Una encuesta internacional a 1.000 profesionales sanitarios revela que el 73 % ha observado un aumento de complicaciones vinculadas al calor en los últimos cinco años, mientras la ONU reclama incorporar la salud materna y neonatal a la adaptación climática.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
El avance del calor extremo está abriendo un nuevo frente de vulnerabilidad climática para las mujeres embarazadas y los recién nacidos. Simon Stiell, secretario ejecutivo de ONU Cambio Climático, advirtió este 5 de octubre en Fiji que las temperaturas crecientes están asociadas con mayores riesgos durante el embarazo y reclamó que la protección materna y neonatal forme parte de las políticas de adaptación frente al calentamiento global.
La advertencia fue presentada durante un evento organizado por Wellcome en la reunión ministerial Pre-COP, preparatoria de la COP31. Stiell se apoyó en nuevos datos de una encuesta internacional realizada a 1.000 médicos y profesionales de la partería de Australia, Brasil, India, Reino Unido y Zimbabue, además de un conjunto creciente de investigaciones que relacionan la exposición al calor durante el embarazo con resultados adversos.
El 73 % de los profesionales observa más complicaciones vinculadas al calor
La encuesta encargada por Wellcome preguntó a profesionales que trabajan en embarazo, parto, atención posnatal y cuidados de recién nacidos por su experiencia con el calor extremo. El 73 % respondió que los casos de complicaciones que consideran relacionadas con el calor han aumentado durante los últimos cinco años.
Además, el 98 % había atendido al menos a una mujer o un bebé cuya salud consideraba afectada por temperaturas extremas, mientras que el 81 % manifestó preocupación por que el calentamiento represente un riesgo creciente para la salud materna, fetal y neonatal si no se adoptan medidas adicionales.
Otro 92 % afirmó necesitar más capacitación, orientación y recursos para proteger a las mujeres durante el embarazo. Los resultados reflejan las percepciones y experiencias de los profesionales encuestados y, por sí solos, no permiten determinar causalidad en cada complicación observada.
El nuevo llamado se produce en un contexto en el que una proporción creciente de la población mundial está quedando expuesta al estrés por calor extremo, un riesgo que aumenta cuando las temperaturas elevadas y la humedad dificultan que el organismo disipe el calor acumulado.
El calor se asocia con parto prematuro y bajo peso al nacer
La preocupación no procede únicamente de la encuesta. La evidencia científica acumulada ha asociado la exposición a temperaturas elevadas durante el embarazo con un mayor riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer, muerte fetal y diferentes complicaciones maternas.
Estas asociaciones no significan que un episodio de calor produzca inevitablemente una complicación en una mujer embarazada. El riesgo depende de la intensidad y duración de la exposición, la etapa del embarazo, las condiciones de salud, la actividad física, la hidratación, las características de la vivienda y la posibilidad de acceder a espacios frescos y atención sanitaria.
La Organización Mundial de la Salud reconoce a las mujeres embarazadas entre los grupos que presentan una vulnerabilidad desproporcionada frente al calor extremo. La exposición prolongada obliga al organismo a incrementar sus mecanismos de refrigeración y puede aumentar el estrés cardiovascular y renal, mientras la deshidratación añade otra carga fisiológica.
El problema forma parte de un impacto sanitario climático más amplio. En Europa, por ejemplo, el calentamiento ya está incrementando la mortalidad asociada al calor y otros riesgos para la salud, según indicadores analizados por Lancet Countdown Europe.
Cinco países muestran un problema que atraviesa distintos climas
La selección de Australia, Brasil, India, Reino Unido y Zimbabue permitió consultar a profesionales sanitarios que trabajan en contextos climáticos y socioeconómicos muy diferentes. El calor puede afectar tanto a regiones tropicales acostumbradas a temperaturas elevadas como a países tradicionalmente templados donde edificios, servicios sanitarios y poblaciones pueden estar menos adaptados a episodios extremos.
Alrededor de un tercio de los encuestados indicó haber observado bajo peso al nacer o crecimiento restringido, dificultades de alimentación y episodios de deshidratación o enfermedad relacionada con el calor que atribuyeron a temperaturas extremas.
Es importante distinguir estos testimonios profesionales de los resultados de estudios epidemiológicos diseñados específicamente para cuantificar riesgos. La encuesta muestra la percepción clínica de un problema creciente, mientras las investigaciones científicas permiten evaluar estadísticamente las asociaciones entre exposición térmica y resultados del embarazo.
Zimbabue prueba medidas de adaptación durante el embarazo
Algunas de las respuestas ya se están evaluando directamente en comunidades expuestas. En Mount Darwin, Zimbabue, donde las temperaturas pueden superar los 40 °C, el proyecto Heat Adaptation for Pregnant Women and Infants, conocido como HAPI, estudia intervenciones destinadas a proteger a mujeres embarazadas y recién nacidos.
El programa involucra a 1.600 mujeres en zonas de Zimbabue y Sudáfrica y combina seguimiento durante el embarazo con medidas conductuales, estructurales y ambientales. Entre las estrategias estudiadas aparecen soluciones sencillas de enfriamiento, hidratación, información sobre momentos de mayor riesgo y cambios destinados a reducir la exposición.
Wellcome está destinando más de 20 millones de libras a investigaciones locales sobre calor extremo y salud maternoinfantil. Los proyectos buscan no solo medir los riesgos, sino determinar qué intervenciones son realmente eficaces y pueden implementarse a un costo razonable.
Esta necesidad de adaptación adquiere mayor importancia conforme los episodios térmicos alcanzan condiciones antes consideradas excepcionales. Investigaciones sobre eventos recientes han encontrado que varias olas de calor ya superaron umbrales de temperatura y humedad capaces de representar un peligro severo para el organismo humano.
La investigación busca entender qué ocurre con la placenta y el feto
Además de los estudios epidemiológicos, los científicos intentan determinar los mecanismos biológicos que pueden explicar la vulnerabilidad durante el embarazo. Investigaciones apoyadas por Wellcome en Gambia encontraron cambios compatibles con estrés fetal conforme aumentaba la exposición materna al calor.
Trabajos dirigidos por la investigadora Ana Bonell observaron también una relación entre una mayor exposición térmica y una reducción de la capacidad de la placenta para suministrar nutrientes y oxígeno al feto. En otra investigación, el equipo encontró un aumento del 17 % en indicadores de estrés fetal por cada grado Celsius adicional de estrés térmico entre mujeres embarazadas que trabajaban en condiciones extremadamente cálidas.
Estos resultados ayudan a formular mecanismos plausibles, pero los efectos del calor durante el embarazo continúan siendo objeto de investigación. Factores como nutrición, condiciones laborales, pobreza, acceso al agua, enfermedades preexistentes y calidad de la atención sanitaria pueden modificar considerablemente el riesgo.
India estudia grandes cohortes de madres y bebés
Una línea de investigación en India está utilizando información de aproximadamente 10.000 parejas madre-bebé para identificar factores clínicos y biomarcadores relacionados con la exposición al calor y los resultados adversos del embarazo.
El proyecto también analiza una base de alrededor de 110.000 registros de frecuencia cardíaca fetal obtenidos durante la atención prenatal y contempla un estudio prospectivo con 600 mujeres expuestas a diferentes condiciones climáticas.
El objetivo es comprender cómo el calor puede afectar la función materna, placentaria y fetal, además de la lactancia y la salud del recién nacido. La investigación combina mediciones climáticas, pruebas de laboratorio, técnicas de imagen y seguimiento clínico.
Otro proyecto en Pakistán prevé seguir una cohorte de 6.000 mujeres embarazadas en áreas periurbanas y rurales, relacionando mediciones ambientales y personales de calor con variables fisiológicas, biomarcadores y resultados del embarazo y nacimiento.
Las desigualdades determinan quién puede escapar del calor
La vulnerabilidad climática durante el embarazo no depende únicamente de la fisiología. Las posibilidades de reducir la exposición varían profundamente entre poblaciones.
Una mujer que trabaja al aire libre, vive en una vivienda sin refrigeración, debe desplazarse largas distancias para recibir atención prenatal o tiene acceso limitado a agua potable afronta condiciones diferentes de quien puede permanecer en ambientes climatizados durante una ola de calor.
Estas desigualdades son uno de los motivos por los que ONU Cambio Climático y Wellcome plantean el problema también como una cuestión de adaptación. Las temperaturas pueden ser similares dentro de una región, pero la exposición efectiva y la capacidad para protegerse no se distribuyen de manera uniforme.
El patrón se observa igualmente en otros impactos térmicos. Las evaluaciones de mortalidad muestran que el efecto sanitario de las olas de calor puede combinarse con factores ambientales como la contaminación atmosférica, lo que obliga a considerar múltiples exposiciones simultáneas.
Los sistemas sanitarios también necesitan adaptarse
La adaptación no se limita a recomendaciones individuales como hidratarse o evitar actividades durante las horas más cálidas. La OMS señala que los planes de acción frente al calor deben incorporar sistemas de alerta, identificación de poblaciones vulnerables, comunicación de riesgos, vigilancia sanitaria y preparación de hospitales y otros servicios esenciales.
Las instalaciones de maternidad constituyen un punto especialmente sensible. Hospitales y centros sanitarios sin refrigeración suficiente pueden sufrir temperaturas interiores elevadas precisamente durante los episodios en que aumenta la necesidad de proteger a pacientes vulnerables.
Wellcome propone que los sistemas de salud incorporen explícitamente el embarazo a sus protocolos frente al calor, capaciten a médicos y profesionales de la partería y aseguren que los servicios de maternidad puedan seguir funcionando de forma segura durante eventos térmicos extremos.
El riesgo para la infraestructura sanitaria ya se ha hecho visible durante grandes olas de calor. El episodio que afectó Europa en agosto de 2026 expuso a más de 135 millones de personas a temperaturas superiores a 35 °C y generó problemas incluso entre trabajadores de centros hospitalarios.
El calentamiento aumenta la frecuencia e intensidad del peligro
La Organización Mundial de la Salud advierte que las olas de calor y los períodos prolongados de temperaturas excesivas están aumentando en frecuencia, duración, intensidad y magnitud debido al cambio climático.
Esto modifica el contexto en el que se desarrollan los embarazos. Una exposición que antes podía limitarse a episodios relativamente excepcionales puede repetirse durante diferentes etapas de la gestación o mantenerse durante períodos prolongados.
La OMS estima que aproximadamente 489.000 muertes relacionadas con el calor ocurrieron anualmente en el mundo entre 2000 y 2019, aunque esa cifra corresponde al conjunto de la población y no específicamente a mujeres embarazadas o recién nacidos.
Las consecuencias de los extremos térmicos son cada vez más visibles. En Europa, la OMS ha advertido sobre más de 200.000 muertes relacionadas con el calor desde 2022, un indicador de la creciente dimensión sanitaria de un fenómeno climático que afecta de manera desigual a diferentes grupos.
La advertencia llega antes de la COP31
Simon Stiell presentó el mensaje durante la reunión Pre-COP celebrada en Fiji, encuentro ministerial destinado a preparar las negociaciones de la COP31 previstas en Antalya, Turquía.
La elección del Pacífico como escenario tiene un componente climático directo. Los pequeños Estados insulares afrontan riesgos derivados del aumento del nivel del mar, los extremos meteorológicos y las alteraciones en el suministro de agua, alimentos, energía y servicios sanitarios.
Para ONU Cambio Climático, incorporar embarazo, nacimiento y salud neonatal a la discusión climática amplía el concepto de adaptación: no se trata únicamente de proteger infraestructuras y ecosistemas, sino también de preparar los sistemas sanitarios para riesgos humanos que aumentan conforme sube la temperatura.
La evidencia disponible no permite atribuir cada complicación obstétrica individual al cambio climático ni establecer un único umbral térmico universal para todos los embarazos. Sí muestra, sin embargo, una asociación suficientemente consistente entre exposición al calor y diversos resultados adversos como para que organismos sanitarios, investigadores y responsables climáticos reclamen medidas preventivas específicas.
Fuentes referenciales:
ONU Cambio Climático – Declaraciones de Simon Stiell sobre calor extremo, embarazo y nacimiento
Wellcome – A Global Call to Action on Extreme Heat and Pregnancy
Organización Mundial de la Salud – Heat and health
Phys.org




