El proyecto EUROASIS, coordinado por la Universidad de Wageningen, trabajará durante cuatro años en ciudades piloto para desarrollar sistemas de sombra, vegetación, rutas frescas y protección laboral
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Luis Ortega
Un consorcio coordinado por la Universidad e Investigación de Wageningen (WUR), en Países Bajos, desarrollará y probará 24 soluciones destinadas a reducir la exposición al calor extremo en ciudades y regiones europeas. El proyecto EUROASIS reunirá durante cuatro años a investigadores, administraciones públicas y organizaciones sociales para convertir el conocimiento climático en medidas aplicables sobre el territorio.
La iniciativa cuenta con 29 organizaciones participantes y una financiación de 10 millones de euros procedente del programa Horizonte Europa. Las principales pruebas se realizarán en Ámsterdam, Atenas, Zaragoza y Reggio Emilia, cuatro ciudades con condiciones urbanas, sociales y climáticas diferentes.
El proyecto parte de que el calor extremo ya afecta a millones de europeos y no puede tratarse únicamente como una amenaza futura. La acumulación de superficies pavimentadas, la falta de sombra, la escasa ventilación y la pérdida de humedad convierten determinados barrios en puntos especialmente peligrosos durante las olas de calor.
Cuatro ciudades funcionarán como laboratorios urbanos
EUROASIS utilizará las ciudades piloto para evaluar las soluciones bajo condiciones reales. El objetivo no será probar solamente si una intervención reduce la temperatura, sino también si puede instalarse a un costo razonable, mantenerse en el tiempo y beneficiar a quienes sufren una mayor exposición térmica.
Ámsterdam ensayará estructuras de sombra permanentes y móviles capaces de ofrecer enfriamiento pasivo, sin necesidad de consumir energía. Las instalaciones temporales podrán trasladarse a plazas, calles o espacios donde se concentren numerosas personas durante episodios de temperaturas elevadas.
En Atenas, el proyecto se concentrará en la seguridad de quienes trabajan al aire libre. Dispositivos corporales inteligentes y una aplicación de planificación predictiva ayudarán a identificar los horarios y lugares más seguros para realizar actividades laborales, con el propósito de anticipar el estrés térmico.
Zaragoza y Reggio Emilia también funcionarán como espacios de experimentación para el conjunto de soluciones. El proyecto combinará infraestructura verde, herramientas digitales, planificación urbana y medidas para adaptar el trabajo y las actividades cotidianas a las olas de calor.
La falta de protección solar constituye una deficiencia extendida en el continente. Un análisis sobre el déficit de sombra en 25 ciudades europeas encontró que el 84 % de los edificios examinados no alcanzaba una cobertura arbórea cercana suficiente para producir un enfriamiento significativo.
Siete regiones replicarán los aprendizajes
Además de las cuatro ciudades piloto, siete territorios seguirán los resultados para adaptar las innovaciones a sus propias condiciones. Se trata de Malinas, en Bélgica; la región del Duero, en Portugal; Podgorica, en Montenegro; Creta, en Grecia; Champs-sur-Marne, en Francia; Esmirna, en Turquía, y la región de Rivne, en Ucrania.
La participación de estos territorios permitirá comprobar si las soluciones pueden trasladarse entre climas, formas urbanas y sistemas administrativos diferentes. Una estructura de sombra útil en una plaza de Ámsterdam, por ejemplo, puede requerir materiales, ubicación o funcionamiento distintos en el clima mediterráneo de Atenas o Creta.
El nombre EUROASIS corresponde a “Soluciones Europeas Adaptativas, Sistémicas e Inclusivas para la Resiliencia al Calor”. La referencia al oasis también expresa la intención de crear lugares urbanos donde la población pueda encontrar alivio durante los episodios térmicos.
Vegetación y herramientas digitales compartirán espacio
Las 24 soluciones incluirán intervenciones de reverdecimiento urbano y herramientas digitales capaces de orientar a las personas hacia rutas con menor exposición o lugares donde puedan refrescarse. También se estudiarán medidas para proteger las actividades laborales y mantener condiciones seguras durante los periodos más cálidos.
La vegetación puede disminuir la temperatura mediante la sombra y la evapotranspiración, pero sus beneficios dependen de la localización, el tamaño, la salud de las plantas y la disponibilidad de agua. Las evaluaciones sobre la adaptación urbana mediante una mayor presencia de vegetación muestran que el diseño y la distribución de las áreas verdes son tan importantes como su superficie total.
Los espacios pequeños también pueden contribuir cuando forman una red distribuida entre viviendas, centros de trabajo y rutas peatonales. Investigaciones anteriores han documentado que los parques y áreas verdes de menor tamaño pueden proporcionar enfriamiento local, especialmente cuando están cerca de los lugares utilizados diariamente por la población.
Las soluciones digitales añadirán información temporal y espacial. Una ruta que resulta cómoda por la mañana puede convertirse en un corredor de alta exposición durante la tarde, mientras una zona con árboles o sombra estructural puede ofrecer una alternativa más segura para caminar o esperar el transporte público.
El acceso al enfriamiento será parte de la evaluación
El proyecto no limitará su análisis a los promedios térmicos de cada ciudad. También estudiará si las medidas mejoran el bienestar durante las olas de calor y si su acceso se distribuye de forma equitativa entre barrios y grupos sociales.
Dragan Milošević, profesor asistente de Hidrometeorología Urbana de WUR y coordinador de EUROASIS, señaló que el calor suele subestimarse porque, a diferencia de una inundación, no produce una imagen física fácilmente reconocible. Sus consecuencias, sin embargo, afectan la salud, la capacidad de trabajar con seguridad y, en los episodios más graves, la supervivencia.
Las personas mayores, los trabajadores al aire libre y quienes residen en barrios con menos vegetación figuran entre los grupos con mayor exposición. Los hogares con menos recursos también pueden disponer de menor acceso a sistemas de refrigeración, viviendas aisladas o medios para desplazarse hacia lugares más frescos.
La dimensión social resulta relevante porque las islas de calor no se distribuyen uniformemente. Las zonas con más asfalto, menor cobertura arbórea y edificios poco adaptados pueden registrar temperaturas considerablemente superiores a las de barrios cercanos con vegetación madura y suelos permeables.
Del experimento local a la planificación climática
Uno de los desafíos será determinar qué intervenciones pueden mantenerse después de finalizar la financiación. Las ciudades necesitan conocer no solo el potencial de enfriamiento, sino también los costos, el consumo de agua, el mantenimiento, la aceptación ciudadana y la capacidad de incorporar cada solución a la planificación urbana.
La investigación comparará medidas basadas en la naturaleza, infraestructura física y sistemas digitales. Este enfoque permitirá identificar combinaciones adecuadas para plazas, calles comerciales, barrios residenciales, zonas industriales y espacios utilizados por trabajadores expuestos.
Los resultados también podrán aportar criterios para decidir entre árboles, cubiertas reflectantes y otras alternativas. Estudios sobre el uso de árboles urbanos y techos frescos contra el calor indican que la eficacia depende del clima, la forma de la ciudad y el tipo de superficie que se pretende enfriar.
La participación conjunta de científicos, autoridades y organizaciones sociales busca evitar que las propuestas permanezcan como prototipos aislados. Las pruebas deberán producir información práctica para que otras administraciones puedan seleccionar, financiar y aplicar las medidas que correspondan a sus riesgos térmicos.
Fuente referencial:
Universidad e Investigación de Wageningen
