Un estudio publicado en Nature Climate Change muestra que la exposición global a calor peligroso subió del 16% al 22% de la población en medio siglo.
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La cantidad de personas expuestas a estrés por calor peligroso aumentó con fuerza en el mundo durante los últimos 50 años, impulsada por el cambio climático. El estudio fue difundido este lunes mientras Europa atravesaba una intensa ola de calor.
El análisis, publicado en Nature Climate Change, examinó cómo cambiaron los niveles de estrés térmico entre la década de 1970 y 2024. Los resultados muestran que el calor extremo no solo se ha vuelto más frecuente, sino también más severo, prolongado y extendido sobre regiones donde antes era menos habitual.
Del 16% al 22% de la población mundial
En la década de 1970, el 16% de la población mundial experimentaba al menos un día de estrés por calor extremo al año. Medio siglo después, esa proporción llegó al 22%, lo que equivale a aproximadamente 1.000 millones de personas adicionales expuestas a condiciones peligrosas.
La autora principal del estudio, Rebecca Emerton, del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo, explicó que en todos los continentes el estrés por calor fuerte a extremo es ahora más frecuente.
El fenómeno se relaciona directamente con el calor extremo provocado por el clima, especialmente cuando las temperaturas elevadas se combinan con humedad, radiación solar, viento débil y menor capacidad del cuerpo para enfriarse.
El índice que mide cómo se siente el calor
El estudio utilizó el Índice Universal de Clima Térmico, conocido como UTCI, una herramienta que estima la temperatura “sentida” por el cuerpo humano. Este indicador no se limita al termómetro, sino que incorpora humedad, viento, radiación y la respuesta fisiológica de las personas ante el calor.
Con este método, los investigadores definieron como estrés por calor extremo las situaciones en las que la temperatura sentida alcanza al menos 46 °C. También observaron el aumento de noches tropicales, cuando el cuerpo no logra recuperarse porque la sensación térmica nocturna no baja de 20 °C.
La falta de enfriamiento durante la noche puede ser especialmente peligrosa para personas vulnerables, adultos mayores, trabajadores expuestos, niños y poblaciones con acceso limitado a refugios frescos o sistemas de climatización.
Europa, América del Norte y nuevas zonas afectadas
El aumento del estrés térmico no se concentra únicamente en las regiones tradicionalmente cálidas. El estudio muestra que el fenómeno se está expandiendo hacia zonas donde históricamente no se registraban condiciones tan intensas.
Partes de América del Norte, Reino Unido y Escandinavia ya experimentan episodios de estrés por calor muy fuerte, con temperaturas sentidas de al menos 38 °C. En Europa occidental, países como España, Portugal, Italia y Francia registran sensaciones térmicas hasta cinco grados superiores a las de la década de 1970.
Este patrón coincide con la tendencia reciente de olas de calor más intensas en Europa, donde los episodios extremos llegan antes, baten récords y afectan a más regiones del continente.
Un riesgo creciente para la salud humana
El estrés por calor es una de las formas más comunes en que el clima extremo mata personas. Cuando el cuerpo acumula calor y no logra disiparlo, aumentan los riesgos de deshidratación, agotamiento, golpe de calor, fallas cardiovasculares y otras complicaciones graves.
El problema se agrava cuando las olas de calor se prolongan durante varios días y las noches no ofrecen alivio. La exposición continua reduce la capacidad de recuperación del organismo y eleva el riesgo sanitario en ciudades, zonas rurales, regiones costeras y áreas con alta vulnerabilidad social.
En los últimos años, el continente europeo ha visto cómo el calor extremo se convierte en una amenaza de salud pública cada vez más visible, con impactos concentrados en personas mayores, pacientes crónicos y comunidades con menor capacidad de adaptación.
Una tendencia que continúa después de 2024
El estudio analizó datos hasta 2024, pero sus autores advierten que las olas de calor registradas en Europa durante 2026 sugieren que la tendencia sigue avanzando. La intensificación del calentamiento global aumenta la frecuencia, duración y severidad de los eventos térmicos extremos.
Las condiciones recientes en Francia, España, Italia, Reino Unido y otras zonas europeas muestran que el estrés por calor ya no es un fenómeno aislado. La combinación de temperaturas elevadas, humedad y noches cálidas está ampliando el riesgo para la población.
El avance de las olas de calor letales obliga a reforzar sistemas de alerta temprana, planes de salud frente al calor, adaptación urbana, protección laboral y reducción de emisiones que impulsan el calentamiento global.
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