal.
Al mismo tiempo, una coincidencia temporal no basta para atribuir todo el exceso al calor. Los especialistas comparan las curvas de temperatura y mortalidad, descartan otros factores importantes y emplean modelos epidemiológicos para estimar qué proporción resulta compatible con la exposición térmica.
Esta diferencia metodológica explica por qué no debe sumarse sin ajustes una estimación de EuroMOMO con los balances nacionales. También impide comparar directamente países cuyos informes abarcan semanas distintas o utilizan definiciones diferentes de muerte asociada al calor.
El cambio climático aumentó la intensidad de las olas de calor
Los análisis de atribución climática concluyeron que el calentamiento causado por las actividades humanas elevó la probabilidad y la intensidad de los episodios registrados en Europa durante 2026. Un estudio de World Weather Attribution determinó que la ola de calor iniciada en junio habría sido virtualmente imposible décadas atrás con una intensidad comparable.
Estos estudios no sostienen que el cambio climático sea el único factor meteorológico. La circulación atmosférica continúa determinando dónde se forman y cuánto duran los sistemas de altas presiones, pero el aumento de la temperatura media desplaza el punto de partida y convierte episodios naturales en eventos más cálidos.
Europa se calienta más rápido que el promedio mundial. Esa tendencia eleva la exposición de ciudades densamente pobladas, viviendas sin refrigeración adecuada, trabajadores al aire libre y comunidades con un elevado porcentaje de adultos mayores.
La sequedad del suelo también puede intensificar las temperaturas. Cuando disminuye la humedad disponible, una proporción mayor de la energía solar calienta directamente el aire y la superficie en lugar de emplearse en evaporar agua. Investigaciones recientes han examinado cómo los suelos secos pueden prolongar el calor extremo europeo.
La sequía agravó incendios y escasez de agua
Las olas de calor se desarrollaron sobre territorios afectados por déficits persistentes de precipitación. La vegetación seca proporcionó combustible para incendios forestales, mientras el aumento de la evaporación redujo la humedad del suelo y elevó la demanda de agua.
En distintos sectores de Europa occidental, la combinación de falta de lluvia y altas temperaturas llevó los caudales de grandes ríos a niveles excepcionalmente bajos. Las consecuencias alcanzaron el abastecimiento, la navegación, la producción energética, los ecosistemas acuáticos y la agricultura.
El calor extremo y la sequía forman riesgos relacionados, pero no idénticos. Una ola de calor puede ocurrir sin una sequía prolongada, mientras el déficit hídrico puede desarrollarse durante meses. Cuando coinciden, se refuerzan mediante la pérdida de humedad y el calentamiento de la superficie.
Las ciudades necesitan protección térmica permanente
Los planes de respuesta incluyen alertas tempranas, seguimiento de personas vulnerables, refugios climáticos, acceso a agua potable, adaptación de horarios laborales y protocolos específicos para hospitales y residencias. Estas medidas deben activarse antes de que se alcancen los máximos de temperatura.
La transformación urbana requiere aumentar la sombra, proteger los árboles existentes, incorporar superficies permeables, reducir el exceso de asfalto y mejorar el aislamiento de las viviendas. Europa ya prepara nuevas soluciones frente al calor urbano extremo, aunque su aplicación debe priorizar los barrios con menor acceso a espacios verdes y refrigeración.
La climatización puede reducir la exposición inmediata, pero su uso sin planificación incrementa la demanda eléctrica y puede expulsar calor hacia el exterior. Los sistemas eficientes, la ventilación, la rehabilitación térmica y una red eléctrica preparada forman parte de una respuesta más amplia.
Las cifras finales del verano permitirán ajustar el impacto por país, edad y periodo. El balance provisional ya muestra que las olas de calor no constituyen únicamente anomalías meteorológicas: representan una amenaza sanitaria medible cuya prevención depende tanto de reducir las emisiones como de adaptar viviendas, ciudades y servicios públicos.
Fuentes referenciales:
Phys.org
EuroMOMO
Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido
